Las teoría crítica feminista en España hoy: entrevista a Celia Amorós y Amelia Valcárcel

Luz Stella León Hernández   

Resumen   En esta entrevista preguntamos a Celia Amorós y Amelia Valcárcel sobre sus trayectorias como filósofas feministas ilustradas, la relación entre la teoría y la práctica feministas, la situación del feminismo en la actualidad y sus metas y proyectos más urgentes, etc. Celia Amorós y a Amelia Valcárcel -máximas representantes de la teoría filosófica feminista de la igualdad-, nos “ilustran” sobre los retos del feminismo como movimiento ilustrado, emancipador y radicalmente igualitarista. Al hilo de sus narraciones van surgiendo temas fundamentales como la globalización, el multiculturalismo, las políticas de igualdad, la alianza de civilizaciones, la necesidad de buscar “vetas de Ilustración”, entre otros. Temas urgentes que nos exigen confrontarlos, pasarlos por el tamiz del feminismo, con la certeza de que “las mujeres nos lo jugamos todo” como internacionalismo porque, como ellas coinciden en afirmar, cada una a su manera, o la liberación de las mujeres se da en todas partes o no se da, pues siempre puede haber involuciones.

CELIA AMORÓS 

Luz Stella León Hernández.(S. L.) ¿En qué momento de su trayectoria profesional como filósofa se declara feminista?

Celia Amorós Puente. (C. A.) Mi sensibilización se produjo básicamente en solitario, al hilo de las experiencias personales y de algunas lecturas que fueron fundamentales para mi en esos años. por ejemplo, Simone de Beauvoir que estaba en la línea de mis posiciones existencialistas; La mística de la feminidad de Betty Fridan, que presenté cuando era representante estudiantil en Valencia, y en aquel entonces me preocupaba contextualizar las luchas por la emancipación de las mujeres en el marco de la lucha antifranquista y anticapitalista. También, entre los libros que más me influyeron, está Feminismo y Psicoanálisis, de Juliet Michell, sobre el cual hoy en día mantendría posiciones más críticas. Este me sirvió para contrastar los rendimientos que podrían dar el estructuralismo –corriente por la cual estaba interesada, pues hice mi tesis sobre Mitológicasde Lévi-Strauss-. Me quedó abierto, de este modo, un amplio campo que fue dando forma teórica a mis preocupaciones militantes y que se plasmó en diferentes trabajos y, por fin, en mi libro Hacia un crítica de la razón patriarcal. En aquel entonces me preocupaba muy especialmente el feminismo como ética, sin minimizar el feminismo como movimiento social. Por otro parte, tomé partido en la polémica del llamado “feminismo de la diferencia” y “feminismo de la igualdad”, posicionándome en este último, pero haciéndole más concesiones al feminismo de la diferencia del que luego le haré al constatar los indeseables efectos políticos que produce. Por otro lado, fue importante mi amistad con Amelia Valcárcel con quien entablé una comunicación intelectual y que ha sido para mi un referente. También mi contacto con Alicia Puleo, una mujer sumamente valiosa e inteligente. De esos mismos años conservo entrañable amistad con Luisa Posada, Ana de Miguel, Rosa Cobo, Cristina Molina, Amalia González e Inmaculada Cubero, etc. a las cuales considero un poco como hijas… Entre mis primeros trabajos como feminista se encuentra el que editó Ángeles Durán, Sesgos patriarcales en el discurso filosófico. Presenté en la Universidad de la Laguna, donde había sido invitada junto con Javier Muguerza, Ludolfo Paramio, Tomás Pollán, un trabajo sobre ética feminista que representó para mi, digamos en la terminología taurina, la toma de la alternativa, el respaldo de los filósofos del establisment de izquierda para mi quehacer filosófico feminista.

S. L.: Como filósofa feminista ilustrada, podemos decir jueza y parte en la construcción del feminismo de la igualdad, ¿cuál es la imagen más representativa de esos orígenes?

 C. A.: Yo la relacionaría con los comienzos del Seminario “Feminismo e Ilustración” que comenzó en el curso 87/88, al que acudieron investigadoras como Alicia Puleo, Ana de Miguel, Rosa Cobo, Concha Roldán, Luisa Posada, e invitadas como Cristina Molina, digamos que las considero como el grupo fundacional. También es importante recordar mi colaboración con el grupo de las historiadoras, el grupo fundacional del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense, donde destacaba la figura entrañable de Carmen García Nieto fallecida hace unos años. Pues bien, se puso de largo ese Instituto en el año 1989 con la celebración del bicentenario de la Revolución Francesa. Empapelamos toda la Complutense con un cartel que aún conservo. Lo que hicimos fue reconstruir, con fuentes francesas sobre todo, lo que significaba la Revolución Francesa para las mujeres. En el 89 también se puso en marcha el curso de Historia de la Teoría Feminista que se da en el Salón del Instituto de la Mujer de Almagro y por el que han pasado muchas feministas. Creo que ha sido un elemento que ha contribuido a la conciencia histórica del movimiento feminista español y su proyección latinoamericana… Para reconstruir mi relación con Latinoamérica, he de decir que para mi fue muy importante la invitación de Haydé Birgin, Jefa de Gabinete del Senado de Familia aquel entonces, a dar un ciclo de Conferencias en Buenos Aires. Allí se urdió un vínculo entrañable, que dura hasta nuestros días, con investigadoras feministas que son a la vez amigas personales, como María Luisa Femenías. Y podría citar muchas otras … Por otra parte, introduje la temática de la teoría y crítica feministas en algunos cursos de doctorado que di por aquellos años, como “Mujer, no ser y mal”, así como sobre las polémicas en torno a las figuras posmodernas de deconstrucción del sujeto y la lucha por reconstruir lo que podría ser un sujeto feminista. Otro hito importante fue mi estancia en Harvard en el 93 porque me interesaban entonces las posiciones de Seyla Benhabib. Algo que costó mucho esfuerzo, pero que, por fin, conseguí, fue introducir en la Universidad Complutense como asignatura optativa la “Teoría y Crítica Feminista”, materia que cuenta cada vez con mas alumnos y está asentada.

S. L.: ¿Cuál es la relación entre teoría y práctica? y ¿cuál es la función de la teoría feminista?

C. A.: La función de la teoría feminista como toda teoría, ya lo dice su raíz griega, es “hacer ver”. Pero la teoría feminista tiene la particularidad, como lo he dicho en muchas ocasiones, de que su hacer ver es inseparable de un irracionalizar, las relaciones jerárquicas entre los sexos en multitud de ámbitos. Eso sólo se deja ver a la mirada crítica: la mirada convencional ni siquiera lo discierne. Y por ello la teoría feminista va íntimamente unida al feminismo como movimiento social, pues, tal como lo señalan teóricos de los movimientos sociales como Melucci y Ana de Miguel, los Movimientos Sociales son “laboratorios culturales” que operan transformando la sensibilidad social ante determinados fenómenos: así, podemos llamar ahora actos de “violencia de género” a lo que antes se denominaba “crimen pasional”. Se trata de una verdadera transformación epistemológica y política a la vez, porque, insisto en ello una vez más, conceptualizar es politizar.

