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31/07/2014

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Necesidad de militancias y activismos

Ayer me tropecé con una situación que me hizo recordar la necesidad de las militancias múltiples, colectivas, personales y continuas.

El incidente en sí mismo no tiene ninguna importancia, pero incluía a una mujer jubilada del barrio que, al escuchar decir a su hija que tenía ganas de que llegara la hora de cerrar el negocio e irse a su casa a descansar y estar con sus hijos pequeños, la reñía para recordarle que “para una mujer no existe el descanso, puesto que al llegar a casa, tenía que continuar trabajando allá. Era el precio de ser mujer”. Lo dijo con una rabia profunda hacia la vida en sí misma. Pero lo peor de todo es que su hija, que regenta el negocio familiar, le dio la razón. La tienda estaba llena de señoras y comenzó la típica conversación de carnicería en donde aparece el mismo argumento repetido desde el punto de vista de cada una de las voces presentes.

Me fui triste y sin comprar nada. La rabia por no decir odio de aquella mirada, la resignación de la hija de apenas treinta y cinco años, las voces del coro como idénticas víctimas de la situación expuesta por la primera señora, todo aquello me produjo una sensación de que el sometimiento a los dictados del patriarcado está muy presente todavía.

Si desgranamos la situación nos encontramos con que la culpa sigue dominando la vida de esta mujer joven que no se permite ni reivindicar su tiempo de descanso como mujer trabajadora. Al tiempo sigue sumisa a los dictados de su madre que es la transmisora de los valores tradicionalmente asignados a las mujeres, en los que incluso se hace patente la falta de solidaridad con su propia hija a la que reprende por desear estar con sus hijos y le recuerda su misión dentro del hogar.

Me llevó a mi universo particular de reflexiones y fui consciente de la necesidad de que sigan vivas las militancias y los activismos de clase y de género pero siempre políticos para que, algún día y en algún momento, las hijas o quizás nietas de esta mujer joven sean realmente libres para apropiarse de su propia vida y hacer de ella lo que consideren más oportuno en cada momento sin la presión de madres y/o abuelas.

Y las militancias se derivan de ser mujer porque es necesario reivindicar nuestra presencia activa en el mundo como seres libres e iguales en derechos a los hombres en todos los aspectos. Y, por supuesto seguir denunciando las situaciones de las mujeres de otros lugares del mundo cuyas situaciones vitales son bastante peores que las nuestras.

De ser mujer trabajadora, porque nuestras situaciones laborales son diferentes a las de los hombres. Porque necesitamos a las bravas y luchadoras mujeres sindicalistas que con sus modelos de hacer sindicalismo, casi siempre incluyen en sus discursos las situaciones de desigualdades laborales de las mujeres y que cuando negocian se toman en serio los derechos y situaciones de desigualdad existentes en las empresas.

El orgullo de la diferencia

Hace unos años leí una magnífica entrevista [1]que se le hizo a Pedro Zerolo, el Concejal Socialista de Madrid. Hoy, casi diez años la he releído y veo que las cosas han cambiado poco una vez que se modificó el Código Civil para hacer posibles los matrimonios igualitarios y la adopción de criaturas por parte de parejas del mismo sexo.

Me entristece doblemente. Por una parte, por la humana, por el cáncer que sufre este hombre al que admiro profundamente y por otra y como militante de los derechos humanos de todas las personas por ver lo poco, lo poquísimo que hemos avanzado en igualdad con respecto a los mal llamados “colectivos minoritarios”. Y digo mal llamados porque tenemos la costumbre de etiquetar, diferenciar, separar y esto son prácticas contrarias a la IGUALDAD así, con mayúsculas.

Estamos en puertas de la conmemoración-celebración de las diferentes jornadas del llamado “Orgullo Gay” y que es mucho más que los desfiles en preciosas y coloridas carrozas. Para poder conmemorar estos vistosos desfiles, ha habido mucha gente, hombres y mujeres que se han dejado la vida luchando por reivindicar su condición de personas homosexuales, bisexuales o transexuales.

Pero como consecuencia de los discursos homofóbicos de mucha gente, sobretodo de los señores de faldas largas y negras, socialmente siguen estando estigmatizados.

