Mujeres y ciencia: historia para comprender el pasado, cifras para cambiar el presente

Mujer cientifica

A Rosalind Franklin, Hypatia de Alejandría, Sofía Kovalewskaia, Ada Lovelace o Dorothy Crawford Hodgkin se les hubiera negado poder investigar desde el Real Colegio de España en Bolonia (Italia), una institución privada que ofrece anualmente becas a “brillantes universitarios españoles” para sus estudios de doctorado. La oportunidad es solo para ellos, ya que para ocupar una de las vacantes para los cursos 2017 y 2018 se ha de ser “varón”. Hemos dicho 2017. Sí. Aquí y ahora.

¿Ellas no lo merecen? ¿Por qué? La historia quizá tampoco ha sabido reconocer cómo merecen a las grandes científicas antes nombradas, pero ¿cuál es la situación actual de las mujeres en el tradicionalmente masculinizado mundo científico? Este 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Las mujeres antes citadas, y otras muchas, no tuvieron un camino fácil para lograr aportar importantes contribuciones a la ciencia a lo largo de la historia, pero con condicionantes como el de este Real Colegio, en pleno siglo XXI, tampoco parece que progresar en este mundillo sea fácil. “Queda mucho por hacer”, dice la catedrática del Departamento de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla y divulgadora especializada en científicas del pasado, Adela Muñoz. “Los prejuicios en la capacidad de la mujer en el perfecto y justo mundo de la ciencia siguen existiendo”, apunta.

Más allá de esa “beca para ellos”, Muñoz recibe en su despacho a eldiario.es/Andalucía y muestra sobre su mesa multitud de cifras e informes sobre la situación actual de las mujeres en la ciencia en España y en Europa. “Hay que ir a la raíz del problema”, dice. Uno de los primeros a los que acude, por lo pionero y clarificador, es al estudio de las profesoras Wenneras y Wold publicado en la revista Nature en 1997, que demostró que en las políticas de evaluación y concesión de becas en el Consejo de Investigación Médico de Suecia los hombres habían obtenido sistemáticamente mejores puntuaciones que las mujeres teniendo curriculums similares. También cita el Informe ETAN (European Technology Assessment Network on Women and Science), de 2000, que “puso las bases” llamando la atención sobre la la escasa presencia de mujeres en los niveles más altos del escalafón científico y académico.

Similar en cierta forma al estudio de las profesoras suecas es el experimento de una investigadora de la Universidad de Yale, explica Muñoz. Los curriculums de Jennifer y John, dos supuestos aspirantes a una plaza de laboratorio, solo se diferenciaban en el sexo de los solicitantes. ¿Cómo fueron puntuados? Pues sí, han acertado: John obtuvo una puntuación mucho más elevada que Jennifer en la evaluación de un centenar de catedráticos y catedráticas de universidades norteamericanas.

La investigación sobre el déficit de mujeres en los sistemas de ciencia, como se puede apreciar, es bastante reciente. Actualmente, se publican cada tres años los informes de la Comisión Europea She figures, el último de 2015. En ellos se repite, según muestra Muñoz, el diagrama en forma de tijera, que muestra la proporción de mujeres y hombres en una carrera académica, desde que son estudiantes hasta catedráticos/as. “El problema aquí es la segregación vertical”, es decir, la presencia de mujeres es más numerosa en los niveles bajos frente a los escalafones superiores. El esquema se repite desde que se conocen estos informes a nivel europeo y, como se aprecia en la imagen, los porcentajes de 2007 y 2013 prácticamente discurren paralelos hasta alcanzar el 79% de hombres por un 21% de mujeres en el nivel más alto . En otros ámbitos más masculinizados, las cifras de mujeres son mucho más reducidas, señala Muñoz.

“El conflicto con la maternidad no está solucionado”

“El camino recorrido ha sido largo y la brecha se va cerrando, pero aún queda mucho”, insiste Muñoz. “Ser conscientes de los prejuicios en la ciencia no quiere decir que se esté solucionando la discriminación”, indica. Otro dato interesante es que, por ejemplo, Holanda y Alemania, países con una larga tradición científica, presentan un menor porcentaje de mujeres en el mundo de la ciencia. España está por encima de la media europea en cuanto a mujeres en investigación, con un 38,8% del total de investigadores, según datos de 2012, una cifra “nada despreciable”, según la catedrática.

La catedrática Adela Muñoz incide en un aspecto importante, la maternidad. Para ello, como hace con su libro ‘Sabias’, viaja al pasado para recordar a Virgnia Woolf, que decía que una mujer para desarrollar una carrera necesitaba “una habitación propia y una maleta”. La profesora baja al terreno personal para explicar que, por su profesión, ha viajado mucho a Inglaterra y otros países para experimentar con sincrotrones, unos aceleradores de partículas con forma de donut gigante, algo que tuvo que compaginar con ser madre.

“La ciencia es como la religión, exige sacrificios, horarios, trabajo experimental y, para las mujeres, sucede que la etapa más competitiva para impulsar sus carreras científicas coincide normalmente con la época de la maternidad”, explica Muñoz, que recuerda que lleva viajando durante los últimos 25 años por su trabajo. “El conflicto con la maternidad no está solucionado”, dice.

En ese punto, rescata un estudio de la Escuela de Negocios de Harvard que asegura que las hijas cuyas madres trabajan fuera de casa tienen más éxito laboral y sus hijos son más atentos. Muñoz, basándose en dicho estudio, traslada que muchas madres trabajadoras se preocupan porque pasan menos tiempo con sus hijos.

“La ciencia ha sido y es cosa de mujeres”

“La ciencia es fascinante y es y ha sido cosa de mujeres”, es lo que pretende mostrar a la sociedad con su libro, cambiando la percepción y rescatando la historia de algunas de las mujeres que han hecho contribuciones relevantes en la ciencia y paralelamente, para entender porqué fueron tan escasas y hoy son tan desconocidas. Incluso sus historias fueron borradas de los anales de la ciencia o sus contribuciones les fueron arrebatadas. “A cada paso de la ciencia le ha seguido una exclusión de las mujeres; para saber por qué no ha habido tantas mujeres hay que conocer qué puertas se les han ido cerrando”, explica.

Por último, Muñoz explica que también “hay que cambiar la auto limitación de las mujeres” en este ámbito de la ciencia. Aporta datos facilitados por la la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología ( FECYT), con un dato “lamentable” que dice que el interés por la ciencia en las mujeres (7%) es la mitad que en los hombres (14%). Porque “muchas mujeres y niñas piensan que la ciencia no es cosa suya”. Y su libro, ‘Sabias’, demuestra que la ciencia sí es cosa de mujeres.