Mujeres en los medios

Celebramos el 8 de Marzo. El estribillo mediático anual nos pone el foco, aunque el resto del año apenas seamos noticia salvo en lo que respecta a la violencia de género (y sólo a partir del asesinato de Ana Orantes en 1997). La escasa presencia de mujeres en los medios de comunicación como fuentes, como articulistas y como personas activas socialmente que generan noticias es una forma de micro-violencia simbólica. Hay quien objetará: si las mujeres no están en los escenarios de decisión, ¿cómo vamos a plasmar su presencia? Es verdad. Pero se hace necesario reconsiderar rutinas profesionales. ¿Por qué no ampliar fuentes? Un ejemplo: las políticas públicas. Sabemos que no afectan por igual a hombres y mujeres marcados como estamos por la variable de género. Cuando se aprueba una ley, cualquier ley, preguntemos a las mujeres que en los partidos, en los sindicatos, en las universidades, en las ONGs y en la calle tienen algo que decir al respecto.

Estamos con Victoria Camps cuando argumenta que la nuestra es una ética de derechos, “una ética basada en sucesivas reivindicaciones destinadas a proteger la dignidad individual. Pero los derechos suponen deberes”. Nos encontramos con que la progresiva incorporación de leyes no ha traído consigo una igualdad material y mucho menos una sanción simbólica positiva de los valores que pueden aportar las mujeres al espacio público. Si los derechos suponen deberes, habría que decir que los medios tendrían que asumir el deber ético de ampliar la mirada sobre la acción humana en la que hombres y mujeres somos igualmente protagonistas. De esta forma se acercarían con mayor rigor a su labor de mediación y representación. Y cuando decimos ampliar la mirada, queremos decir asumir que la experiencia humana no se ciñe exclusivamente a lo masculino. Lo universal se ha identificado con “el hombre”, ese ente contrapuesto a “la mujer”, conceptos que nos predefinen y prejuzgan. Esperemos que el futuro sea de hombres y mujeres. En toda su pluralidad.