5 leyes para las mujeres en menos de 10 años, yo quiero un socialismo así

Gioconda Espina

Lunes 12 de octubre  de 2009 (día de la raza o del descubrimiento o del encuentro de dos mundos o de la resistencia indígena, día del Pilar en España)

Acaba de ocurrir el V Encuentro de Mujeres Líderes Iberoamericanas  del 4 al 10 de octubre de 2009, en Madrid, convocado como siempre por la Fundación Carolina, el Instituto Nacional de la Mujer (ahora dirigido por la joven Rosa Peris) y por el  Ministerio de Igualdad en su sede de la Calle Alcalá (la primera ministra nombrada fue y ahí sigue Bibiana Aido, con 32 años recién cumplidos). Estos encuentros, creados con el fin de unificar la agenda iberoamericana de mujeres, es una iniciativa de la Fundación Carolina que ha llevado adelante en cinco oportunidades Rosa Conde (una de las dos ministras del primer gobierno de Felipe González, Ministra Portavoz del gobierno), junto con Rosa Peris, Amelia Valcárcel y Alicia Miyares, ésta última actual secretaria de la Vicepresidenta primera (y vocera ) del gobierno, Teresa Fernández de la Vega, quien fue al Congreso a reunirse con nosotras y poner a nuestra orden al gobierno en todas las iniciativas de las mujeres por la  democracia de Latinoamérica y el Caribe. La compañera Sandra Sánchez, de Honduras,  le agradeció las gestiones de España para solucionar la crisis que aún continúa.

En las cinco oportunidades la presidenta del encuentro ha sido la filósofa Amelia Valcárcel, ahora Vicepresidenta del Museo del Prado, sin duda una de las teóricas feministas españolas más conocidas en el exterior pero una que, además, se baja del atrio, se arremanga y se dispone a discutir y  diseñar la política dirigida hacia las mujeres  escuchando y hablando allá abajo, con  las mujeres de la base del PSOE, de las ONG españolas y de Europa y, durante los encuentros, con las mujeres demócratas invitadas de América Latina y el Caribe. El último día estuvo tratando de ayudar a su amiga Piedad Córdoba (“una fuerza de la naturaleza”, la llama)  con lo del Premio Nóbel de la Paz, pero  Suecia nos madrugó esa misma noche otorgándole el premio  a Barack Obama.




Cuando las mujeres hablan, desde sus experiencias personales, de un asunto específico de las realidades políticas de sus países que le interese especialmente a Amelia, ella para de escribir o pensar lo que estaba escribiendo o pensando y fija la mirada en ellas, sacando conclusiones que no conoceremos hasta que hable en otra oportunidad a propósito de otro tema. O las escriba. No hace gestos ni sonríe mientras escucha seria y con la mirada fija, asumiendo pues esa “recepción inexpresiva” que Coetzee dice que enunció Keats. Cuando el discurso  de la señora que llamó su atención se pierde por un recoveco, ella le quita la mirada y vuelve a lo que estaba pensando o escribiendo en su cuaderno de notas. Creo que lo mejor de los dos encuentros a los que he asistido, el IV y este V, es esta cátedra viva de aprendizaje de cómo se puede ser teórica sin dejar de  activar a favor de la igualdad de las mujeres en cualquier terreno y a cualquier hora a apropósito de la discusión de cualquier tema. Por ejemplo, esta vez el tema de la despenalización del aborto no estaba en la agenda, pero ella lo convirtió en tema fundamental de la discusión pues, dice, “la despenalización del aborto marca la diferencia del feminismo de la tercera ola (la que surgió de la revuelta estudiantil de 1968) con las dos olas anteriores”. Cuando hablábamos de innovación, recordó que estaba por estrenarse Ágora, de Alejandro Amenábar (Tesis, Abre los ojos, Mar Adentro) sobre la vida de Hipatya de Alejandría, una filósofa y astrónoma de tres siglos y medio D.C. que fue perseguida y desollada  viva por los talibanes cristianos cuyo líder máximo fue Cirilo. Las que nos quedamos un día más sólo para ir al cine, visitar algunas librerías y galerías fuimos a ver la película, impecablemente realizada pero que, como dijo Carlos Boyeros, el cronista de cine del diario El País, no conecta al corazón, no porque no haya escenas de amor entre Hipatya y sus dos enamorados (el alcalde Orestes y el esclavo Dados) sino porque las masas en combate promovido por la intolerancia religiosa de los fanáticos cristianos de Alejandría se come la película y la elección amorosa de Hipatya por la ciencia, por encima de los hombres y de la resistencia política a los talibanes (que en árabe significa estudiantes, recuerden) de Cirilo, no gana peso en el guión. Amenábar, que tiene una posición tan buena en relación a las mujeres y tanta influencia en los jóvenes (las colas para ir al estreno eran enormes en FNAC de la Gran Vía) perdió la oportunidad de emocionarnos con Hipatya, quizás presionado como estaría por dar cuenta de los 50 mllones de euros que dice que costó la peli. De las películas españolas que vimos, la de Isabel Coixet, Mapa de los sonidos de Tokio, fue la mejor. Una historia de amor “hasta que la muerte” separa (ella es la misma actriz del episodio en Japón de Babel, la película del mexicano Alejandro González Iñárritu).

