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01/11/2014

Importancia de los Movimientos Feministas y de Mujeres

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Delia Añón
21/03/2011
Delia Añón Suárez

Cientos de veces las que participamos de los movimientos de mujeres o feministas, nos vemos interpeladas por otros movimientos políticos y sociales que cuestionan nuestro modus operandi.

Esas interpelaciones resultan verdaderamente enriquecedoras, nos obligan a cuestionar permanentemente nuestros dichos y nuestras acciones.

Nosotras no queremos estar en el lugar de víctimas del patriarcado. Ni en el de la queja permanente, por eso nuestras expresiones siempre tienen que ver con la alegría que nos da sabernos libres mas allá de la subordinación a que quieren someternos.

Esa alegría a la que aludo, muchas veces, hace que nuestras actividades sean vistas desde quienes no comprenden sus fundamentos como triviales.

Nosotras no vemos al Estado como “culpable” de todos nuestros asuntos: estamos convencidas de que es la cultura patriarcal, o lo que algunas teóricas llaman el sistema sexo-género, lo que reproduce y perpetúa nuestra subordinación. Así, el Estado queda en el lugar de un eslabón más entre todos los involucrados.

Sin embargo, hay variados indicios de que los temas que logramos instalar con nuestras luchas no han caído en saco roto.

Por un lado, vemos desde la década del ´90 un denodado esfuerzo por parte de los poderes hegemónicos para descremar y despolitizar nuestras luchas e institucionalizarlas usando a la categoría de “género” como herramienta.

Sus cultoras y cultores no interpelan la cuestión de fondo y por lo general se limitan a ponernos a las mujeres en un pupitre para que algún o alguna iluminada nos capacite en lo que nuestra experiencia de lucha colectiva sabe de memoria. Se cuida muy bien eso de que las mujeres seamos asistentes, escuchas, beneficiarias o víctimas: jamás protagonistas. Esa necesidad de institucionalizarnos para volver a ponernos en rol pasivo me indica que entienden perfectamente el poder de nuestras luchas. Caso contrario no harían tanto esfuerzo.

Pero por otra parte, vemos que han tenido que dejar de oponerse a algunos de nuestros reclamos históricos justamente por la efectividad que se logró en el plano de la toma de conciencia. Así fuimos consiguiendo votar, ser eliminadas en el Código Civil del artículo que nos incluía junto a los menores e incapaces. Leyes contra la trata, la violencia, matrimonio igualitario, asignación universal por hijo. La intención de que podamos debatir sobre el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.

Y esto de que nuestros reclamos no han caído en saco roto lo refuerza la situación que se vive en Italia con el caso Berlusconi. Todo su poderío e impunidad serán sometidos a juicio. Un juicio que será casualmente llevado adelante por un tribunal conformado por mujeres.

Pero lo que me deja pensando el caso puntual es el poder político del accionar de los movimientos de mujeres y feministas: lograron lo que desde hace años vienen intentando en vano los partidos políticos opositores, o simplemente todo lo “opositor” institucionalizado.

Las miles de mujeres que se autoconvocaron el todas las plazas de todas las ciudades de Italia empezaron a verse acompañadas en la lucha por ciudadanos y organizaciones que no encontraban canal de expresión.

No fueron ni son acompañadas por ningún funcionario o funcionaria de “políticas de género”, que están obligados a no sacar los pies del plato.

Ni siquiera por las legisladoras mujeres que quedan encorsetadas por haber entrado por las leyes de cupo o de cuotas, otro intento institucional de domesticarnos y hacernos callar.

Como vemos, nuestras luchas sirven. Y deben profundizarse hasta el punto de, por ejemplo, hacer que las instituciones al menos tengan voluntad de escucharnos y dialogar con nosotras.

artefinal