S. L.: En tantas “sendas de Ilustración” transitadas, la conquista de la individualidad es una tarea colectiva en la que vosotras habéis colaborado de forma decisiva. Ahora bien, ¿en qué situación estamos? ¿Cuáles siguen siendo los puntos vulnerables del proyecto emancipatorio y universalista feminista?

C. A.: Yo no creo que tengamos puntos vulnerables. Lo que si tenemos son puntos enormemente difíciles de llevar a la práctica porque las resistencias a que las mujeres sean individuos es de una tenacidad que todavía nos sorprende: los comunitarismos, los multiculturalismos, los regímenes teocráticos e incluso nuestras actuales democracias presentan en este punto el hueso más duro de roer. Si las mujeres son individuos, los aspectos más indeseables de la organicidad social no se pueden mantener. En una sociedad en que las mujeres tuvieran reconocido un estatuto de individualidad plena, la capacidad crítica y reflexiva de esa sociedad se incrementaría de un modo sorprendente, y la cohesión social podría ser reconstruida sobre bases nuevas de lucidez, capacidad reflexiva, autocrítica, y redefinición del contrato social.

S. L.: ¿Cómo concibes la individualidad?

C. A.: Bueno, Duns Scoto, en el siglo XIV, definía el principio de individuación como “la última solitudo”, aquel reducto del sujeto que no se deja absorber por los predicados, sobre todo si esos predicados son producto de la heterodesignación. Es el reducto de la libertad y de la dignidad, y habría que redefinir la dignidad como última solitudo para desmarcarla de la definición tradicional de la dignidad, de las mujeres como una cualidad adjetiva, dependiente de su función de ser las depositarias del honor del varón.

S. L.: Como feminista, filósofa y catedrática ¿qué avances significativos puede resaltar en el ámbito académico y cultural después de tantos años de arduo y constante trabajo no siempre reconocido?

C. A.: Bueno, pues que cada vez en mayor medida es aceptada con normalidad en los medios y en el discurso académico la temática ’64el feminismo. Tan es así que los propios varones se interesan cada vez más por ella y, en esa medida, las prestigian, porque, nos guste o no, son los varones los que prestigian en última instancia lo que tocan. Pero, afortunadamente cada vez tienen que compartir más con nosotras los criterios acerca de lo que es de recibo y lo que no lo es en el ámbito académico.

S. L.: ¿Hay recambio generacional en el feminismo español? ¿Cuál es la deriva del mismo en comparación con el resto de los feminismos mundiales?

C. A.: Definitivamente sí hay un recambio generacional en las temáticas que les interesan a estas nuevas mujeres. Su vivencia en la discontinuidad de lo que a ellas les preocupa y lo que ha sido la tradición feminista está muy en la línea de la sensibilidad de nuestra era de la globalización, en que todo ocurre en tiempo real. Se pierde así la idea de continuidad, de profundidad histórica de cualquier tipo de fenómeno. Esto es un verdadero problema porque el conocimiento de lo que ha sido la teoría y la lucha de las mujeres durante siglos, y que hace posible que, aun con discriminaciones, las mujeres tengan acceso a las nuevas tecnologías, a las redes, a las posibilidades de relacionarse a escala mundial verdaderamente insólitas, es un instrumento muy importante para el empoderamiento de las mujeres. Incluso para darle un sentido a su lucha para que no se reproduzcan las relaciones patriarcales de poder en el mundo virtual de las nuevas tecnologías. La tradición feminista tiene todavía una capacidad para modelar concepciones y sensibilidades que son necesarias para esta lucha… Por contestar a tu segunda pregunta, no creo que el feminismo español sea en ésto particularmente diferente… A mi misma me cuesta percibirlo, no se qué es producto específico de ese feminismo español… Concretamente, nuestro producto, pequeño por supuesto, ha sido el trabajo de muchos años. Ahora bien, ¿con qué otros elementos ha podido converger? No lo se; me resulta difícil saber en qué medida como investigadoras hemos tenido que ver con otros desarrollos. Hemos trabajado muchísimo para elevar el nivel teórico del feminismo español, hemos hecho en ese sentido un gran esfuerzo, pero en eso somos juez y parte: no tenemos la perspectiva para calibrarlo. No puedo decirte si se puede percibir la influencia del feminismo español: el feminismo latinoamericano ha tenido unos desarrollos, unas respuestas determinadas ante los procesos de globalización y la feminización de la pobreza: todo esto en España no ha tenido las mismas repercusiones. El impacto de la globalización se ha sufrido mucho más en Latinoamérica, por ello yo insisto en que debemos pensar que la globalización es un reto fundamental, y entender el sentido de las nuevas misoginias de la era global, como la que ha llevado a los crímenes de Ciudad Juárez. La misoginia a nivel global tiene unas especificidades y creo que hay que ver cuáles son para luchar contra ellas porque están produciendo verdaderos espantos. Hace falta volver a estudiar el fenómeno de la misoginia. Yo diría que la misoginia no es un explanans sino un explanandum, es decir, algo que a su vez debe ser explicado. El fenómeno de la misoginia como odio a las mujeres y el querer destruirlas hay que estudiarlo especialmente en la era global.

S. L.: ¿Cuál es el balance de los últimos años de feminismo español?

 C. A.: Yo creo que es un balance muy positivo: se ha conseguido una ley de igualdad, unos niveles de “des-asnamiento” respecto a las cuestiones de las mujeres que es ampliamente significativo. Se han cometido errores: desde luego, los movimientos feministas debieron haber participado más. Pero sigue habiendo una gran asignatura pendiente, un hueso duro y es el cuarto supuesto de la ley del aborto, con el que no se atreven los políticos y donde hacen unas concesiones que no son admisibles… Pero, si nos comparamos con los países del entorno no salimos mal paradas teniendo en cuenta que nuestro punto de partida fue el franquismo. Si nos hubieran dicho en los años de la transición que 30 años más tarde habría un gobierno paritario no lo hubiéramos podido creer. En cuanto a las leyes, están insuficientemente dotadas, hay que seguir poniendo el dedo en la llaga, hay que hacer ver, por ejemplo, la gravedad de la custodia compartida en el caso de los maltratadores porque no podemos tener un policía para controlar cada fin de semana las idas y venidas de esos maridos…

S. L.: Como vosotras nos habéis enseñado el feminismo implica transformación en las relaciones de poder: ¿se percibe un cambio real y/o simbólico en el ejercicio del poder de las mujeres?

C. A.: Vamos a ver, si pensamos en mujeres como Hilary Clinton, Condoleezza Rice, Ségolène Royal o Angela Merkel parece que empieza a haber un cambio apreciable en las posiciones de poder de las mujeres. El poder, en esa medida, se presenta como siendo de cualquier sexo, como una normalización, en la escala misma de la especie, de lo que era un acaparamiento por el sexo masculino que resultaba hasta procaz.

