Defensa de los Institutos de la Mujer

Por diversas vías conozco la alarma suscitada por el hecho de que, en la reestructuración del Gobierno autónomo de Castilla-La Mancha, el Instituto de la Mujer de esa comunidad haya sido suprimido, y sus tareas reubicadas en una dirección general junto a Juventud y Empleo. Asociaciones y personas que valoran y apoyan las políticas de igualdad entre los sexos llevadas a cabo por dicho instituto han suscrito un manifiesto de rechazo con los siguientes argumentos: que, si de ahorrar se trata, existen vías más relevantes, por ejemplo, la recuperación del impuesto de sucesiones cedido a las comunidades autónomas, ya señalada por CCOO y UGT. Que la necesidad que llevó a crear el instituto aún persiste. Que la reubicación supone un pérdida tanto de poder como de visibilización de las políticas de igualdad y de autonomía en la toma de decisiones; y que la supresión tiene un significado simbólico de devaluación. Aspectos todos que hurgan en la herida de la desconsideración histórica hacia las mujeres, no superada.

Para evaluar la importancia de la continuidad de estas instituciones, conviene recordar que en igualdad España partía de muy abajo. Aún está cerca la época en la que una mujer tenía que pedir permiso al marido para abrir una cuenta corriente o la televisión acogía chistes sexistas, con maltrato incluido, para jolgorio general. Pues bien, una clave importante del avance posterior fue la creación del Instituto de la Mujer, un organismo autónomo con recursos y personal propio, que permitió no sólo desarrollar políticas de igualdad entre hombres y mujeres, sino también hacerlas visibles socialmente, aspecto indispensable para el éxito de los objetivos perseguidos. Con la transferencia de competencias a las autonomías, estas replicarían la estructura que tanto había servido para despegar del penoso pasado.

La supresión, ¿es realmente para ahorrar o se trata de una concesión al electorado conservador, empeñado en atacar las políticas de igualdad?, se pregunta la que fue primera directora de la Mujer en Castilla-La Mancha, Charo Tapia. Sorprende que mientras los países nórdicos, pioneros en el trabajo por la igualdad, mantienen y amplían instituciones similares a los institutos de la Mujer, aquí algunos políticos los consideren prescindibles. No asumen lo lento y difícil que es cambiar mentalidades, ni que un retroceso puede tirar por tierra el trabajo de muchos años.