Más violencia machista

Una mujer de 44 años muere apuñalada por su marido, del que estaba separada aun cuando todavía vivían en el mismo domicilio. La mujer había decidido vivir libremente, sin las ataduras de una convivencia y un matrimonio, de una vida juntos de la que por ahora nada sabemos. Y el marido, el presunto asesino, y escribo presunto por aquello de guardar las formas legales, no aceptó la decisión de la mujer para separarse y… ¡se acabó, eres mía y no vas a vivir sin mí! ¿Quieren mayor expresión de lo que significa y conlleva la incultura patriarcal machista?

Varias cuestiones en torno a esta muerte. Se escribe: “Una mujer muere apuñalada por su marido”; habría que haber escrito: “Un marido apuñala a su mujer”. De ese modo la sociedad centraría su mirada en el presunto asesino, auténtico delincuente, y no se limitaría a lamentar una nueva víctima del machismo. La sociedad debe alcanzar el mismo clima de rechazo para los asesinos machistas que siente ante los asaltos violentos a los chalés o a los asesinatos por cuestiones de drogas o venganza. Estamos hablando de delincuentes, unos de una clase y otros de otra.

La violencia machista ha sido “alimentada” por una “cultura patriarcal” y se ha transmitido de generación en generación a través tanto de la educación como de las costumbres. Está, pues, entre nosotros y en nosotros. No cabe el engaño de pensar solamente en los asesinatos machistas; hay que tener muy presente que ese sentimiento hacia la mujer se manifiesta en lo cotidiano, en pequeñas cosas. Cierto que puede ir a más, alcanzar grados máximos de violación de los derechos humanos -igualdad y dignidad del hombre y la mujer-, pero la escalera se sube peldaño tras peldaño, es posible que de dos en dos, pero nunca con un solo paso se alcanza el siguiente rellano, y a veces el último por el asesinato. No está de más que no lo olvidemos. Quizás, si lo tuviéramos presente, evitaríamos el “último golpe”. Quizás, si lo tuviéramos presente, ayudaríamos a más mujeres a salir de la caverna humillante de los malos tratos, de la violencia machista.

Ninguna de las mujeres asesinadas en 2008 había presentado denuncia ante la policía o los juzgados. Me pregunto: ¿nadie del entorno sabía nada sobre malos tratos, sobre violencia domestica? Me duele esta última muerte por violencia machista. Y me duele, aún más, que la reacción de la sociedad ante la violencia sobre las mujeres siga siendo tibia y pacata.