S. L.: Hoy en España tenemos un gobierno paritario y política de igualdad de género: ¿Con qué argumentos “fuertes” contamos para legitimar ese poder emergente de las mujeres? ¿Contamos con una infraestructura institucional, teórica y política para mantenernos y avanzar en esas posiciones alcanzadas?

C. A.: Tenemos argumentos a priori tan fuertes como los basados en el valor de la igualdad, cuya fortaleza ha resultado de una lucha de siglos sin que se diera nunca por descontado; y, por otro lado, todo lo que venimos aportando a lo largo de la historia y que empieza a emerger en múltiples investigaciones. Ante todo, hay que tener una idea clara de lo que es la igualdad y lo que significa, y no confundirla con la identidad, ni con la uniformidad. Hacer de ella, como lo decía Pollain de la Barre, no solamente una idea, sino un sentimiento moral, una idea-fuerza con capacidad clarificadora y transformadora; a la luz de este concepto es como podemos percibir los fenómenos de desigualdad en todos los niveles de la sociedad en que se producen y se reproducen, genera una sensibilidad social en la que cualquier manifestación de desigualdad resulte chirriante e intolerable: se generará así una demanda social capaz de presionar, como ya está ocurriendo, para que los y las políticas articulen políticas de igualdad desde el instrumento de la Ley y lograr así una sinergia entre las intervenciones políticas y la labor social: ninguna de ellas puede realmente ser eficaz si se descuida la otra. Para decirlo kantianamente, leyes políticas de igualdad sin la sensibilidad social correspondiente serán vacías, una sensibilidad social que no se plasme en intervenciones políticas corre el riesgo de ser ciega.

S. L.: ¿Seguimos teniendo problemas con la solidaridad, con el “nosotras”?

C. A.: Seguimos teniendo problemas, porque no cabe duda que problemas como la globalización del cuidado, por ejemplo, el tener a las mujeres del tercer mundo como cuidadoras del primer mundo… esto pone a prueba nuestra solidaridad. Las mujeres del primer mundo no podemos olvidar que los éxitos conseguidos por nosotras con luchas de muchos años peligran, por ello es más necesario que nunca promover el internacionalismo feminista, la emancipación de las mujeres lo será de todas o no será. Las mujeres tenemos algo común por encima de las diferencias: ellos saben siempre que han de pactar y cómo pactar, nosotras deberíamos educarnos en la cultura del pacto y ejercitarlo.

S. L.: ¿Cuáles son las perspectivas actuales y de futuro del discurso feminista?

C. A.: Creo que el discurso feminista en la actualidad tiene un cometido muy importante es el de clarificar qué sea la democracia: tiene que disponer de toda una batería de preguntas para pasar un test de democracia a todo tipo de regímenes. El feminismo y la democracia nacieron de un mismo parto y ahora que la democracia se encuentre en una situación tan difícil en algunos ámbitos por la intransigencia y en otros por la indiferencia, la posición de las mujeres es el test definitivo de la democracia.

S. L.: ¿Cuáles son los retos para el feminismo ilustrado como movimiento social, si tenemos en cuenta la globalización y la realidad cambiante?

C. A.: El feminismo ilustrado, para poder dar respuesta a los problemas que se nos plantean a nivel global, debe tener una gran sensibilidad para la complejidad del mundo globalizado en el que estamos. El proyecto ilustrado tiene que contrastar su pretensión de universalidad en un mundo que se nos da, por fin, como uno, como un solo mundo universal y global: tiene que despojarse de ese modo de todos los sesgos ilegítimos que se han derivado de la adopción de lo que Seyla Benhabib llama “universalidades sustitutorias” y que implica la crítica radical del androcentrismo, el etnocentrismo, del eurocentrismo y, como lo afirma Sophie Bessis, de la cultura de la supremacía de Occidente. Habrá de atender a las aportaciones de todas las culturas a un “universalismo interactivo”, pero la lucha, precisamente porque occidente hace un uso despótico y a su medida de ciertos postulados de la Ilustración, la tarea va a contrapelo de curso del mundo. Hemos de ser muy lúcidas y muy tenaces porque a las mujeres nos va todo en que el proyecto ilustrado pueda desarrollarse a escala universal y desde una perspectiva de universalidad… por eso digo que hay que adoptar un trotskismo feminista: el feminismo en una sola región del mundo puede acabar siendo feminismo en ningún lugar del mundo. Se ha dicho que en las alianzas de los feminismos con los movimientos antiglobalización éstos habrían aprendido viejas formas de actuación feminista. Pero, por otra parte, parecen encontrarse actualmente en un cierto impasse. Sería por ello importante seguir manteniendo alianzas en orden a conservar y fortalecer el Estado de Bienestar para las mujeres. No debemos perder de vista que la lucha contra la precarización laboral nos puede hacer retroceder al punto cero… y no digamos las luchas fronterizas, donde se explota el trabajo de las mujeres en las maquilas y donde el deterioro de el tejido social las expone como las presas más codiciadas de las bandas mafiosas.

S. L.: ¿En qué medida puede el feminismo español tender puentes desde Occidente para, como afirmas, “civilizar” el conflicto de civilizaciones?

C. A.: Eso de “civilizar el conflicto de civilizaciones” es una expresión que he acuñado en polémica con el título del libro de Huntington El Conflicto de las civilizaciones… a nosotras nos ha tocado un lugar que no hemos elegido: es privilegiado, por suerte o por desgracia, podemos conocer el fenómeno de primera mano, y necesitamos tener criterios feministas sobre el tema de la inmigración. Está todo el mundo irritado, desconcertado, indignado, pero es aquí donde las feministas nos encontramos en una posición endiablada a la vez que privilegiada para habilitar fórmulas de asunción del proceso. Se habla mucho de los problemas de inserción laboral de los varones, y mucho menos de los de las mujeres, desde la globalización del cuidado hasta el tráfico de mujeres para la prostitución. El multiculturalismo es un gran reto para el feminismo y para nuestra cultura de la igualdad. Para las mujeres especialmente, porque quienes lo mantienen se oponen a socializar a las mujeres en la conciencia y el uso de sus derechos humanos con el argumento de que se les imponen de ese modo esquemas ajenos a sus esquemas culturales. >Por otra parte, en el diálogo de las feministas occidentales y los llamados feminismos islámicos no habría que confundir la tolerancia con la ingenuidad… Tendríamos que centrarnos en qué contribuye y qué no contribuye a la emancipación de las mujeres, apoyándonos críticamente en los criterios que ha decantado nuestra historia y la filosofía, y ello nos pondrá en una posición de mayor legitimidad para hacer la crítica a planteamientos como el de Huntington.

AMELIA VALCÁRCEL

Luz Stella León Hernández.(S. L.) ¿En qué momento de su trayectoria profesional como filósofa se declara feminista?