Volvamos a Amelia Valcárcel, ella sola “una experiencia”, como vengo diciendo. Cuando fuimos al Prado, a ver antes de su inauguración la exposición de pinturas del siglo XIX que nunca antes se han expuesto, Amelia recorrió  durante dos horas varias salas (“es que sóis un público muy agradecido, ojalá todos fueran como vosotras”), mostrándonos y comentándonos, a veces en clave feminista radical y siempre en clave estética –aunque ese es el predio de su marido, aclara– y ética –que es el suyo–  las obras de los grandes maestros. Un privilegio que nadie grabó y que –se lo he rogado personalmente—ella debería escribir pronto. Me respondió que había críticos de arte especializados en ello y yo le recordé el  libro de Tzvetan Todorov  sobre el retrato: como en el de Todorov,  en el suyo lo que importaría es el punto de vista original del que elige unos cuadros entre miles y lo interpreta a su manera para sus lectores. Creo que logré que lo volviera a pensar. Ojalá lo pueda sacar para celebrar el número 100 de la Colección Feminismo, de la Universidad de Valencia y el Instituto de la Mujer.

Algo más específico acerca del V Encuentro. Los temas fueron: ¿Cómo salir de la crisis? El papel de las mujeres, presentada por Cristina Carrasco, de la Universidad de Barcelona; Economía sostenible y empleo femenino, presentada por Maravillas Rojo, Ministra de Empleo; Territorio de innovación: mujeres innovando, presentado por Cecilia Castaño, profesora de la Universidad Complutense de Madrid; Usos estratégicos de las TIC para la igualdad,  presentada por Gloria Bonder, directora del Área Género, Sociedad y Políticas de FLACSO Argentina y María Angeles Sallé. de Enred, Madrid) y Opinión pública, medios de comunicación e imagen, presentada por Amelia Valcarcel, profesora de la UNED). En esta oportunidad, fui invitada a comentar la ponencia de Cecilia Castaño, anexo el texto.

A Madrid fuimos dos venezolanas, la otra es Magally Huggins, del CENDES de la UCV. Y de Madrid  traje varios libros, folletos y videos que nos entregó la Fundación Carolina, entre los que están dos de Judith Astelarra, sobre contexto social y empleo; el último libro de Amelia Valcárcel, sobre feminismo en tiempos de globalización; y muchos libros y folletos sobre políticas públicas sobre diversos temas (sobre todo violencia, incluída la campaña contra la violencia de género, Tolerancia Cero, del Ministerio de la Igualdad, para la cual colaboraron varios artistas y deportistas jóvenes y muy  famoso ¿No podríamos replicarla aquí?). Así mismo traje los textos de las cinco leyes que se han aprobado en el durante los dos períodos del Presidente Rodríguez Zapatero, hasta la de la despenalización de aborto, que le falta pasar por segunda vez por el Parlamento (pero a pesar de la atroz campaña de la Iglesia y el equivalente de Provine, sobre todo contra la ministra Aído, “los votos están contados”, nos anuncia Teresa Cunillera, “el azote de la oposición”,  Vicepresidenta del Congreso de los Diputados.).

Todo ese material está a disposición de quienes lo soliciten expresamente, en el Área de Estudios de la Mujer de la Universidad Central de Venezuela. Teléfono 519 5900 jueves a partir de las 5 pm y viernes de 9 a 1 pm.  Preguntar por Gabriela Malaguera.

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