Las historias prohibidas de Rivera-Valdés

Lázara se despierta cada mañana en su casa en Nueva York, se toma una taza de café aún humeante y, con la misma pasión que la hace estar “a favor y en contra de todas las banderas”, pone la radio. Espera oír la noticia que ha esperado buena parte de su vida: el fin del ex presidente cubano Fidel Castro.

República Dominicana, o el mundo que para el caso es lo mismo, está tan mal porque “el comunismo ha llegado a todas partes”, piensa el personaje central de “Rosas de abolengo”, próxima novela de la escritora cubana Sonia Rivera-Valdés, radicada en Estados Unidos desde 1966.

Esa obsesión que viven, sufren o disfrutan tantos cubanos radicados fuera de su país, con una intensidad que “a veces les impide ver el mundo” a su alrededor, asaltó un día a Rivera-Valdés, la alejó de otra novela en proceso, y la mantiene ocupada hasta hoy, contó durante un homenaje recibido esta semana en La Habana.

“Pienso en Cuba todos los días del mundo; es como mi segunda naturaleza”, confesó poco después a IPS la profesora de Lengua Hispana y Literatura del York College, de Nueva York, y reconocida, además, por sus esfuerzos a favor de “tender puentes” entre su país natal y Estados Unidos.

Esa Cuba, que tuvo la capacidad de dejar atrás sin rencores a la edad de 28 años y cuando ya habían nacido tres de sus cuatro hijos, aparece de alguna manera en el trasfondo de casi todas sus historias, aunque la autora se empeñe en cambiar contextos, locaciones o sustituya el café por el mate.

“Yo estoy en la sensibilidad de las historias que cuento y cómo las cuento. Estas historias son mías, nadie se sentó a contármelas. Son el reflejo de cómo yo veo el mundo”, dijo la escritora al término de un encuentro informal en la sede del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”.

“Los sentimientos y la complejidad humana, eso es lo que quiero transmitir”, añadió la autora de “Historias de mujeres grandes y chiquitas” (2007) y “Las historias prohibidas Marta Veneranda”, reconocida en 1997 con el premio literario cubano Casa de las Américas en la modalidad de Literatura Hispana en los Estados Unidos.

El homenaje, realizado el lunes 21, fue organizado por la Red Iberoamericana de Masculinidades y la Cátedra de Género y Comunicación Mirta Aguirre y antecede a uno similar que se hará el 28 de este mes en la Universidad de La Habana, en el que se reconocerá también la obra de la poetisa cubana Nancy Morejón.
Con la riqueza de tonos que se narra una radionovela y revelando sus cualidades naturales de comunicadora, Rivera-Valdés regaló al público un fragmento de la nueva obra, reveló las interioridades de algunos de sus cuentos y cómo su visión de la vida, de los hombres y las mujeres ha ido cambiando con los años.

“He soñado con el amor, no a una persona en específico, sino con ese amor que produce un estado de felicidad absoluto”, confesó tras leer “Cómo en la cárcel”, la historia de una mujer presa que sólo se descubre bella y feliz en los ojos de otra compañera de celda y, entre miedos y prejuicios, vive una historia prohibida.

“La libertad interna, ni siquiera estando presa, se puede quitar”, asegura la autora, quien reconoce disfrutar cada momento del proceso de escribir.

“Hay gente que tiene tanto miedo cuando escribe. A mi me divierte mucho. No sufro nada delante de la computadora, más bien es como si me fuera de visita a otro mundo”, afirma. Con ese espíritu, el descubrimiento de la singularidad de las cinco ventanas que se sucedían en una pared de su casa se convirtió en el título de uno de sus cuentos y la frase oída a una amiga cubana quedó inmortalizada en la historia “El octavo pie”. “Lo escribí para poder usar esa frase”, reconoce.

O la anécdota de otra amiga que sentía vergüenza por el olor que tenían las chancletas de andar en la casa. El recuerdo vuelve a su mente cuando trata de explicar las “historias prohibidas” reunidas por su personaje Marta Veneranda, una estudiante de sociología que trabaja en una tesis sobre “lo prohibido” y el miedo a la mirada ajena.
“Cuando leo a Sonia siempre encuentro un momento de mi vida. Ella es como una cronista de los momentos de varias vidas”, dijo a IPS el antropólogo cubano Julio César Gónzalez Pagés, coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades y ferviente promotor de la obra de Rivera-Valdés en la isla.

Para Zaida Capote, integrante de la Cátedra Gertrudis Gómez de Avellaneda del Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba, la premiación y publicación por la institución cultural Casa de las Américas de “Las historias prohibidas Marta Veneranda” reveló una cualidad interesante en la obra de Rivera-Valdés.

Más allá de un profundo sentido de la solidaridad, presente en toda la obra, Capote recordó que el libro premiado se insertó de manera casi natural en la “explosión temática” que caracterizaba la literatura cubana de la pasada década del 90, “como si hubiera sido escrito en Cuba”.

Se sumó a esa generación literaria, desde su singular acercamiento al tema de la mujer, sobre todo al lesbianismo. “Si hasta ahora había aparecido siempre con culpabilidad, aquí encontramos un acercamiento a la homosexualidad femenina con tranquilidad y goce”, afirmó la estudiosa.