El discurso de la heterosexualidad impuesta y no cuestionada (o heteronormatividad como alguna gente también lo llama) es un mandato patriarcal que se ha encargado de crear todo un espacio simbólico en que personas que viven su amor y su sexualidad de forma diferente han quedado absolutamente excluidas. Al quedar marginadas de ese espacio a algunas las ha llevado a situaciones de infelicidad si no han sabido reconstruirse y reafirmarse como personas libres para amar y convivir con quienes deseen y como lo deseen.

La diferenciación, marginación, desigualdad, etc. sigue presente hoy en día en todos los ámbitos de la sociedad. Así nos encontramos con que en los centros escolares de secundaria el alumnado se encuentra con verdaderos acosos por su orientación sexual sin que el profesorado sepa muy bien cómo actuar puesto que tampoco nadie se ha preocupado por formarles en esta materia. Y esas personas jóvenes sufren la soledad de su acoso sin que se tomen medidas específicas y diferenciadas en el centro para proteger su libertad en su orientación sexual.

Prioridades

Esta semana el Ministerio de Ana Mato (si, esa que nos sigue matando los derechos a las mujeres) hizo público un informe en el que se dice que : “El 92% de los españoles considera inaceptable la violencia de género en la pareja. Pero cuando se les pregunta qué identifican como violencia de género, el 36% se refieren exclusivamente a la violencia física o sexual y se muestran tolerantes con otros comportamientos de maltrato como las amenazas verbales, el control de los horarios o la forma de vestir, los celos desmedidos o la desvalorización permanente de la pareja.” ¿Cómo se nos queda el cuerpo? Pues la verdad es que bastante mal.

Los recortes, “versus” reformas que este desgobierno está llevando a cabo en materias como la prevención de la violencia machista tiene, entre otras, estas consecuencias: que los avances en sensibilización desaparecen.

Pero siendo grave e incluso muy grave, pierde parte de esa gravedad cuando nos enteramos que otra mujer ha muerto un casi un mes después a consecuencia de las agresiones que le propinó el bestia de su marido. Y que esta mujer no contabilizará en los datos del Ministerio de Ana Mato, porque murió “un poco más tarde”. Hay que fastidiarse…

Son ya muchas, demasiadas las mujeres asesinadas por el terrorismo machista, pero parece no importar a casi nadie. ¿Alguien se imagina qué actos/fastos se estarían organizando para entronizar al nuevo Rey o para realizar un referéndum sobre la III República, con más de 30 personas muertas por terrorismo? No ¿verdad?. Pues es lo que se está haciendo.

No sé es del todo consciente que todas esas mujeres asesinadas son víctimas del terrorismo. La única diferencia entre unas víctimas y otras son los asesinos. Y dependiendo de quien sea el asesino se las considera de una u otra forma. Así de triste y de duro.

Y cuando salimos a la calle gritando que “será republicana” y estando absolutamente de acuerdo con la consigna, nos olvidamos de ellas, de ellas, de sus voces, de sus deseos, de sus ilusiones. Y eso por la parte de la gente teóricamente más sensible a estos temas, puesto que para otros y otras ni siquiera existen.

Y venga con la abdicación, sus consecuencias y con el mundial de fútbol….Que si, que ya sabemos que comienza en breve, pero por favor recuperemos las prioridades por las necesidades de las personas…

La estupidez humana, en general nos va a llevar, como sociedad a aparcar todo aquello que no sean estos dos temas en las próximas semanas.

Y mientras se siguen imponiendo penas de cárcel a mujeres y hombres sindicalistas por piquetes informativos y a los patrones sólo se les imponen sanciones económicas por impedir el ejercicio de un derecho laboral.

Y mientras los neomachistas y misóginos campan a sus anchas al comprobar que sus mensajes para justificar a los maltratadores y a los malos tratos, están calando socialmente y que incluso aumenta la tolerancia a estos.

Y mientras se sigue asesinando a mujeres, pero como estamos con el debate Monarquía-República, pues pasa desapercibido que otras mujeres han sido y son agredidas e incluso asesinadas.

Y algunos de los que desgobiernan aprovechan el momento de estupidez generalizada por alguno de “los grandes temas de actualidad” para devolver un montón de dinero para “recuperar la confianza en España”, aunque no importe que nuestras niñas y niños pasen hambre cuando cierran los comedores escolares por vacaciones.

Nada tiene importancia en este momento. Nada que no sean estos dos “grandes temas”. Eso sí, con la complicidad de los grandes medios de comunicación generalistas.