 Amelia Valcárcel Bernardo de Quirós. (A. V.) De la primera vez que me declaré feminista tengo un recuerdo de contrastes: estaba haciendo tercero de carrera, corrían los primerísimos 70 -podía ser en el 72- y estando en una librería, siendo mi presupuesto limitado, me interesé por un par de libros; uno que se llamaba “la liberación de la mujer” o algo así, que luego resultó ser de un colectivo italiano muy mezclado, y el otro era a propósito de Husserl. Mientras pensaba en cuál de los dos llevarme pasó un compañero de clase y me dijo: “¡no te irás a llevar esa porquería!” – refiriéndose obviamente al de “la liberación…”- y en ese momento decidí quedarme con el libro de “feminismo”, que no se llamaba así todavía. Desde luego le sigo teniendo cierto respeto a Husserl, pues pertenece a la historia del pensamiento pero me dice por lo otro. Yo escribí probablemente una de las primeras secciones fijas de feminismo en un semanario español de muy poca tirada que se hacia en Asturias. Lo que pasa es que firmaba con pseudónimo y tenía 23 años. Si llegan a saber mi edad y que era yo si que no me contratan, de hecho cuando se enteraron me echaron. Digamos que yo ya venía declarada. Para cuando acabé mi carrera lo tenía meridianamente claro, pues ya había hecho colaboraciones en prensa y cosas así muy significativas de lo que entonces se llamaban “movimiento de la liberación de la mujer”. En ese momento el nombre de feminismo no se usaba tanto, simplemente se decía que una era feminista.

S. L.: Entonces, ¿eran tiempos difíciles para declararse feminista?

A. V.: Bueno sí, era más bien la cara con la que te miraban. Recuerdo que tenía un profesor con el que me llevaba muy bien y que cuando me presentaba decía: “ésta es Amelia Valcárcel, muy competente aunque es feminista…” Tenías que ver con qué cara te miraba el prójimo cuando te declarabas feminista. Era como si tuvieras algo que ver con los marcianos; es decir, que habías caído en un grave error ontológico y epistemológico, por descontado. En el error epistemológico te metían otros que empezaban a decir: “¡yo en eso del feminismo no estoy de acuerdo con muchas cosas!” Se erigían en jueces supremos de la realidad, aún cuando no sabían ni que era el feminismo, pues cuando les decías: “cuéntame dos o tres cosas más del tema”, entonces ya no sabían cómo seguir. En definitiva, como bien dices ¡eran tiempos! ¡vaya si eran y qué bien que se hayan ido…!

S. L.: Como filósofa feminista ilustrada, podemos decir jueza y parte en la construcción del feminismo de la igualdad, ¿cuál es la imagen más representativa de esos orígenes?

A. V.: Creo que tanto Celia [Amorós] como yo, pero más gente, hemos tenido mucho que ver con la formación de una teoría que hiciera posible y verosímil una agenda que a la postre vamos cumpliendo bastante bien, lo que es extraordinariamente importante. Un paso determinante fue elaborar la terminología que permitía entender lo que pasaba y poder reinterpretar tractos muy grandes del pasado. Rescatar toda la tradición del pensamiento es fundamental, por lo tanto, había que recuperar y rehacer esa memoria. Otro hito lo marcó el seminario de Feminismo e Ilustración. Para mí fue especialmente importante la primera vez que hablé de feminismo con Celia [Amorós]: era el año 75 y estábamos en un congreso de jóvenes filósofos. Miguel Ángel Quintanilla, que ahora es Secretario de Estado de Educación, estaba sentado entre las dos y le dijo a Celia: “¡oye ésta que está a mi lado es Amelia, pero es feminista! … Ya sabes lo de siempre…”, y yo veo que Celia pone cara de mucho interés y dice: ¡ah sí!, mira, si no te importa… ella y yo tenemos mucho de que hablar! Era la primera vez que yo veía a alguien que ante la elocución ¡pero es feminista! reaccionaba positivamente. Efectivamente empezamos a hablar y hablar toda la noche. Ese fue un encuentro maravilloso. Otro referente es Victoria Camps. Ella y yo hemos mantenido debates políticos, y aunque casi nunca estamos de acuerdo en nada, aún así, nos llevamos francamente bien y eso es lo importante. El grupo de mujeres que estábamos recién llegadas a la filosofía española, tuvimos la suerte de entendernos bien y de trabajar juntas aunque no tuviéramos las mismas posiciones. Creo que eso nos ha dado credibilidad. Teníamos mucha ingerencia de pensamiento de fuera, pero muy mezclado, y había que repensarlo todo. En esta tarea fueron determinantes las recurrentes conversaciones con Celia [Amorós] porque dos cabezas piensan más que una, cuatro ojos ven mejor que dos, etc. Recuerdo una vez que estamos en su casa y nos preguntábamos cómo era posible que en el racionalismo no se hubiera producido un pensamiento feminista. Era evidente que si seguíamos sus características obviamente la distinción bajo el criterio del sexo no podía seguir siendo pertinente. Entonces, intuíamos, aún no sabíamos, que alrededor de Descartes debía haber emergido el feminismo, dadas las características del cartesianismo. No conocíamos todavía la existencia de Pullain de la Barre. Era de imaginar que debía haber existido un rastro teórico feminista, pues la teoría racional lo exigía. Desde luego lo que hemos ido comprobando cada vez mejor es la consistencia entre el feminismo y la Modernidad. Lo que es inconsistente es una versión de la modernidad que siga manteniendo todas las argucias del patriarcado, porque debe hacerlo a un precio epistemológicamente muy caro.

