La solitaria batalla de las montenegrinas contra la violencia machista

Una de cada dos mujeres sufre violencia machista en Montenegro, un país con una sociedad patriarcal donde la presencia femenina en el empresariado es residual y se mantiene una tasa preocupante de abortos de fetos de niñas no deseadas.

Para las mujeres maltratadas, la oenegé SOS Niksic -fundada en 1998, creó el primer teléfono de asistencia contra el maltrato y, desde 2015, coordina una línea nacional gratuita y anónima sufragada por el Estado- tiene un refugio en esta ciudad, la segunda de Montenegro.

Marina (nombre figurado) acudió hace dos años a SOS Niksic con sus dos hijos pequeños huyendo de un marido policía y maltratador. Ahora trabaja allí ayudando a otras mujeres.

El proceso judicial por violencia machista contra su agresor se prolonga ya más de un año y Marina denuncia que la presionan para llegar a un acuerdo. Una jueza incluso le afeó que montase “ese número por una bofetada”.

La historia de Marina resume muchas de las quejas de las activistas de Montenegro, una sociedad patriarcal en la que la violencia conyugal es considerada una cuestión privada.

Según datos de un estudio de este año del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (UNDP), la mitad de las mujeres de Montenegro han sido víctimas de esa violencia en algún momento de su vida y una de cada cinco la sufrió el año pasado.

En esta violencia se incluye tanto la física (17%), como la sexual (7%), la económica (20 %) y la psicológica (38 %).

A falta de estadísticas oficiales, la ONG Centro por los Derechos de las Mujeres cuenta sólo con datos que recoge de los medios: desde 2015 ha contabilizado cinco mujeres asesinadas en casos de violencia machista. Cuatro de ellas habían denunciado la situación.

“La falta de estadísticas oficiales muestra que el problema no es tomado en serio por el Gobierno”, critica Maja Raicevic, directora del Centro.

La coordinadora de SOS Niksic, Natasa Medjedovic, explica que el marco legal en Montenegro aprobado en 2010 no es malo, pero no se aplica por falta de recursos, coordinación y de voluntad política.

El refugio de Niksic existe desde 2009 y acoge a un centenar de mujeres al año, pero sólo ha recibido apoyo financiero público de forma puntual y sobrevive con la ayuda internacional, incluida de la Unión Europea (UE).

El papel subordinado de la mujer en Montenegro, un país de mayoría ortodoxa y que aspira a entrar en la UE en la próxima década, se puede apreciar también en su escasa presencia en actividades empresariales o políticas.

Kaca Djurickovic, que dirige los programas de igualdad de la UNDP en Montenegro, explica que sólo un 10 % de los empresarios en ese país son mujeres, frente al 30 % de Serbia, el 27 % de Albania y los datos de la UE, que se mueven en una horquilla del 30 al 38 %.

La UE ha apoyado con unos 730.000 euros distintos programas de la UNDP desde 2016 para promover políticas de igualdad en Montenegro.

El eurodiputado David Martin, que encabezó una delegación del Parlamento Europeo en una reciente visita a Montenegro, declaró a Efe que en el país balcánico “hay claramente una sociedad patriarcal” y mucho trabajo por hacer para mejorar la situación de las montenegrinas y que el país alcance los estándares europeos.

Mladenka Tesic, que se encarga de los programas de derechos humanos de la representación de la UE en Podgorica, dice a Efe que, pese a que las mujeres representan el 64 % de los titulados universitarios, su representación en el mundo económico o político del país, sobre todo en los puestos de mando, es muy escasa.

Y un dato escalofriante revela hasta qué punto la mujer montenegrina lo tiene difícil para vivir: En Montenegro nacen 109 niños por cada 100 niñas -promedio de los últimos 20 años, según datos de la Oficina de Estadísticas del país-, frente a la media europea de 103.

La ONG Centro por los Derechos de las Mujeres lanzó el pasado noviembre la campaña “No deseada” para alertar sobre los abortos selectivos de niñas, una práctica que ha llamado la atención del Consejo de Europa.

Maja Raicevic, responsable de esa campaña, opina que los cambios se pueden acelerar si la UE presiona más al Gobierno: “Lo que necesitamos ahora son mensajes más rotundos por parte de los responsables de la Unión Europea sobre los derechos de las mujeres y la igualdad de género”, reclama.