Asco y repugnancia

Hoy es jornada electoral para que de las urnas salgan cincuenta y cuatro eurodiputadas y eurodiputados.

Parece que el trabajo de estas personas se realiza lejos y que su repercusión en nuestras vidas es mínima. Pero no es así. Sus decisiones nos influyen y bastante más de lo que creemos.

El sector de gente que se escuda en no ir a votar porque no “se siente representada” por el actual sistema electoral ni por sus representantes y que preconizan la abstención generalizada va en aumento. Y además algunas personas se atreven a decir frases del tipo “comienzo a pensar que con Franco se vivía mejor”. Asco y repugnancia son dos expresiones que resumen lo que me producen.

Con estas actitud antidemocrática olvidan muchas cosas. Olvidan que tuvo que correr mucha sangre de mujeres y hombres para que hoy tengamos esa posibilidad. Olvidan que Franco y sus secuaces asesinaron a gentes que defendían la libertad y dejaron morir de hambre y de extenuación a centenares de miles de personas que consideraban peligrosas, en campos de concentración y a quienes usaban como esclavos laborales mientras era útiles, o sea, hasta justo antes de morir. Olvidan que dejaron a varias generaciones con el miedo metido en el alma por temor a ser denunciadas por seres viles que servían al fascismo. Olvidan que el fascismo es uno de los grandes aliados de estas actitudes del “no me mojo, porque todo el mundo es igual”.

Pero es mentira. No todo el mundo es igual. Y en política tampoco. Pero quedándonos en casa y no yendo a votar favorecemos que estemos desgobernados por los hijos y nietos del franquismo. Porque son los mismos.

Leí esta semana en una red social una frase que decía: Un pueblo que elige a corruptos no es víctima, es cómplice”. Me parece una magnífica definición para expresar lo que mucha gente sentimos. Pero no nos quedamos en casa. Salimos a votar y votamos a quienes consideramos gente honesta. Y nunca a descendientes del fascismo. Más bien todo lo contrario.

Pero quien se queda en su casa, sin votar, ni sentirse representado, sin hacer nada, ni decir basta y salir a manifestarse ante las brutales injusticias que se están cometiendo, ni levantar su voz, aunque sea de forma virtual, quienes no se mojan en nada ni secundan una huelga general por que son “convocadas por los sindicatos que se han vendido”, quienes creen que feminismo y hembrismo son lo mismo y se quejan de que “las mujeres de hoy no aguantan nada y machacan a los hombres jóvenes” me producen una profunda repugnancia.

Y ese asco y esa repugnancia viene de saber que son gentes que se autoproclaman “antisistemas” pero sólo para oponerse a los actos democráticos y convocados por organizaciones democráticas o por la propia ciudadanía.

Me producen asco, porque son chupópteros del propio sistema del que se aprovechan en todo lo que pueden. Me producen asco, porque en realidad lo que preconizan y practican es una feroz actitud antidemocrática envuelta con un “toque de modernidad aparente”.

La dura realidad de sólo una semana

Una semana, mejor dicho unos días, largos días bastante duros para las militancias feministas.

El secuestro de más de doscientas treinta niñas y adolescentes en Nigeria a manos de los islamistas radicales “Boko Haram” que, además han amenazado con venderlas como esposas y con utilizarlas como escudos humanos en sus luchas contra la supuesta “occidentalización” de su sociedad, me rompe el corazón, como supongo que a muchas personas, mujeres y hombres que creemos y luchamos por una sociedad más igualitaria y justa.

Las niñas y mujeres, “sólo” iban a la escuela. Ese ha sido su error. Ir a la escuela. Pero para esos bestias radicales, las mujeres somos poco más o menos como animales y, por lo que demuestran con sus bestialidades, así tratan a estas jóvenes que esperemos que puedan ser rescatadas en breve.

La implicación internacional de forma tan descarada como se está haciendo y desde mi punto de vista, tan mediática, puede traerles consecuencias a estas inocentes. Y me explico. Cuando se secuestra a personas occidentales por sus funciones como periodistas, cooperantes, etc, después de dar la noticia sobre el secuestro, comienza un tenso silencio en donde comienzan a tener importancia las estrategias que cada parte pone en juego para que el secuestro en cuestión se resuelva lo más rápidamente posible y, a ser posible, con un excelente resultado para las personas secuestradas. En este caso, se han puesto en marcha toda la artillería mediática occidental que, desde mi punto de vista también, puede perjudicar y mucho a las secuestradas, porque pone en riesgo, en mayor riesgo quiero decir, sus propias vidas teniendo en cuenta que los bestias las han secuestrado precisamente por estar tomando formas “occidentalizadas”.

