Celia Amorós y la conciencia feminista emancipatoria para el ser humano

La gran filósofa feminista Celia Amorós acaba de tener el mayor reconocimiento de la Universidad de Valencia con la entrega de la medalla de esta institución, por su trabajo en el desarrollo de la teoría política feminista desde los años 70.

Le debemos mucho a Celia Amorós. Algunas cosas:

La capacidad de pensarnos de una forma más global, más justa y universal: más emancipatoria como seres humanos, tanto varones como mujeres.

Llevamos siglos de historia luchando por la igualdad de derechos para las mujeres, aunque se pretende que siempre partamos de cero en este debate, como si este camino hubiera empezado hace poco tiempo. Tenemos genealogía.

Pasar de los hechos, de los casos, al concepto, es algo político.

“Lo personal es político”. Esta frase tan sencilla es de una profundidad radical, ya que ha costado mucho tiempo que la violencia llamada doméstica o privada pasara a denominarse violencia machista y producto estructural de una sociedad patriarcal

No se nace mujer o varón, los seres humanos se hacen, son un proyecto, y ahí está la libertad de conciencia real, la libertad del ser humano para decidir sobre su vida. La idea de Simone de Beauvoir fue desarrollada por el feminismo.

Analizar esta violencia estructural de la sociedad patriarcal es absolutamente necesario para cualquier movimiento que reivindique la igualdad entre los seres humanos. El laicismo no solo aboga por la libertad de conciencia, sino que exige que esa libertad de conciencia sea una realidad, que la sociedad haga posible, desde la defensa de lo público, que la libertad de conciencia sea una característica de la democracia basada en el respeto y en los derechos humanos. No desde los deseos de cada individuo. El centro de la democracia debe ser el bien común y no el deseo y la voluntad de la gente privilegiada y su “libertad de elección”.

Ignorar nuestra genealogía, querer partir de cero, significa desconocer la historia de las grandes mujeres y de muchas otras anónimas que recorrieron un difícil camino, supone establecer un cordón sanitario para que el feminismo no se reconozca como la teoría política más crítica contra el sistema patriarcal, lo que la convierte en algo añadido, decorativo, al no incorporar ese corpus teórico que el feminismo ilustrado ha desarrollado desde hace casi 3 siglos. Además, pensar que el feminismo es algo que no interpela de igual forma a los varones, es no querer entender que hay que deshacer este constructo que es el patriarcado.

La democracia ha desarrollado el concepto de ciudadanía, que es universal, por lo tanto no puede dejar fuera, o al lado o en la esquina, a quienes en teoría también son ciudadanas. Me refiero a las ideas herederas de la ilustración en el llamado mundo occidental. El feminismo como movimiento político crítico, transversal y universalista, nada tiene que ver con ningún tipo de comunitarismo, y plantea un cambio profundo para todas las mujeres del planeta. Las más vulnerables nos necesitan más que nadie.

El neoliberalismo actual es el cómplice más feroz en el mantenimiento de la feminización de la pobreza, ahora con un concepto muy actual y absolutamente falso: la libre elección.

De esta manera se legitima una situación de absoluta desigualdad y donde la libertad de conciencia se reduce cada día más a los pocos y pocas que tengan cierto poder adquisitivo en la sociedad capitalista neoliberal. Con la llamada ‘libre elección’, algunas mujeres, por su vulnerabilidad y falta de recursos, podrán optar por lo que al neoliberalismo le interesa: amasar dinero y negocios en la que ya es segunda industria a nivel mundial: el comercio sexual, la prostitución, la trata, y ahora, los vientres de alquiler, es decir el cuerpo de las mujeres a disposición del neoliberalismo y de la ideología patriarcal pero en una edulcorada batalla mediática para que parezca una libre decisión de cada una.

Celia Amorós nos regaló un discurso muy brillante y actual sobre “los salomoncitos” que hoy imperan en nuestro entorno y desde aquí os invito a su lectura.

Muchas gracias, maestra Amorós.

Raquel Ortiz.

Coordinadora de Valencia Laica.