S. L.: ¿Cuál es la relación entre teoría y práctica? y ¿cuál es la función de la teoría feminista?

A. V.: El feminismo en un conjunto teórico explicativo. Siempre ha existido un conjunto teórico que nos explica que lo que se sostiene como normal, no lo es tanto…. En todas las épocas se han vivido las cosas más escalofriantes como normales y a veces como deseables; luego que la gente esté de acuerdo en algo, no es el máximo criterio. Por ejemplo en algunos tramos de la historia la gente ha estado de acuerdo en que la tortura es un método judicial estupendo, luego el consenso no lo es todo. Ahora bien, como la gente vive en su mundo, lo primero que tienen hacer es dar un paso hacia afuera que les permita ver el mundo en su conjunto y así pueda darse el cambio. Sólo los seres humanos cambian, lo que es algo extraordinariamente notable, y cambian porque son capaces de desarrollar artilugios teóricos. El más asombroso es la Modernidad. Ésta esta marcada profundamente nada menos que por acabar con la guerra de religiones en primer lugar y por el descubrimiento completo del planeta en segundo lugar. Este es el momento en que los seres humanos se dan cuenta de dónde viven, de la mano de la geografía, que es la ciencia más importante del siglo XVII. Este es el momento en que podemos decir que empieza la mundialización. Entonces, a la luz de estos cambios vertiginosos hoy sí que podemos decir que nos hemos separado realmente de la naturaleza… Siempre ha habido una percepción de despegue a la que la gente ha llamado “alma”, “espíritu” o ¡no sé qué!…, aun a sabiendas de nuestras limitaciones como seres naturales. Ahora bien, volviendo al tema, el sugerir esa es la función de la teoría feminista, es completar el cuadro, sin ella la mitad o más no se entiende porque muchos de los artilugios teóricos desarrollados son insuficientes, y digamos que la teoría feminista da suficiencia a la pensabilidad del mundo; es decir, la pone en capacidad de… Los mal pensantes pueden decir que la teoría feminista no es más que el precipitado teórico de la voluntad de poder del sexo femenino que adquiere autoconciencia, … Ésta es una manera de verlo, y supongo que hay gente que lo puede ver así -incluso hay gente que no lo puede ver ni así-, pero luego realmente es otra cosa… Es que si la razón es, aún con todo lo que la conocemos, y la conocemos cada vez mejor – a la vernunft no sólo la verstadt…-, el feminismo, en este momento, tiene unas capacidades explicativas sobre las realidades humanas mucho mayor que cualquier teoría que no lo incluya. Esta es la teoría que mejor y más realidades puede explicar; es decir, utilizando un criterio Kuhneano, es mejor aquella teoría que explica más cosas con menos variables; pues bien, al feminismo le pasa eso, es un cambio de paradigma teórico porque tu explicas muchas más cosas con esta variable, así las cosas se entienden mucho mejor. Un ejemplo claro es el actual proceso de globalización; si no incluimos esta variable nos veremos abocados a pensar en cosas como choque de civilizaciones, nada menos, esto con independencia de que haya gente que quiera de cualquier forma chocar. Pero sí que existe un proceso de autoconciencia de las mujeres, pero no sólo como sexo o como género. Este proceso de autoconciencia está llegando donde el feminismo forma parte de él y ya no es sólo autoconciencia; es parte del proceso realmente de la agenda de la humanidad para volverse “humana”.

S. L.: En tantas “sendas de Ilustración” transitadas, la conquista de la individualidad es una tarea colectiva en la que su colaboración ha sido decisiva. Ahora bien, ¿en qué situación estamos? ¿Cuáles siguen siendo los puntos vulnerables del proyecto emancipatorio y universalista feminista?

A. V.: No creo que tengamos puntos de vulnerabilidad distintos a la vulnerabilidad general de la humanidad; es decir, la sostenibilidad. Evidentemente nosotras /nosotros podemos atentar fácilmente contra un orden que es mas frágil de lo que imaginamos. En parte esta vulnerabilidad está vinculada con la economía y con la necesidad de atajar aquellas actuaciones que parten del pensamiento de que los recursos del planeta son ilimitados y que, por tanto, por motivos económicos puede hacerse cualquier cosa. Estos son efectos políticos de la economía de mercado y es un problema grave. Creemos que podemos seguir controlando la economía y en realidad el Estado de Bienestar no es un control, sino que forma parte de esa economía. El problema sigue abierto; por ejemplo las fuentes de energéticas que estamos utilizando son limitadas y sobre todo son conflictivas… Con todas estas vulnerabilidades sólo nos queda preguntarnos ¿qué viabilidad tiene esta humanidad -la nuestra- frente a esos retos? ¿Quién lo sabe? ¿Es la democracia suficiente para controlarlas a falta de unas eficaces instituciones internacionales?

S. L.: A propósito de esto, si hablamos de esa vulnerabilidad universal ¿qué puede decirnos de la vulnerabilidad de las mujeres y su individualidad en sociedades donde predomina lo comunitario?

A. V.: Prevalece lo comunitario porque algunos Estados se han vuelto teocracias, y otras eran sociedades tribales que no habían llegado a ser ni sociedades estatales. Otras sociedades eran, en efecto, teocracias, pero fueron desmontadas. Además, entre las sociedades musulmanas, las hay más poderosas y fuertes -sentadas encima de los recursos energéticos planetarios- y otras son pobres de pedir. Ahí hay una gran falsedad en hacer que todo el mundo se sienta parte de una comunidad de la cuál no se beneficia, con la que no comparte un proyecto común, es decir no hay nada. Si por ejemplo te hacen una mezquita pero no te quitan el hambre, entonces ¿qué va a pasar?. A la larga vas a utilizar el hambre de esa gente contra otros. Por otro lado cada uno puede entender, porque las individuales negocian siempre en un campo de significado donde hay otras individualidades, que lo que haga una individualidad no nos tiene que sorprender nunca porque una individualidad nunca es una prueba contra una generalidad. Aquí hay que ser partidario de Durkheim. Habrá musulmanas que se pongan el velo y digan que lo pasan estupendo y eso ya no nos sorprende. Sabemos que la individualidad negocia dentro de un panorama de individualidades, pero lo que realmente a nosotros nos interesa es saber por qué se desarrolla el integrismo y con qué dinero; por ejemplo: ¿a ti te parece normal que el presidente Chávez esté en este momento visitando a Ahmadineyad y haya dicho que sus proyectos coinciden? ¡No tiene ningún sentido!

S. L.: Como feminista, filósofa y catedrática ¿qué avances significativos puede resaltar en el ámbito académico y cultural después de tantos años de arduo y constante trabajo no siempre reconocido?

A. V.: La normalización relativa del tema como tópico filosófico -tópico en el sentido de un lugar, un topos-. Desde luego hemos logrado enormes avances en la agenda política, porque yo creo que en España se ha dado una sinergia especial que ha resultado excelente entre las personas que nos dedicábamos y nos dedicamos a la teoría feminista y las personas que estaban decididamente metidas en política. Podemos decir que se ha hecho bien gracias a nuestro acuerdo y nuestro trabajo juntas desarrollado durante décadas y realmente podemos decir que hemos logrado crear grandes grupos de sinergia, de redes, de entendernos para llevar cosas adelante. Lo más importante del feminismo es interrumpir la dinámica del patriarcado que consiste en separar a las mujeres. Hay que concederles que el patriarcado ha sido bastante listo en eso de separarlas y hacerles que se odien, que sea muy difícil que colaboren; pues bien, aquí, por el contrario, nosotras hemos logrado trabajar conjuntamente y a veces pasando por encima de muchísimas cosas que separan a la gente. Hay que seguir haciéndolo, pues es la única forma para llegar a acuerdos de mínimos siempre que se pueda. Yo creo que, además, la democracia es un suelo común suficientemente amplio porque permite plantear muchas cosas. Sin ella todo es mucho más difícil; la democracia es una fantástica e inevitable aliada. En ausencia de democracia puede haber feminismo, pero éste siempre tendrá que existir poco menos que en las catacumbas.

S. L.: ¿Hay recambio generacional en el feminismo español? ¿Cuál es la deriva del mismo en comparación con el resto de los feminismos mundiales?

