Gayle Rubin, antropóloga cultural, profesora de la Universidad de Michigan en la actualidad, recibió el 2006 una notoriedad indeseada cuando David Horowitz (ultraderechista que en su juventud fue un activo colaborador de las Panteras Negras) la incluyó en su libro Los 101 profesores más peligrosos de EEUU. Ese que fue pensado como estigma sería para algunos y algunas de las aquí presentes –me incluyo- un verdadero honor. Seguramente así fue también para ella, que venía de ser atacada, particularmente desde 1978, por todos los flancos que defienden lo que se llama  la moral y las buenas costumbres sexuales que deben conservarse a cualquier precio.

La verdad es que desde 1975, Año Internacional de la Mujer, Gayle Rubin ha alcanzado la mayor notoriedad deseada por una académica y activista feminista. Rubin ha sido estudiada, discutida, refutada pero sobre todo apoyada, por sus contribuciones teóricas, que van desde la definición del que llamó sistema sexo-género hasta la razón primera por la que se le cita permanentemente en todos los textos de teoría feminista de inspiración marxista, freudolacaniana o levistraussiana y es que Rubin, como hiciera un año antes Juliet Mitchell (Psicoanálisis y feminismo. Freud, Reich, Laing y las mujeres,  1974) propuso en 1975, en el ensayo Tráfico de mujeres, la necesidad de profundizar las propuestas de Engels, Freud, Lacan y Levi Strauss para fortalecer la teoría feminista y el activismo. No creo que haya un texto más citado por las teóricas feministas de todas las tendencias que Tráfico de Mujeres, sólo superado por El segundo sexo, de Simone de Beauvoir (1949). Veamos brevemente algunos puntos propuestos el año 75 por quien luego fundara, el 78, el primer grupo feminista lésbico sadomasoquista, Samois (disuelto el 83), esa que de 1992 al 2000 formó parte de la directiva del Museo y Archivos de la Cultura Leather  y que en el 94 se doctorara con una tesis sobre “los reyes del valle”, esto es, los leather de San Francisco. Por las tres informaciones que acabo de resumir en las últimas líneas creo que quedan más o menos claras para el auditorio por qué ningún texto posterior al del 75 es citado, ni siquiera  de pasada por las teóricas feministas de la igualdad y de la diferencia, heteros y lesbianas; en cambio, el ensayo de Rubin de 1984, al que vamos a referirnos más adelante, es el más citado por los y las  teóricas queer, sexodiversas, lgttib o como cada uno de ustedes prefiera.

Lo que escribió Rubin el 75 y no cesa de citarse en la teoría feminista de cualquier tendencia  es lo  que sigue.

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