En el contexto del tema central de esta ponencia es necesario señalar que el ejercicio del liderazgo y la participación de las mujeres en la toma de decisiones en organizaciones públicas y privadas, se ha convertido en una demanda reiterada de los grupos y sectores organizados de mujeres en todas las sociedades y en un punto crecientemente importante en las agendas de los organismos y programas de cooperación de alcance regional e internacional. El ascenso a posiciones de poder y de toma de decisiones se reconoce internacionalmente como una exigencia legítima de las mujeres, cuyo aval ético está en los avances globales alcanzados en los sistemas democráticos y en los esfuerzos de crecimiento que con mayor o menor fortuna ha emprendido la mayoría de los países.

Prueba de ello es que en las agendas de las cuatro grandes Conferencias Internacionales sobre la Mujer, (México/1975, Copenhague/1980, Nairobi/1985, Beijing/1995), así como en otras cercanas, igualmente importantes, sobre diversos temas específicos como fueron las conferencias de Ambiente en Río de Janeiro-1992, la de Derechos Humanos en Viena-1993, la de Población en El Cairo-1994 y la Cumbre Social en Copenhague-1995, el tema de las relaciones de las mujeres con el poder aparece como una constante, no sólo cristalizando aspiraciones y reivindicaciones, sino como una variable significativa a considerar en las estrategias dirigidas al logro del desarrollo y la democracia.

Un examen de lo discutido en esas conferencias sobre el asunto que nos ocupa revela la creciente toma de conciencia que se ha desarrollado en las últimas décadas del siglo XX sobre la exclusión injusta de las mujeres de los espacios de poder. En ellas el Estado aparece como responsable principal de los cambios que deberían producirse en la posición de las mujeres en tales espacios. Los señalamientos efectuados desde México (1975) a Beijing (1995) tuvieron un carácter detallado y destacaron la importancia del papel de las mujeres en la toma de decisiones, para el logro de la justicia y la democracia en las sociedades del futuro.

En los 20 años transcurridos entre la reunión de México y la de Beijing, el interés por el asunto creció considerablemente ante la abultada evidencia de que las mejoras alcanzadas por las mujeres en áreas como la educación, el empleo, la salud y otras vinculadas a las condiciones materiales de sus vidas, no había llevado aparejadas, mejoras en su presencia en las posiciones de poder, en los espacios decisivos de sus respectivas sociedades. Las reuniones posteriores de seguimiento, como la conocida con el nombre de Beijing+5, celebrada en el año 2000 en Nueva York en el marco de la Sesión del Milenio del Sistema de las Naciones Unidas y la relativamente reciente Beijing+10.

Algo semejante se ha producido en las conferencias sobre la situación de las mujeres que se han celebrado en las distintas regiones que conforman el Sistema de las Naciones Unidas, SNU, las que han servido para demostrar que este es un asunto fundamental en cualquier cambio efectivo que se intente en la suerte de las mayorías femeninas y que las transformaciones experimentadas por las sociedades en toda la comunidad internacional, no han llegado a tocar este aspecto, de manera sustantiva. Una clara demostración de ello lo podemos apreciar en el gráfico que aparece en esta página, que muestra los resultados de un estudio adelantado por el Banco Mundial2 y en el cual se compara el adelanto de las mujeres en los países de bajo, intermedio y alto crecimiento entre 1970 y 1995.

En ese gráfico se compara el adelanto de las mujeres respecto a los hombres (1.0) en cuatro variables claves para evaluar el adelanto de unas y otros: esperanza de vida (life expectancy), matrícula en educación primaria (primary enrollment); matrícula en educación secundaria (secondary enrollment) y representación parlamentaria (parliamentary representation). Es claro que es en este último renglón donde no ha habido en 25 años (70 – 95) avances significativos en los países de bajos ingresos, ni en los de ingreso intermedio, ni en los de altos ingresos, lo cual muestra claramente el carácter estructural de la exclusión de las mujeres de las posiciones de poder y toma de decisiones.

Lo que se discutió en aquellas conferencias mencionadas fue importante para relevar la situación de la presencia de las mujeres en el poder, pero no fue decisivo. Desde hace varias décadas y gracias principalmente al formidable crecimiento alcanzado por los desarrollo teóricos del pensamiento feminista y por las iniciativas de las mujeres organizadas, el tema de la articulación entre mujer y poder ha devenido punto toral en torno al cual convergen discusiones y propuestas dirigidas a contribuir a la superación del género femenino y al establecimiento de relaciones igualitarias entre hombres y mujeres. Sin embargo. esa discusión y su empuje, así como el crecimiento de las disciplinas género sensitivas, se reflejaron algo tardíamente en las conferencias y en forma incompleta, aparte de que ellas también fueron escenario para la presencia de las y los inveterados enemigos y opositores a la igualdad de géneros.

Sin embargo, el hecho de que los avances alcanzados en los últimos años hayan puesto de manifiesto que las relaciones entre hombres y mujeres son, por consideraciones de género, relaciones de poder, ha suscitado creciente interés por descubrir las formas y sentidos en los cuales esta asimetría se expresa en las diferentes prácticas sociales.

La filosofía, las ciencias y las tecnologías sociales cifradas en claves género sensitivas, han dado lugar a una creciente producción de conocimientos sobre el asunto y en todos se reconoce la centralidad del poder tanto en el análisis de los problemas como en las soluciones que se intenten. En este último sentido se han diversificado los desarrollos programáticos y los proyectos que buscan viabilizar exitosamente la intervención de las mujeres en las instancias de poder, lo cual no es ajeno al planteamiento de los contrastes de paradigmas en el ejercicio del mismo, a partir de la consideración de los modos de asumir ese ejercicio por parte de hombres y mujeres. Actualmente son múltiples los enfoques y perspectivas que, con base en el análisis de las experiencias, se realizan sobre la materia.

Por otra parte no deja de ser retador hablar del liderazgo de las mujeres en un momento en el que, en muchos de los países en los que se adelantan iniciativas vinculadas a promover y mejorar la conducción en manos de mujeres, abundan las opiniones que coinciden en afirmar que estamos ante una crisis o ausencia de liderazgos efectivos. Y es más desafiante, por la circunstancia de que, en la mayoría de los países en los cuales se habla de la existencia de tales falencias en los liderazgos conductores de las realidades nacionales e incluso regionales, en los planos social, económico, cultural y político, la presencia de mujeres ha sido excepcional, aun cuando, honrosa en muchos casos, pero no siempre, infortunadamente.

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