A. V.: Ojalá sean muchas y muy listas porque la tarea es ingente y no se juega sólo aquí. Nos queda mucho por hacer, tenemos para rato nosotras y las que nos sigan… Estoy convencida de que tiene que haber ese recambio, pero antes que recambio lo que tiene que haber es una sinergia intergeneracional. Creo que hay mucha gente valiosa. La tarea del feminismo en español es importantísima porque somos, al fin y al cabo, una de las grandes comunidades mundiales planetarias. No todas las comunidades, y eso que a veces son extraordinariamente fuertes, tienen una comunidad planetaria detrás, nosotras sí. Pienso que toda esa área cultural, de alguna manera, es nuestra responsabilidad y cuando hago algo no me siento especialmente diferente, o especialmente de aquí, compartimos códigos culturales. El feminismo español tiene un compromiso con el feminismo de América obviamente, pero, por otro lado, nosotros tenemos delante África y eso es una urgencia total. Está ahí delante produciendo una problemática que tenemos que solucionar con urgencia.

S. L.: ¿Cuál es el balance de los últimos años de feminismo español?

 A. V.: Sin duda hay un balance extraordinario en leyes, en política, en paridad. Eso sí con muchos tramos abiertos pero bien analizados como para saber cómo se puede seguir avanzando. Además, también podemos hacer un buen balance en el ámbito social. La gente normal también ha cambiado su forma de pensar el mundo. El feminismo ha logrado una cierta difusión y se ha vuelto –o se está volviendo, a lo mejor soy demasiado optimista- una “marca” normal de la democracia. Ya se puede hablar del feminismo de una forma corriente y dar la versión de las cosas sin que se produzcan desencuentros y cuando una cosa se entiende es que esta normalizada.

S. L.: Como vosotras nos habéis enseñado el feminismo implica una transformación en las relaciones de poder: ¿se percibe un cambio real y/o simbólico en el ejercicio del poder de las mujeres?

A. V.: El ejercicio de poder sufre un cambio a medida que se normaliza, pero se normaliza sólo cuando es prioritario. Si el ejercicio del poder no alcanza lo paritario las mujeres tienen la tentación de la sobreactuación. Eso es evidente, y en la sociedad queda la tentación de la sobre-mirada. Sólo cuando el ejercicio del poder es paritario y lleva un tiempo, entonces, es normalmente asumido; es decir, cuando deja de ser relevante quién hace qué. Sí hay repercusión en la estructura social, lo que pasa es que hay otros muchos agentes sociales que deberían tomarse su trabajo más en serio, porque yo veo que la meritocracia no sigue funcionando igual en el caso de las mujeres, ya que éstas alcanzan sus metas mucho más tarde y peor aunque tengan la misma formación. Efectivamente cuando hablamos de la realidad social estamos hablando de un conjunto, tienes que ir viendo en cada caso dónde las cosas fluyen mejor y dónde no.

S. L.: Hoy en España tenemos un gobierno paritario y una política de igualdad de género: ¿Con qué argumentos “fuertes” contamos para legitimar ese poder emergente de las mujeres? ¿Contamos con una infraestructura institucional, teórica y política para mantenernos y avanzar en esas posiciones alcanzadas?

A. V.: Sí que tenemos una infraestructura de “esa” teórica y es bastante sólida. Creo que estamos bien abastecidas; sin embargo, aún nos falta abastecernos de consenso, porque entiendo que sólo cuando todas las fuerzas políticas en presencia comparten objetivos, este objetivo está asegurado. Pero al día de hoy no sé si todas esas fuerzas políticas comparten todos los objetivos de la agenda feminista, tal y como se está desarrollando el gobierno del PSOE… Me gustaría que así fuera pero no estoy segura, hay algunos sectores por ejemplo el PNV que sí ha hecho una ley de igualdad que está muy bien, mientras que en Cataluña no lo veo tanto, pues no se ha hecho el mismo esfuerzo que en el PNV. Por otro lado tampoco lo veo en el PP que no parece “desvivirse” por entender el asunto. Creo que el Partido Popular más bien entra en una estrategia de visibilizar pequeñas disidencias, utilizándolas puntualmente, por ejemplo en la ley de matrimonios homosexuales; es decir, dice que está en contra y luego visibiliza alguna pequeña disidencia pero con “mucho aparato”. Tampoco veo que el PP este promocionando realmente a sus propias mujeres, más bien algunas tienen suficiente fuerza para promocionarse a ellas mismas y adquieren visibilidad, pero no forman parte de toda la estructura del propio partido. Esto no nos da confianza porque en una democracia siempre hemos de pensar que hay alternancia, por lo cuál me gustaría ver que el partido principal de la oposición tiene unas posiciones democrático-feministas más decididas. El PSOE fue el primero en introducir el sistema de cuotas, que entonces se llamaba así y que ahora más bien se denomina paridad. La ley de igualdad que se presenta, junto con otras leyes parecidas, inciden sobre todo en el cambio de moral. Lo que pasa, otra vez, es que hay otras instituciones -que no son los partidos políticos- que tampoco se “desviven” por el cambio -la Iglesia por ejemplo-. Si insistes en que la familia tradicional es muy buena y cosas en esa línea está claro que cada vez que la gente habla de la familia se refiere a las mujeres y a qué lugar ocupan y a qué es lo que tienen que hacer; pero no tenemos que tener la idea de que aquí vamos triunfando. Cada pequeña victoria es fuerte y dura de mantener porque hay instituciones que son sumamente reacias al cambio.

S. L.: ¿Cree que los cambios que introduce el PSOE se presentan con suficientes apoyos presupuestarios para ser eficaces?

A. V.: Creo que sí, pero eso ya es política económica. Lo que pasa es que hay Estados de Bienestar más desarrollados en Europa. Aquí hemos heredado un cierto Estado de Bienestar pero no olvidemos que implementarlo tiene un límite presupuestario. Evidentemente una política que no contempla un presupuesto suficiente es “una manera de hablar”. Yo me cercioré de la importancia y del peso del presupuesto cuando tuve que hacer una gestión pública y a veces tengo que recordarles, a su vez, a nuestros amigos filósofos, que el presupuesto es “la verdad” del apoyo. Volviendo al tema creo que sí hay apoyo. Las leyes creadas tienen que tener su presupuesto y tendrán sus memorias económicas, y sobre todo es necesario incidir en algunos sectores porque, por ejemplo: ¡fíjate como se han puesto los empresarios diciendo que la ley de igualdad se “cargaba” la concertación social!. ¡Es que por favor!, miremos cómo está la gente y a quién tenemos… ; parece que los empresarios están de acuerdo en que las mujeres seamos quienes ayuden a mantener el nivel de consumo. Para conseguir las cosas que nos venden tenemos que ser dos; es decir, ahora las mujeres no es que elijamos quedarnos en casa o salir a trabajar, sino que tenemos que salir a trabajar para mantener el modelo de sociedad impuesto, pero fuera no nos protege nadie y los empresarios los que menos… Entonces esta protección ha de recaer en el Estado, pero cuidado que éste no tiene que cargar con las responsabilidades empresariales. A este nivel nos están pasando muchas cosas, pues por ejemplo la tasa de natalidad es reflejo de lo que opinan las mujeres de “lo seguras” que se sienten en su empleo. Es el mejor indicador de la situación laboral de las mujeres.

