El urbanismo también es feminista

Una jornadas sobre urbanismo y género las unió hace más de una década. Eran arquitectas y sociólogas y se dieron cuenta que tenían un interés común por repensar las ciudades para que favorezcan una sociedad igualitaria y sin discriminación. La primera norma aprobada por el Gobierno tripartito catalán -formado por PSOE, ERC e IC-LV -, la ley de Barrios, les dio su nombre, Col.lectiu Punt 6 y desde entonces no han parado de trabajar con talleres, guías, docencias, investigaciones y proyectos para lograr ciudades más inclusivas en las que las propias personas que las habitan se convierten en las especialistas de los espacios que las rodean.

“La ley de Barrios fue una normativa pionera porque por primera vez se ponían en marcha medidas que unían las propuestas sociales y las urbanas”, explica la arquitecta Roser Casanovas, integrante del colectivo junto a Adriana Ciocoletto, Marta Fonseca, Blanca Gutiérrez, Zaida Muxi y Sara Ortiz. La norma tenía ocho puntos básicos a desarrollar, el sexto se llamaba “equidad”. “Era un punto que incluía la perspectiva de género en todas los ámbitos y de ahí nuestro nombre”, señala Casanovas, quien subraya que “aprovechando una administración favorable a las políticas de género empezamos a trabajar y a investigar”.

Durante casi seis años, a través de unos talleres organizados por el Instituto Catalán de la Mujer, recorrieron la comunidad de punta a punta y se reunieron con más de 1.000 mujeres -en municipios de menos de 100.000 habitantes, aunque también en algún barrio de Barcelona- que les permitió documentarse y visualizar de qué forma se relacionan con el entorno y si este les favorece o por el contrario les discrimina. “Trabajamos sobre seis variables que incluían desde la participación, la percepción de seguridad o la movilidad”, señala la arquitecta.

Entornos rurales y urbanos.

Había unas necesidades comunes pero con características diferentes dependiendo de si las mujeres vivían en el entorno rural o urbano. “El problema para las que vivían en pueblos pequeños era cómo llegar a los núcleos mas grandes y ocurría casi siempre que ninguna tenía carnet de conducir por lo que dependían de otras personas para desplazarse”, explica. En las ciudades más grandes la problemática también estaba en la movilidad pero centrada en el funcionamiento de los transportes públicos. “Las mujeres son las que siguen encargándose de los cuidados en gran medida, por lo que muchas veces, sea porque hay que dejar en el colegio al niño o llevarle al médico, muchas entran a trabajar más tarde de las nueve, cuando la frecuencia de los transportes ya es menor y por tanto deben emplear más tiempo en llegar al trabajo”, subraya.

Con la información que acumularon, elaboraron una guía que sirviera de herramienta para empoderar a las mujeres. Bajo el nombre  Mujeres Trabajando. Guía de reconocimiento urbano con perspectiva de género, el texto ofrece una serie de propuestas para darse cuenta de cómo es el entorno en el que habitan. “El objetivo principal es dar visibilidad a las mujeres en la construcción y la transformación de los barrios y las poblaciones”, recoge el texto.

La llegada de CIU al Gobierno catalán dejó sin financiación la Ley de Barrios pero Punt 6 siguió trabajando con la puesta en marcha de talleres, realización de otros proyectos, consultorías urbanas o el trabajo desde la docencia. “Algunas de nosotras trabaja desde la Universidad para tratar de cambiar las enseñanzas en las que muchas veces se pierde la escala pequeña, en cómo afecta un proyecto urbanístico a las personas”, explica. Y continúa: “Nos enseñan que la arquitectura es neutra pero no es cierto, nada lo es, y no se pueden aplicar los mismos proyectos en un sitio que en otro”.

De ahí que uno de su ejes de trabajo sea la participación comunitaria para que las personas que usan los espacios públicos, ya sea una plaza, un centro cívico o un parque, se conviertan en los diseñadores de sus propios entornos. A través de “marchas exploratorias”, “itinerarios reivindicativos” o “mapeos comunitarios” propician que los habitantes sean conscientes y partícipes del entorno en el que se mueven. “En algunas salidas dejamos que sean los propios vecinos quienes cuenten qué tiene de especial una plaza, o que una asociación señale el problema del barrio, y al final se dan cuenta de que ellos son los que mejor conocen el lugar en el que viven”, explica la arquitecta.