Ministras y paternalismo

La entrada de Elena Salgado en el Ministerio de Economía ha desatado algunos comentarios que vale la pena analizar. Quienes tengan antenas críticas convendrán en que no sólo hay que dar relevancia a los claramente burdos, que sin duda hay que atajar, sino también a los sutiles, esos que se notan menos porque están más al fondo, pero que por eso mismo son más difíciles de desarraigar. A un país con Gobierno paritario le toca afinar más, le toca ocuparse de lo sutil.

Me refiero a comentarios que se escuchan de pasada en algunos medios de comunicación y que, pareciendo laudatorios, son en realidad condescendientes y paternalistas. El que me hizo rechinar los dientes afirmaba que no había que tener miedo, porque ella, la nueva ministra de Economía, “lo va a hacer muy bien”.

No he escuchado este tipo de comentario sobre un hombre que acaba de ser nombrado ministro. De un ministro se dice –y por tanto nada en contra si se dice de una ministra– que está o no preparado, o que lo ha hecho fatal, pero en el momento de su nombramiento no se comenta que “lo va a hacer muy bien”. La bondadosa expresión, dirigida a una mujer que va a ser ministra de un asunto nunca antes en este país en manos femeninas –ya saben, demasiado importante para nosotras–, proyecta la idea de que no hay que dudar porque, a pesar de ser mujer, ella “lo va a hacer muy bien”.

A mí ese comentario me recuerda alguno que recogían los Anales de la Sociedad Española de Física y Química, a principios de los años treinta del siglo pasado, cuando llegaban aportaciones de científicas españolas que disfrutaban de una pensión en el extranjero, de las que concedía entonces la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, institución de la República que fue reemplazada por el CSIC. Como el siguiente: “El Sr. Moles hace notar con simpatía el hecho de haberse recibido desde Norteamérica… una nota de la señorita Barnés (sobre) el estudio de la constitución de la cistina”, expresión y tono inhabitual al hablar de las notas científicas de los hombres.

La cuestión, parece, es hacer un guiño a que ellas son del otro sexo. Aunque no venga al caso. Porque a veces sí viene al caso. Pero justamente cuando viene al caso no se percibe, no se investiga, o no se acepta. Por ejemplo, vendría al caso preguntarse por qué es considerado más importante el Ministerio de Economía que el de Asuntos Sociales, tradicionalmente en manos de una mujer.

A mí sólo se me ocurre porque el de Economía decide, entre otras cosas, la cantidad de dinero a asignar al de Asuntos Sociales. Claro que esa capacidad de decisión funciona en esa dirección porque, en el sistema establecido lo que rige, la prioridad en la toma de decisiones es la acumulación económica y no asuntos más importantes. Pero eso no se plantea. El orden que hay es el que es: abiertamente capitalista. Me pregunto si sólo es sutilmente patriarcal.

Carmen Magallón Doctora en Físicas y directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz