El ‘marrón’ de Ric

Conocer a Ricardo Costa es una experiencia inolvidable. Todo el que haya pasado por ella me entenderá. Atrevido, hablador, con sus camisas ceñidas a los pectorales y las iniciales bordadas a la altura del estómago, el secretario general del PP valenciano es un auténtico actor sacado de las películas de Scary movie. Ricardo Costa conduce un espectacular Infiniti, se mueve como pez en el agua en Gabana y, para qué le vamos a dar más vueltas, es la quintaescencia del pijerío. Se siente poderoso y no lo oculta. Ha llegado más lejos que su hermano Juan, a pesar de que es más joven y menos reflexivo. Hizo una carrera política meteórica hasta que Francisco Camps le convirtió en su alter ego como secretario general. La vida de este joven tiene toda la pinta de haber sido un camino de rosas. Al margen del golpe que se dio con el Infiniti y que lo dejó bastante magullado. Es un buen relaciones públicas, el rey de los mundos de Yupi, y le pega muchísimo que sus amiguetes le llamen Ric, como hacía Alvarito. No es una sorpresa que se llevaba mal con Vicente Rambla -otro hombre de confianza de Camps- si bien que le llame «hijodeputa» rechina un poco. ¿Qué cara pondrá el susodicho cuando se crucen por la Generalitat? Las grabaciones del informe de la Policía, llevadas a cabo con autorización judicial, evidencian que en el entorno de Camps hay un ambientazo tremendo.

Dirigentes, militantes, diputados, senadores, eurodiputados, miembros del Comité Ejecutivo y hasta simpatizantes del PP han sentido bochorno al leer las conversaciones de Ric y David Serra con El Bigotes. Puesto que la pesadilla de los trajes tuvo un final feliz, y que a su jefe Francisco Camps la amistad con Alvarito no le pasó factura, Ric dedujo que en su caso sería lo mismo. Y que con echar la culpa a Rubalcaba -lo que se tiene que estar riendo el ministro del Interior- lo tenía chupado. Pero hete aquí que Mariano Rajoy -loado sea Dios- ha despertado del sopor que le produce pensar en la trama Gürtel y esta vez reclama alguna cabeza para cortar un escándalo que está minando los cimientos de la oposición. No es por nada, pero Ric tiene todas las papeletas para ser el chivo expiatorio de este mes. El caso es que él ya se lo debía oler cuando le dijo a Alvarito: «Ya verás cómo me echarán el muerto a mí». Dice Rajoy que estas conversaciones son «interpretables». Desde el punto de vista penal, puede, pero desde el punto de vista político, son tumbativas. Nadie en el PP nacional va a llorar por Ricardo Costa, que, al parecer, no quiere comerse el marrón él solito, sino en compañía de otros. Ric tenía que haber escuchado la filosófica reflexión que le hizo El Bigotes a Correa: «Estar relacionado con un político importante siempre te trae problemas. Hay que quererlos, pero que estén lejos; con lo que sufres, con lo que lloras, con lo que luchas para hacer las cosas bien, al final tienes problemas y te llevas disgustos».

Clavado.