Las fotos de importantes personalidades como Michelle Obama, aunque hecha con la mejor intención, creo que a las niñas no les hace ningún favor. Más bien al contrario, aunque como reclamo social y de implicación es todo un detalle por parte de la primera dama mundial. Le pediría que se implicara un poco más, también con las mujeres de Afganistan, Iraq y tantas otras que, quizás como consecuencia de las acciones bélicas iniciadas por quienes presidían su moderno y potente estado, han perdido calidad de vida e, incluso la propia vida a manos de bestias como estos de Nigeria y sólo por ser mujeres.

Esperemos que quienes entienden de estas cosas no pongan en riesgo innecesariamente la vida de las niñas y que estas puedan ser devueltas a sus familias sanas y salvas lo más rápidamente posible.

Otra barbaridad de la que nos hemos enterado esta semana es de la muerte de una mujer India quemada viva por su familia política por no poder pagar la dote. Según esta espeluznante noticia, a pesar de que esta práctica está prohibida por la ley, son sumas cada vez más elevadas las que las familias de los novios les piden a las novias para casarse, lo que está conllevando un mayor índice de mujeres asesinadas por sus familias políticas y un mayor número de suicidios de mujeres que prefieren suicidarse antes que arruinar a su familia. ¿Acaso no es esto bestialidad en estado puro? ¿No es esto terrorismo social, estructural, machista y no sé cuántas cosas más?

Es terriblemente doloroso observar como mientras en las mesas de los grandes gobiernos del mundo se hacen esfuerzos para parar guerras interesadas como lo son la de Síria que lleva desangrándose varios años, o la de Ucrania cuyos verdaderos intereses no son los que aparecen en los medios, nadie se preocupe de las muertes, asesinatos, mutilaciones, trata de personas, esclavitudes sexuales, etc… que sufren tantas mujeres en el mundo. Y cuyas consecuencias son terribles no sólo para ellas y sus familias sino también para la comunidad internacional porque con cada muerte, asesinato, mutilación, etc… se resta un talento que podría aportar inteligencia y trabajo al conjunto de la comunidad. Pero eso parece no importar nada. Al fin y al cabo, parecen decir los actos de quienes mantienen el orden social, sólo se trata de mujeres….y como vemos, queda comprobado que la vida de las mujeres vale infinitamente menos que la de los hombres en todo el mundo y a los hechos me remito.

Desacredita que algo queda

Este dicho viene al pelo para exponer lo que hoy me he propuesto escribir. Acabamos de conmemorar el Primero de Mayo, Día Internacional del Trabajo. Y me harté de escuchar a lo largo de toda la mañana que era el Día del TrabajadOr, lo que me enerva bastante, porque las mujeres también trabajamos, y mucho. Y formamos parte de la clase trabajadora. Y estamos en las manifestaciones. Y en los sindicatos. Y en las organizaciones que se sumaron a esas manifestaciones. Pero curiosamente sólo se habla de “los trabajadores”. Lo del lenguaje inclusivo y no sexista, al parecer sigue siendo una asignatura pendiente, pero que algunas no pensamos dejar de seguir exigiendo.

No es sobre este tema sobre el que quiero reflexionar hoy. Quiero hablar sobre las oscuras intenciones que tanto el patriarcado como sobre todo el capitalismo tiene en intentar desacreditar, empobrecer y minar a la clase trabajadora y a las organizaciones propias que defienden los intereses de las trabajadoras y trabajadores, tanto en activo como en situación de desempleo.

A la caverna mediática se le llena la boca cada vez que puede poner en tela de juicio aquellas opciones que cuestionen el capitalismo e, implícitamente su poder dentro del mismo.

Ahora, bueno, desde hace unos años, desde que ostentan también todo el poder político, les ha dado por cuestionar la influencia de los sindicatos. Y, como muy bien saben, aplican la frase del título de esta reflexión: desacredita que algo queda.

