Las madres piden tiempo

Y no me extraña, teniendo en cuenta que hoy en día,  a pesar de la crisis en la que hay muchos mas hombres en paro, o sea con tiempo, las madres solo tienen 39 minutos de tiempo libre, por debajo de la media europea (48 minutos), que dedican no a ellas, sino a estar con sus hijos e hijas u otros familiares. Las mujeres siguen dedicando de media diaria cuatro horas y 29 minutos al hogar y la familia y los hombres 2 horas y 32 minutos. El 97,3 por ciento de las personas ocupadas a tiempo parcial por hacerse cargo del cuidado de los hijos de menos de 14 años son mujeres.

Pasado este día, voy a permitirme una pequeña reflexión. El día de la madre tradicionalmente ha sido, además de comercial, un día más, a través del cual se han seguido vertiendo ideas sobre el papel de la mujer en esta sociedad, especialmente en la faceta de cuidadora. En ello  la publicidad-regalos, con el fin de que consumamos y poder vender más y más, ha seguido transmitiendo y reproduciendo las ideas tradicionales y estereotipadas sobre las mujeres: Cosas para la casa y el cuidado de los demás, productos de belleza y adelgazamiento, joyas, ropas, flores, algún libro,  móviles, ordenador portátil…

El papel social que realizan las  madres en este mundo, es necesario que sea reconocido, pero como un trabajo socialmente necesario, que debe de ser valorado, computado (actualmente está catalogado en la categoría de inactivas) y sobre todo repartido entre todos los seres humanos y la sociedad en su conjunto mediante la creación de los  recursos sociales necesarios. El cuidado, es algo vital e importante en nuestras vidas y  para el buen funcionamiento de la sociedad.  La función de cuidar, en estos momentos, la hacen como nadie, las mujeres, no sólo por el hecho de   traer las criaturas al mundo, sino también y especialmente, porque esta sociedad así lo piensa, lo dice y nos lo hace vivir. Nos ha adjudicado este papel, el de cuidar, en exclusividad, como algo natural e innato al hecho de ser mujer, cuando en realidad es algo que se aprende y construye y que a los hombres apenas se les enseña ni se les pide que lo ejerzan. Lo interesante sería que el ser madre y padre fuera compartido por ambos sexos, sin esquemas ni prejuicios. Que ambos cuidaran, dispensaran y cubrieran los cariños y necesidades afectivas que toda persona humana necesitamos, desde nuestro nacimiento y a lo largo de toda nuestra vida. Y si de paso   se interiorizaban de forma generalizada los valores que van implícitos al cuidado para la actuación política y social, otro gallo nos cantaría y el mundo sería para todos y todas mucho más amable y acogedor, además de justo.

Pero, afortunadamente,  en estos momentos, madres, aunque sólo haya una, las hay muy diversas y en ello está lo interesante. Nos encontramos con varios  modelos de mujer y de madre, y es posible pensar en mujer sin necesariamente ligarlo a madre, como algo de obligado cumplimiento para todas o como un hecho que si no lo cumples te convierte en mujer incompleta. Así pues, están las que trabajan dentro y fuera de casa (la mayoría) y, claro, acaban agotadas. Las que les gusta el deporte, la lectura, cuidar plantas, cocinar, hacer txapuzas. Las que adoran a las criaturas, pero son conscientes de que no pueden ni deben tener todas las que Dios les dé o que deben posponer su deseo ante el hecho de que esta sociedad no pone las medidas necesarias para la conciliación de la vida laboral y familiar, así como por la escasa participación masculina todavía en estos menesteres. Las que están encantadas de hacer el trabajo de cuidar a sus hijos e hijas y se lo plantean como una opción y aquéllas que desean que este trabajo sea compartido entre hombres y mujeres o no tienen deseos de ser madre. Las que les apasiona la vida social y política, su trabajo profesional, viajar, las que no quieren renunciar a su tiempo de ocio…. Madres que han  desaparecido violentamente de la vida de sus hijos e hijas como  las cerca de 80 mujeres que mueren al año por violencia de género. las que han estado siempre detrás, de colchón emocional y físico, no perdiendo nunca la esperanza, como ésas que han luchado por esclarecer la situación de sus hijos e hijas desaparecidas o asesinadas como Asun Casasola, madre de Nagore Laffage. O las que no entienden por qué los suyos tienen que sufrir en los conflictos políticos y a ellas negarles el derecho a verlos y tenerlos cerca. Esas madres que tan sólo con su existencia humanizan los conflictos, desde la vivencia del amor incondicional y el deseo de acabar con el sufrimiento de sus seres queridos.

A todas ellas,  para que no se pierda esta parte de la vida de las personas, se valore y llame por su nombre real: trabajo reproductivo.   Apostando  porque esta parte del ser humano también sea compartida con los hombres, además de que existan los recursos necesarios para compaginar todas las facetas de la vida de una persona. Todos y todas debemos ser cuidadores, empezando por nosotras mismas. Este es un buen regalo, a pesar de los tiempos difíciles: Querernos y mimarnos. Y me atrevo a sugerir algunos otros regalicos, nada consumistas: Aprender a  poner la lavadora y planchar. Prometer que en San Fermínes 2012,  me voy a hacer las cosas yo solico, sin incordiar con ropas, meriendas.. Recoger los juguetes y mi ropa. Coger sin miedo al bebe, cambiarle, bañarlo, pasearlo, darle la cena y llevarlo a la escuela infantil. Atender las necesidades de cuidados y afectivas de mi padre y madre. No seguir pensando que ya lo hará ella. Exigir los recursos necesarios (escuelas infantiles,  centros de día para mayores…) y sobre todo, que el cuidado, versus papel de madre-mujer,  sea tratado con dignidad y justicia, o sea, como trabajo, el que debemos compartir y repartir, mirándolo  como u posible  nicho laboral e inversión en I+D+I. por ello el mejor regalo sigue siendo: COMPARTIR LOS CUIDADOS  y Apostar  por un  Futuro igualitario con  corresponsabilidad.