«Los hombres se encargan de su propio automantenimiento»

Lo primero que se hace para hablar de las mujeres es considerarlas un colectivo, una minoría. Cosa que no se hace nunca con ningún hombre. Los hombres para formar parte de un colectivo tienen que tener un rasgo, es decir, necesitan tener una discapacidad, ser de una religión distinta a la mayoritaria… es decir, los hombres nunca forman parte de un colectivo, a no ser que tengan una característica diferenciada. Por lo tanto, están exentos de preguntas sobre su capacidad. A ellos se les supone.

¿Por qué a las mujeres se les considera un colectivo? ¿Qué tenemos en común? Lo que tenemos en común las mujeres -y lo pongo también entre interrogaciones- es una distribución del tiempo que parece que es una parte sólo de nuestra responsabilidad. Este tiempo es parte de atención a las personas dependientes e independientes. Los hombres se encargan de su propio automantenimiento. Ellos delegan en la mujer que tienen en ese momento la organización del tiempo dentro del hogar.

Especiales dificultades

Cuando la mujer tiene responsabilidades familiares se habla de que tiene especiales dificultades, es decir, la estrategia es magnífica. Ustedes están en un colectivo y tienen especiales dificultades para conciliar la vida laboral y familiar, con lo cual, de usted depende la solución. Los colectivos se mueven por políticas de favor y no por políticas de derecho. Por este motivo, yo reivindico el derecho de universalidad y universalidad significa que lo que aplico a los demás varones me lo puedo aplicar a mí y si lo aplico de manera distinta estoy haciendo discriminación. Si pensamos en términos de colectivo estamos pensando en que la distribución y el uso del tiempo corre en parte de las mujeres, que por lo tanto ellas tienen el problema y que de ellas depende la solución.

La igualdad no es un tema de mujeres. La igualdad es un rasgo democrático porque la igualdad no significa semejanza. No somos iguales en cuanto a indistintos pero sí somos iguales en cuanto a disfrutar de todos los derechos. Y que lo que no se me aplique a mí no se le aplique a él. No he visto ningún tipo de apelación cuando existían los permisos por afinidad con los que se sabía que todos los cuidados recaían en las mujeres. Ninguna voz se ha levantado en este país para hablar de los permisos por afinidad.

La pregunta es: ¿en este mundo el máximo capital es el tiempo? Y digo capital para masterizarlo, para colocarlo en el organigrama de la empresa. Y entonces la pregunta es: ¿sobre la distribución del uso del tiempo qué tipo de discurso y de actuaciones estamos trabajando? Entender que ellas tienen especiales dificultades por lo tanto imputación de responsabilidad no es la solución.

La ley no está hablando de mujeres extraordinarias. Si yo tengo un hijo y fallece no me incorporo al mercado de trabajo porque no soy un útero. Estoy trabajando para recuperarme durante semanas. Si tengo una excedencia para cuidar a los demás, quiero tener el tiempo cotizado, es decir, no quiero perder derechos de pensión, que perdía hasta ahora y nadie dijo nada.

La pregunta es: ¿Quién tiene más tiempo tiene más talento? ¿Cómo se computa el talento? Las mujeres cuidamos también de las personas independientes, no sólo dependientes. La igualdad no ha caducado, el concepto de sujeto no ha caducado, los derechos no han caducado y no podemos estar como en la Revolución Francesa y hacer una declaración del hombre sin locos, sin niños, sin mujeres. Es una trampa creerse que estamos en un colectivo. Lo que tenemos hoy es gracias a que las mujeres se consideran ciudadanas y eso significa que son portadoras de derechos. La igualdad es un principio democrático. No quiero favores, no quiero estar dentro de un colectivo ni dentro de una entidad, lo que quiero es poder reclamar una situación de tiempo que requiera el ámbito privado. Jamás se ha planteado que la administración del tiempo masculino tenga que ver con la administración del resto de los tiempos.

La empresa, la CEOE, no puso encima de la mesa ninguna medida porque lo que la CEOE plantea es que ya tienen la igualdad incorporada como principio pero la igualdad no es un principio, es un derecho. La democracia no se subvenciona ni se financia, la democracia se practica. Lo único que les pedimos es que aprovechen el capital humano y que consideren el plan de igualdad para crear una plantilla competitiva.

No hay democracia que no juegue con el principio de representación y el principio de representación es el 51 por ciento de la población. Por lo tanto, no me apliquen cuotas, porque no soy un colectivo. Ni me apliquen favores. Y si funcionamos bajo el principio de representación, ¿por qué el 51 por ciento de la población no está representada? No podemos considerar a la mayoría como un grupo con especiales dificultades. La Ley está para representar a la mayoría.

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