Hace unos años ya tuve un pequeño rifirafe con un compañero concejal del PP cuando en el discurso de toma de posesión indiqué que no era cierto, tal y como afirmaban que la ideología había muerto. Que existía, que seguía viva pero que a su opción política le interesaba abiertamente desacreditar a quienes no pensábamos como ellos y ellas. Con el tiempo, este concejal abandonó el PP y se quedó como No Adscrito junto a una compañera que le siguió y acabó dándome la razón. Pero en privado, eso sí.

Cuento esta anécdota personal porque ahora se está haciendo lo mismo con la clase trabajadora y con sus organizaciones. Niegan la existencia de la clase trabajadora, con el objetivo final de cargarse las organizaciones sindicales que les siguen tocando de vez en cuando las narices.

Es cierto que en las organizaciones suele haber los llamados “garbanzos negros”. Pero en todas las organizaciones y no sólo en los sindicatos. Bueno que si miramos al partido que sustenta el (Des) gobierno actual, casi tendríamos que buscar con lupa los garbanzos blancos y que estoy segura que los hay.

La ferocidad desvergonzada con la que se está poniendo en tela de juicio el trabajo de tantas mujeres y hombres que desde el sindicalismo de clase siguen luchando por mejorar las condiciones laborales y sociales a las que nos han llevado dentro de esta estafa llamada crisis, no tiene parangón. Es de tal vileza, de tal grado de inmadurez democrática que duele cuando se lee, se ve o se escucha.

El fin último es desprestigiar tanto que ni la propia gente trabajadora llegue a fiarse de quienes les representan colectivamente y, de ese modo, llegar a pactar condiciones de trabajo miserables que permitan una fácil y cómoda esclavización mayor por parte de las patronales. La mezquindad con que se está llevando a cabo esta campaña continuada y casi imperceptible de señalamiento de los errores (que lo ha habido y no los voy a negar) cometidos por parte de algunas personas que están en el mundo sindical, pero que al reflejarlo señalan a todo el colectivo de mujeres y hombres sindicalistas, es de tal grado que roza lo ridículo.

Contradicciones

Escucho en la radio, ahora mismo un programa sobre quienes han sido las profesoras y profesores que nos han marcado más y cómo lo han hecho.

En el programa en cuestión entrevistan a David Trueba sobre su película “Vivir es fácil con los ojos cerrados” y piden a las personas oyentes que llamemos para explicar quienes fueron, como docentes, marcaron nuestras vidas.

Evidentemente he ido a rebuscar en mi memoria quienes habían sido esas personas y las he encontrado. Pero me ha sacado de mis cavilaciones la primera llamada de una mujer, aparentemente joven y que ha explicado en directo que estudió en un determinado Instituto y con todo el claustro de profesorado, aprendió a pensar por sí misma, a ver la vida con sus propios ojos y en definitiva, a ser y sentirse como un CIUDADANO.

Mis sensores analíticos se han disparado y pese a que hoy tenía pensado descansar y sólo leer y pensar no he podido evitar venirme delante de la pantalla a analizar algunas cosas.

A ver, ¿Cómo puede una mujer joven que dice que la enseñaron a pensar, afirmar que se siente un ciudadano? No me cabe en la cabeza. Porque si aprendes a pensar sabrás que eres una ciudadanA, como mujer con derechos que tienes.

Pero claro, volvemos al sistema educativo que tenemos. Y lo que es peor, al que tendremos en pocos meses, gracias a Wert que será aún peor en todos los sentidos.

Hace aproximadamente un año estuve trabajando en un Instituto de Secundaria y observé con dolor que, al menos en ese Instituto porque no me parece justo generalizar, la educación en un lenguaje inclusivo que igualara y visibilizara a las chicas y a los chicos era una batalla perdida. Lo hice notar en varias ocasiones, pero la excusa era siempre la misma: “Es demasiado repetitivo andar siempre con alumnas y alumnos, profesoras y profesores, madres y padres y además los alumnos lo entienden así”. Por causas que no vienen al caso, dejé aquel instituto, pero entre el personal docente creo que aquel mensaje no caló nada y me imagino que seguirán igual.

