Parece que hoy en día el tiempo más que oro es el más fino de los diamantes.

Desde luego, pero aunque pensamos que en el mundo actual tenemos poco tiempo, en realidad tenemos más del que hemos tenido jamás, entre otras cosas porque ha aumentado mucho la esperanza de vida. Gozamos de unas posibilidades como no hemos gozado nunca y no tenemos perdón si no las aprovechamos. Por eso he escrito el libro, porque creo que hay que agitar a la opinión pública y conseguir la reflexión ciudadana sobre los temas del uso del tiempo, porque son manifiestamente mejorables.

¿La percepción de escasez de tiempo es exclusiva del hombre occidental?

Esta sensación está acentuada por un sistema de producción muy condicionado por los beneficios, de forma que cuanto más se puede acelerar la máquina pues más se acelera. En otras épocas la vida venía marcada por el ritmo de la Naturaleza y de las cosechas. Para los romanos el nombre de marzo proviene de Marte, el dios de la guerra, pues solía ser en ese mes cuando se reanudaban las contiendas tras el parón invernal. Hoy no se para nada, ni siquiera la guerra.

Hablando del tiempo, ¿la impuntualidad es un delito?

Casi, pero es algo cultural que cambia mucho según las épocas. Por ejemplo, hace cinco siglos éramos los españoles quienes teníamos fama de puntuales. Podemos aprender a ser puntuales y está bien, pero sin exagerar, sin llegar a los extremos de ciudades como Tokio, que agobian con su extrema puntualidad.

Reloj en mano, las mujeres sí que parecen el sexo débil.

Sin duda. En España, el colectivo que más angustia padece por la escasez de tiempo es el de las mujeres, sobre todo el de las mujeres jóvenes con empleo. Y el colectivo que peor lo lleva de todos es, concretamente, el de las mujeres que están haciendo el doctorado.

Vamos que no se puede ir por el mundo sin abuela.

Las abuelas son un factor de desarrollo económico de primera magnitud, invisible y ni reconocido, ni agradecido, ni pagado. Constituyen una economía subterránea invisible, pero que nos beneficia mucho.

¿La posesión o la falta de tiempo crea nuevas clases sociales?

Sí, es cierto. Si mi libro fuera una manifiesto podría terminar con la frase ¡expropiados del tiempo uníos! Pero sobre todo quiero resaltar que si hay un colectivo que sufre especialmente la ausencia de tiempo es el de los cuidadores de enfermos de larga duración. Están en condiciones peores que las de la esclavitud, su vida es peor que la peor de la peor época del capitalismo salvaje. Sin tiempo te conviertes en un pobre.

¿Quién nos expropia: el Estado, la sociedad o el vecino del quinto?

El expropiador tiene mil rostros y ninguno. Incluso somos nosotros mismos los que nos fijamos unos objetivos sin límite. Pero también la Administración es culpable, con sus listas de espera y sus atascos burocráticos. La Administración tiene que aprender muchísimo sobre no robarle el tiempo a los ciudadanos. Ese derroche de horas que se pierde en tantas gestiones no se puede sostener.

¿Ya se adivinan en el horizonte demandas por robo de tiempo?

Debe estar a punto de darse el primer caso. Si aún no se ha dado es porque nadie cree que le vayan a atender.

Más que fuerza de trabajo se antoja que compramos tiempo.

Realmente, hoy en día se puede afirmar que el trabajo pagado no es más que tiempo comprado.

Espero que también sea bueno de vez en cuando perder el tiempo.

El tiempo perdido por culpa de una mala gestión burocrática no lo soporto, es algo que me pone de los nervios, es una tremenda sangría y España paga una factura muy alta por gestionar mal el tiempo, y no sólo en el ámbito de lo público, también en muchas grandes empresas privadas sucede. Pero la capacidad de tomarnos nuestro tiempo y disfrutarlo y llevarlo a ritmo lento es un auténtico bálsamo.

Fuente: ABC, Manuel de la Fuente, 28-1-2007

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