S. L.: ¿Seguimos teniendo problemas con la solidaridad, con el “nosotras”?

A. V.: Hay un “nosotras” cada vez más autoconsciente; es decir, a ese “nosotras” ya no pertenece únicamente un grupo teórico o un grupo más militante. Este “nosotras” empieza a pertenecer a una población difusa pero completa de las mujeres y no solamente en Occidente… Todas nos sentimos ofendidas cuando se ofende a una, antes todas sentíamos miedo cuando alguna era atacada, ahora todas sentimos indignación. Esto es importante porque el mundo está lleno de lugares en donde las mujeres apenas tienen voz, apenas se atreven a salir, ni hablar, ni a nada. No están autorizadas. Y aún algunas de esas mujeres hoy empiezan a pensar que, después de todo, el mundo puede ser de otra forma y se sienten partícipes con otras… Yo sí que lo he visto y por eso nos venían tan bien las reuniones internacionales, aunque se discutiera mucho. Me extraña que Pekín haya sido seguido de Pekín+10 y no realmente de un gran encuentro internacional que tendría que haberle seguido un encuentro del mismo nivel, de la misma naturaleza y relevancia… Este último no ha sido del mismo nivel de Beijín. Cada diez años la ONU está comprometida, cuando toma un encuentro de un determinado nivel, a repetirlo y éste, por el contrario no lo ha repetido. Se ha limitado a convocar otra reunión de un nivel menor. Otro ejemplo es la conferencia siguiente del Cairo no se ha repetido este año. Por consiguiente me parece que la agenda internacional nos importa mucho, porque ahí no nos están dejando avanzar a la velocidad que necesitamos y la única manera que encuentran es impedir que estas reuniones tengan el nivel requerido, como ha pasado con la Agenda de Población. La agenda internacional es importantísima porque el mundo se globaliza y si las mujeres no formamos parte de esa agenda, nuestra agenda particular, la feminista no se hace. Para nosotras es fundamental atraer a las instituciones internacionales, porque el feminismo es un internacionalismo de verdad, no de la intención, no de la cabeza; es decir, o la liberación de las mujeres se da en todas partes o no se da, porque siempre puede haber involuciones, como lo hemos podido comprobar en recientes períodos históricos no tan lejanos. La medida de una sociedad según decía Montesquieu es la medida de la libertad que tengan sus mujeres.

S. L.: ¿Cuáles son las perspectivas actuales y de futuro del discurso feminista?

A. V.: El discurso feminista debe hacerse más experto, ramificarse hasta alcanzar saberes muy estrictos sobre asuntos muy puntuales. La acumulación de saberes específicos sobre las mujeres ha de parcializarse, especializarse y volverse discurso experto en cualquiera de las disciplinas. Y lo más difícil, el desafío es saber elevar esto a generalidad, porque lo lógico es que un saber se parcialice y avance y tiene que haber alguien – yo diría una “alguna”- que re-genere un discurso que se está volviendo sabiduría y no sólo simplemente discurso.

S. L.: ¿Cuáles son los retos para el feminismo ilustrado como movimiento social, si tenemos en cuenta la globalización y la realidad cambiante?

 A. V.: Los retos para el feminismo ilustrado como movimiento social son nada menos que poder hacer que el mundo sea viable porque hay muchas cosas amenazadoras en el mundo presente y el feminismo necesita diversas plataformas desde donde poder hablar y mucha gente con la que dialogar; además, insisto en que las plataformas internacionales son absolutamente necesarias. >Respecto a la globalización y la realidad cambiantes necesitamos contar con mucha más información. Por ejemplo yo apenas sé -y eso porque me procuro sistemáticamente noticias- lo que pasa con las mujeres de Asia, de la India, o del Extremo Oriente, etc. A pesar de que contamos con los índices sociológicos nos hace falta oír esto de viva voz y conocer quién piensa esas cosas en estas sociedades. Creo que las mujeres todavía tenemos un severo problema de movilidad, mientras que los varones lo han tenido más fácil. Ellos han ido a más sitios, tienen unos peligros diferentes que los nuestros, son mejor recibidos y tienen un lugar, digamos de recepción que está más hecho. Las mujeres seguimos estando más pegadas a la tierra y este síntoma importa. Cuando tienes que saber lo que pasa lo mejor es ir a los lugares y encontrar a la gente adecuada que te pueda informar, pero esto no es nada sencillo porque todavía el mundo sigue siendo hostil a la movilidad de las mujeres.

S. L.: ¿En qué medida puede el feminismo español tender puentes desde Occidente para, como afirma Celia Amorós, “civilizar” el conflicto de civilizaciones?

 V.: No sé si estamos en la mejor posición, creo que estamos mejor colocadas de cara al área que habla español. Creo que tenemos que comprometernos radicalmente con el desarrollo de la democracia y de la seguridad en la mayor parte de los países, de nuestros países hermanos. Las mujeres no pueden vivir bien en países que no tengan asegurada la democracia y la paz. Ellas sufren siempre las mayores consecuencias de la violencia que les hace regresar a sus papeles más primarios. Cada día me despierto aterrada con lo que pasa en Irak, no sé cómo se vive en un territorio donde hay cien muertos en atentados todos los días. No sé como esa gente saca fuerzas para salir cada día de casa con la incertidumbre de si volverá. Lo que sí sé es que las mujeres de esa sociedad no pueden hacer otra cosa que preocuparse todos los días por la supervivencia. La violencia, el sufrimiento y las restricciones a las que se ve sometida la mujer en las situaciones sin control les afecta aún en mayor medida porque somos las más débiles, y no tengo problema en reconocerlo públicamente… En los países musulmanes habrá de todo: ciudadanos y ciudadanas que estén de acuerdo con la existencia del paraíso, y cosas por el estilo. Pero lo que a mí me importa es que hay unas élites que tienen un discurso; lo que tenemos que atender es a su discurso sobre las mujeres; atender, por otro lado, a lo que dicen las mujeres de esas élites y observar lo que realmente pasa en la calle. De la misma forma es necesario atender a lo que piensan las mujeres de la calle y a los discursos que construyen de esa situación y si pueden tomar distancia. Es fundamental estar atentas a la situación socio-política de países como Irán, donde hay una tiranía religiosa instalada desde hace varios años que produce en la población sufrimiento y que, por lo visto, se refleja en el aumento de enfermedades mentales de pequeño calado…. Seriamente hablando cualquier integrismo religioso propone un modelo vital que es inhabitable para un ser humano “bien constituido”. Si ese ser humano se ve obligado a vivir en un medio fundamentalista y además “hace como que la habita” es a su propia costa, ya que esta actitud va pudriendo por dentro porque obliga a vivir una vida hipócrita, -a no ser que se vuelva él mismo fundamentalista y empiece a tergiversar todas las interpretaciones, digamos, “saludables” de la realidad y empiece a creer que todo es al revés de cómo es en realidad; es decir, que lo blanco es negro y viceversa- Eso tiene unos costos enormes. Yo creo que hay que entenderse con una plataforma de humanidad y de sensatez de la que naturalmente el integrismo está ausente. Siempre hay que intentar hablar y dialogar en un conflicto, ya sea bélico o de ideas, lanzando puentes hacia los sectores o los elementos más moderados. En ese caso ¿qué podemos hacer nosotras? Pues lo que estamos haciendo casi más que nadie… No creo que las culturas puedan hablar en pie de igualdad, puesto que culturas por sí mismas no son nada. Las culturas son construcciones, no hablan. Hablamos todos a través de una lengua común, la interlingüa de valores creada por el laicismo y la Ilustración. Debemos apelar al Humanismo y a la compasión puesto que sin ello no se va a ningún lado. En realidad este mundo se mantiene por la compasión. La compasión a la que me refiero es más que ponerse en el lugar del otro, pues además de ver lo que le pasa al otro y entenderle, es una disposición moral. Estoy convencida de que en este mismo momento en algún lugar de la tierra alguien que está en posición de hacer un mal, o que puede hacerlo y no lo hace, está pensando: “vale, puedo hacerlo pero no lo voy ha hacer”, y no por miedo, sino porque no quiere hacerlo por compasión. Y eso es lo que hace que ésto siga funcionando.