Entre las tareas del personal docente, entiendo que está la de enseñar a pensar y a cuestionar las diferentes realidades que vive el alumnado del centro, que también será diverso. Pero es que entre esas realidades diversas y diferenciadas también debe de estar el reconocimiento a la individualidad de cada persona y eso lleva implícito el reconocimiento a su persona y a su condición de mujer u hombre básicamente. Y eso que en el “tú a tú” puede resultar muy fácil se pierde cuando se habla al grupo y entonces se pasa al “vosotros” unificando el grupo y perdiendo las particularidades, incluso las mayoritarias. Se identifica al grupo con un “vosotros”, “ellos”, “los chicos”, “todos”, “los alumnos”, etc… Y a la otra mitad del grupo “vosotras”, “ellas”, “las chicas”, “todas”, “las alumnas”, etc… sencillamente desaparecen.

¿Sumisas? No, gracias

 Esta semana en el trabajo le estaba rellenando un formulario a un chico de unos veinte años. Pues bien, en uso de esos campos se le pregunta a la persona interesada si tiene algún tipo de discapacidad para que, en el caso de que lo necesitara la persona, se le adaptaran tanto las pruebas como el espacio para realizarlas en igualdad de condiciones que el resto de participantes. Al llegar a ese campo, que es obligatorio, le pregunté e mi interlocutor si tenía algún tipo de discapacidad, a lo que rápida y contundentemente respondió con un NO rotundo y al ir a la siguiente pregunta, me mira con cara un poco asustada y me pregunta “Perdona, pero si en la casilla de discapacidad ponemos un SI, ¿me pondrían un examen más fácil?”. Yo no sabía si reírme, llorar o cómo reaccionar, así que le expliqué lo mejor que pude el motivo de esta pregunta, y entonces el que comenzó a reírse dando gracias a Dios por estar “bien” y continuamos con el formulario como si nada hasta el final.

A este tipo de acciones que las administraciones (a veces) tienen en cuenta para ofrecer igualdad de trato a personas con diversidades funcionales o discapacitadas, se les llama acciones positivas.

Este ejemplo que es claramente entendible y la sociedad ha conseguido verlo con ojos de justicia social e incluso se llega a reclamar cuando se percibe su ausencia, y es el que suelo explicar cuando intento hacer entender, primero el concepto y, en segundo lugar su necesidad con respecto a las diferentes barreras en forma de desigualdades que nos siguen separando a hombres de mujeres.

Con esta estafa llamada crisis y los recortes realizados para salvar a los bancos y pagar deuda contraída con anterioridad y pagar a proveedores, se ha dejado a las personas mucho más desprotegidas de lo que estaban. Eso ya lo sabemos. Pero además la falta efectiva de políticas incentivadoras de la igualdad entre mujeres y hombres también se ha llevado por delante medidas de acción positiva.

Como muestra pongo un ejemplo y es la falta de implicación político-administrativa en el seguimiento de la realización  e implementación de planes de igualdad en las empresas de más de doscientos cincuenta trabajadores y trabajadoras. Y sí, ya sé que cada día hay menos de estas empresas, pero no podemos olvidar que es una Ley Orgánica la que mandata a realizarlos de forma obligatoria. Se trata de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, que sigue vigente y que parece habérseles olvidado a quienes (des) gobiernan este país que su aplicación es obligatoria. Pues en el artículo once las reconoce y dice:

Política y felicidad

Hace algo más de diez años, cuando decidí entrar en la política municipal un día se lo conté a una mujer de mi confianza. Ella, que había sido una de mis profesoras en la etapa de estudiante de BUP me dejó acabar mi exposición y después mirándome fijamente me dijo: “La política es el arte de hacer felices a las personas. No lo olvides. Te estaré vigilando.”.

Como es de imaginar aquellas palabras me impactaron, hasta el punto que, pese a no estar ya en la política activa desde hace casi siete años, las sigo llevando en el corazón. Al acabo de unos años me encontré con esta profesora y repregunté: ¿Qué tal llevas la vigilancia?” pero ella no se acordaba de aquella recomendación/amenaza cariñosa que me había hecho.

He querido contar esta anécdota personal para ilustrar lo que quiero comentar hoy. Ya no soy tan ingenua (o si) como para seguir pensando que “La política es el arte de hacer felices a las personas” , pero si creo firmemente que la política es una herramienta para intentar cambiar las condiciones de vida de las personas. Para mejorarlas, por supuesto. Y como vemos, esto no se está haciendo en absoluto.

