EL PAÍS  –  Opinión – 18-06-1990

Cuando hemos leído y escuchado las declaraciones del vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, don Manuel Peris, sobre los “usos sociales de machismo trasnochado”, pero muy arraigado en la sociedad española, que vendrían a explicar las resoluciones judiciales denigrantes para la mujer y de las cuales se avergüenza (EL PAIS, 7 de junio de 1990), hemos recordado el congreso que celebró la Federación Internacional de Mujeres Abogadas (FIDA) en septiembre de 1989.En ese congreso -al que asistimos en representación de la Asociación de Mujeres Juristas Themis- presentamos una ponencia sobre la Mujer y el poder judicial, que se discutió durante un día en la primera comisión. Entre otras, esta comisión aprobó, por unanimidad, la siguiente conclusión: en atención a que en la actividad jurisdiccional, inevitablemente, influye la mentalidad de los jueces, creemos importante establecer mecanismos para acercarnos a la realidad social, cultural y política de nuestra sociedad.

Con gran sorpresa e indignación nos encontramos en la sesión plenaria con que Isabel Tocino, que presidía, declaró en forma solemne que rotundamente se oponía a que se votara esta conclusión a que había llegado la primera comisión, sosteniendo que no podía tolerar, como presidente, que se pusiera en cuestión la relación entre la mentalidad de los jueces y sus resoluciones. Esta actitud de la persona que organizó el congreso, que nos invitó, a quien enviamos nuestra ponencia, que la repartió a todas las congresistas para que la discutiéramos, suscitó un grave problema en la sesión plenaria y optamos por retirarnos.

Constituye para nosotras una gran esperanza de cambio el reconocimiento que el representante de la más alta autoridad del Poder Judicial ha hecho de esta verdad y de la necesidad de dar solución a esta asignatura pendiente sobre la formación de los jueces, en la que esperamos se incluyan estudios psicológicos y sociológicos que les permitan conocer más a fondo el medio social en que van a recaer sus decisiones. El aislamiento de los jueces no contribuye a su independencia -como erradamente se ha sostenido -, sino que provoca disfunción entre el sentir de justicia de la comunidad y las resoluciones judiciales que no la interpretan, acorde con el espíritu democrático que las ha inspirado.

La aplicación de la ley y la Constitución a la mujer sin respetar el espíritu democrático e igualitario que inspira a nuestro legislador, ha sido denunciada por cientos de abogadas progresistas en los eventos celebrados en los últimos años.- y dos firmas más.

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