Notas biográficas

Celia Amorós Puente es Filósofa, valenciana, Catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Es un referente filosófico y feminista, ha dedicado su esfuerzo en la lucha por la igualdad. Preocupada por crear escuela y ampliar el campo de acción teórico y práctico del feminismo ha sido profesora visitante en varias universidades europeas y americanas. Ha sido Directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid; coordinadora del Seminario Permanente “Feminismo e Ilustración” del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense; directora del curso “Historia de la teoría feminista” del Instituto de Investigaciones Feministas del la Universidad Complutense de Madrid, entre otros. Es autora, entre otros libros de: Hacia una crítica de la razón patriarcal (3ra. Edición, Anthropos, 1991); Tiempo de feminismo. Sobre Ilustración, proyecto ilustrado y postmodernidad (Cátedra, 1997); oFeminismo y Filosofía (2da. Edición Síntesis, 2000); Feminismo: Igualdad y diferencia (PUEG, Universidad Autónoma de México. Reimpreso 2001). También se ha especializado en el pensamiento ético-político de Jean Paul Sartre en su segundo período y obras póstumas, así como en la historia del existencialismo. En este campo destacan sus obras Sören Kierkegaard o la subjetividad del caballero (Anthropos, 1987) o Diáspora y Apocalipsis. Ensayos sobre el nominalismo de Jean Paul Sartre (Alfons el Magnànim, 2001);. Esta en prensa Sartre. Introducción y Antología de textos . Es editora entre otros libros de: Feminismo y Filosofía, (Madrid, Edit. Síntesis, 2000); Introducción y edición del número monográfico Ética y Feminismo. Isegoría. (Revista del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, nº 6, Madrid, nov. 1992); Teoría feminista: de la Ilustración a la globalización (3 Vol.), (Madrid, Biblioteca Nueva, 2005) En el 2006 ha sido premio nacional de ensayo por su obra:La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias… para la lucha de las mujeres, (Madrid, Cátedra, 2005) y además ha recibid un reconocimiento por su trayectoria en “lucha por la igualdad” en su tierra natal Valencia.

Amelia Valcárcel y Bernaldo de Quirós, valenciana, filósofa y feminista. Es un referente teórico en el feminismo español y en la lucha por la igualdad. Se Licenció en Filosofía por la Universidad de Valencia en 1975 y se doctoró en Filosofía en la Universidad Nacional de Educación a Distancia en 1982 . Sintetizar sus múltiples actividades es sumamente difícil ya que estás abarcan un amplio abanico que va desde su actividad académica, intelectual y cultural hasta la política. Académicamente destaca que ha sido Catedrática en Oviedo hasta que en el verano de 2006 se incorporo como catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED. Este mismo año es nombrada miembro del Consejo de Estado. Es Patrona del Museo del Prado y de la Biblioteca Nacional, y Jurado de los Premios Príncipe de Asturias y otros premios internacionales. Pertenece a varios Consejos Editoriales, Comités científicos y editoriales, Dirección de Revistas, etc. y ha coordinado dirigido y presidido un gran número de congresos, seminarios, entre otros. Conocida articulista y conferenciante, por ejemplo para reseñar alguna de sus últimas conferencias podemos citar la XV Edición de las Conferencias Aranguren de Filosofía, Instituto de filosofía, CSIC, Residencia de Estudiantes, que ella titula: Vindicación del Humanismo” (1.El tejido del mundo; 2. Multiculturalismo y ciudadanía global; 3. El feminismo es un humanismo, informado.) Mayo de 2.006. Como autora ha publicado: Hegel y la Ética (Anthropos, Barcelona 1988); Sexo y Filosofía, sobre “mujer y “poder” (Anthropos, Barcelona, 1991, Segunda Ed. 1993; Del miedo a la Igualdad (Crítica, Barcelona, 1993); El concepto de Igualdad (Ed. Pablo Iglesias, Madrid, 1994; La Política de las Mujeres (Cátedra, Madrid, 1997, 2ª ed. 1998, 3ª ed. .2004); Ética contra Estética (Crítica, Barcelona, 1998); Rebeldes (2000); Ética para un mundo Global: Una apuesta por el Humanismo contra el fanatismo (Temas de Hoy, Madrid, 2.002)

Luz Stella León Hernández, Nació nacida en Bogotá, realizó sus estudios universitarios en Uruguay, país que la acogió durante largos años y en el que se licenció en Sociología por la Universidad Nacional de Uruguay en 1996 -título homologado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia en 2001-. Realizó sus estudios de postgrado en Derechos Humanos, obteniendo el Grado de Suficiencia Investigadora en la Facultad de Filosofía de la UNED, bajo la dirección de Dña. Celia Amorós Puente con la Tesina “Antropogénesis cultural de la división de Espacios patriarcal”. Actualmente es becaria predoctoral del Departamento de Filosofía, Filosofía Moral y política de la UNED, pertenece a los grupos de investigación de “Filosofía Política” dirigido por Fernando Quesada y al grupo “Feminismo, Ilustración y Multiculturalidad” dirigido por Celia Amorós Puente. Es además investigadora del proyecto I+D No. 36/03 “Feminismo Ilustración y multiculturalidad: procesos de Ilustración en el Islam y sus implicaciones para las Mujeres” cuya directora principal es Celia Amorós, financiado por el Instituto de la Mujer. Ha sido la Coordinadora del Primer Encuentro Internacional de Investigadores e Investigadoras Feministas “Feminismo, Ilustración y multiculturalidad” celebrado en la UNED, en noviembre de 2006. Sus trayectoria profesional y académica abarca desde sus primeros trabajos de campo e investigación en Ongs de Derechos Humanos y Desarrollo y sus asesorias en el área económica para el MERCOSUR y su labor docente en Sociología laboral hasta su posterior especialización teórica e investigadora en los Derechos Humanos y, finalmente investigadora doctoral en torno a la Teoría Filosófica Feminista y la Teoría Política de la paz.

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