Hace unos días una compañera de trabajo me comentada que en pueblo en el que reside en menos de una semana se habían suicidado cinco personas. En mi ciudad, recientemente, un chaval de quince años, también lo hizo.

Son dos muestras sobre el grado de desesperanza y de desilusión colectiva al que esta gentuza que dice gobernarnos ha conseguido llevarnos con sus medidas ante esta estafa llamada crisis.

En política no todo vale. Y se ha de tener grandeza de miras a la hora de tomar decisiones. Se ha de saber que el interés general SIEMPRE ha de prevalecer sobre el personal o partidista. Y esto ha de ocurrir SIEMPRE y revisarse ante cada decisión que se haya de tomar. Pero como podemos comprobar cada mañana, esto no es así. La corrupción continuada, los intereses partidistas de los dos grandes partidos, los intereses claramente impuestos por la Conferencia Episcopal, el continuo “Y tú más” sin mirar a los lados y observar que la ciudadanía está más pobre, más triste, más desilusionada y más descreída, son claros síntomas de que algo, en política no se está haciendo bien. Y lo que es peor, no se perciben aires de cambios en este sentido.

Algunas personas nos alejamos de este espacio precisamente por el dolor que causa el comprobar que en demasiados aspectos no se está trabajando por y para las personas. Los intereses son otros y eso es descorazonador. El dolor y el desgarro que produce comprobar esto e incluso las consecuencias sectarias de alguna situación nos han obligado a alejarnos para poder curar nuestras heridas.

Y que conste que soy una gran defensora del trabajo que se hace, sobre todo en los Ayuntamientos precisamente por ser las administraciones más cercanas a la ciudadanía.

El hecho de gobernar con intereses ajenos a los de la ciudadanía, aprovechándose de una mayoría absoluta, conseguida con mentiras y engaños, aparte de que les va a pasar factura, también lleva implícito el hecho de estar legislando directamente en contra de más de a mitad de la ciudadanía que somos las mujeres. Con cada medida aprobada, con cada decisión tomada que atente contra la igualdad de las mujeres y de las niñas, con cada paso dado para imponernos normas que nos alejen de las igualdad real de oportunidades y de derechos entre las mujeres y los hombres, nos imponen mayores cuotas de infelicidad y de malestar.

Veinte mujeres asesinadas por el patriarcado

Si, a fecha de hoy ya han sido veinte las mujeres asesinadas por los terroristas machistas que el patriarcado engendra y sólo estamos a finales del primer trimestre. Y hay dos casos que se siguen investigando pero que, al parecer, también serían asesinatos machistas.

Y son ya más de mil doscientas ochenta las  mujeres asesinadas por el patriarcado desde mil novecientos noventa y cinco. ¿Dónde están quienes defienden la vida en estos casos?

Todavía no ha acabado el primer trimestre del año y las cifras son espeluznantes. Más de veinte mujeres asesinadas y agredidas por quienes afirmaron amarlas. Y las asesinaron.

Aparte de las concentraciones que las feministas realizamos periódicamente haya o no asesinatos machistas con el fin de denunciar este sin fin de asesinatos, nadie alza la voz más allá de los momentos puntuales en donde el asesinato cae en tu pueblo o ciudad o cuando se acerca el veinticinco de noviembre que entonces todo se tiñe de dolor y referencias a este terrorismo.

Sólo las feministas y algunos hombres que van despertando de la pesadilla patriarcal y nos acompañan, denunciamos a lo largo del año este goteo incesante de asesinatos. Los poderes públicos, encargados de velar por la vida y la integridad de las personas, se dedican a “lamentar lo ocurrido” y a mirar a otra parte. O todavía peor con estos que nos (des) gobiernan, a seguir recortando partidas y recursos destinados a la prevención y a la sensibilización para evitar estos episodios.

La formación y sensibilización en igualdad no interesa a esta gentuza que nos (des) gobierna porque cuestiona su forma de entender el mundo y las cosas. Y esa visión es la que impone el patriarcado. Una visión misógina, androcéntrica y, por supuesto desigual. Una visión con relaciones sentimentales completamente asimétricas en donde el varón ha de volver a gobernar en su casa con mano férrea y ha de imponer su ley a toda costa. Sin concesiones ni negociaciones. Ese es el modelo que buscan. Y, por supuesto todo aderezado con los “hijos que dios nos mande, vengan como vengan” ¿Les suena? A mi sí.

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