Fuente: Fundación Carolina

Hay cincuenta mujeres ocupando la sala. Pertenecen a los ámbitos más variados, la academia, la política, los sindicatos, los movimientos sociales; son iberoamericanas y españolas. Van a trabajar durante cinco días para poner en común problemas, análisis, referentes y una agenda, la de la Igualdad. Toda reunión comienza con un proyecto, y aun antes del proyecto siempre hay una idea. Y las ideas tienen bases más o menos amplias. La Comunidad Iberoamericana es una de las bases más amplias con la que se pueda contar, la cuarta a nivel mundial. Pero sólo es así si hablamos de la lengua común y nosotras tenemos muchas más cosas en común.

Cada una, una reconocida capacidad de impacto y un sólido currículo feminista. En otras palabras, liderazgo establecido o futuro, porque la manera en que se reconoce a una mujer líder es, en gran parte, analizando primero la gran agenda del desarrollo y observando quiénes se sitúan en el efectivo trabajo de llevarla adelante. Las mujeres, aunque pese decirlo, todavía son en muchos lugares el futuro, no, como sería lo justo, la mitad del presente. Por lo tanto los objetivos de estas reuniones parten de uno previo: reconocer y reunir a esas mujeres y darles una plataforma de encuentro, un cálido y firme apoyo en lo que vienen haciendo, aprender de ellas y con ellas, hacer red. Vienen una de cada país y tienen edades muy variadas, o, dicho en términos más plásticos, el cabello de todos los tonos. Algunas ya han estado en España, para otras es la primera vez, pero vienen porque lo que podamos hablar y hacer les interesa, como les interesan la democracia española y sus avances en la Agenda de la Igualdad. Vuelan separadas, volamos, cada una con nuestros pensamientos y comenzamos todas a reunirnos una tarde antes de la sesiones efectivas. Es siempre algo delicado para las españolas explicar qué queremos, porque es muy nuevo: queremos cambiar los énfasis con Iberoamérica y tomar a nuestras iguales completamente en serio; queremos ayudar, pero tenemos que saber en qué y cómo; y hay que transmitir que es del todo cierto que queremos aprender. Sabemos que podemos ir juntas y que en algunos sitios lo tienen menos fácil. No hemos sido cooptadas de las redes clásicas, de las grandes familias, de los recintos privadísimos del saber. No, todas somos, bien al contrario, demócratas de base. Eso también lo tenemos en común. Incluso poder verse no es tan fácil. Aunque algunas se conocen —de leídas, por reuniones, por referencias comunes—, en ocasiones no se han visto o no se han encontrado en bastante tiempo. Todas formamos un grupo que es nuevo y hay que fraguarlo. Los caminos de nuestra cooperación hace muy poco que contemplan la agenda de género, de modo que lo imprescindible es crear confianza, confianza en que se va en serio. Cada una tiene su experiencia, su modo de ordenarla, su catálogo de asuntos pendientes en lo que a las mujeres toca, porque las situaciones de Iberoamérica también son variadas. Lo primero es hacerse con un lenguaje, con un diccionario, común. Aunque en nuestra Comunidad no es cierta la sentencia de Wilde, “Inglaterra y Estados Unidos son dos países idénticos, excepto la lengua, que es lo que los separa”, algo hay; por ello, cada una hace un esfuerzo para entender lo que la otra dice y a qué se refiere. Como, sin embargo, el nivel es muy alto, siempre quedan las indicaciones comunes a las Declaraciones y los Documentos previos, de modo que se pueda ir caminando. Unificamos lenguaje y referencias, lo primero.

Así, las agendas se van poniendo en hora, en paralelo, para poder también presentarlas con una metodología sencilla. Vamos adquiriendo confianza mutua; nos vamos oyendo. En alguna parte he escrito que la conversación de nosotras las mujeres ha mejorado mucho desde que el patriarcado no nos ahoga tanto. Y es un enorme orgullo, placentero además, escuchar tantas voces autorizadas desgranando lo que ocurre en cada país, cuáles son los retos, qué pudiera hacerse. Como además las historias de vida son tan diferentes, pueden sentarse e intercambiar datos y opiniones mujeres que normalmente no lo podrían hacer, dado lo parcializado que está el mundo. La gente de la política con la de las artes, la de los movimientos sociales con la de la academia, la de las instituciones internacionales con la de la cultura; el feminismo actúa de masa crítica y denominador común. Porque su agenda es todavía muy extensa. Y el intercambio funciona. Por lo general, y acabado el primer día de trabajo, las miradas se transforman. Allí hay algo, algo que quiere existir, amistad y respeto mutuo. Y ánimo, comienza a haber mucho ánimo. Y nos vamos al Museo del Prado.

Los temas son muchos y hay días para ellos: cooperación, leyes, avances en igualdad, paridad, derechos sexuales y reproductivos, violencia, saber… todos abordados mediante sesiones de estudio, exposición y debate. Los conducidos a la par, una española que expone el camino aquí recorrido y cada una de las invitadas que relatan el suyo. Luego se hace un resumen entre las moderadoras, también una de cada lado del Atlántico. Se pretende, es claro, lograr unificar las agendas a uno y otro lado, pero también la manera de presentarlas: su orden, prelación, lenguaje, referencias, etc. Por una parte intentamos mostrar y explicar los logros españoles y poner en común terminología, debates, referencias y estrategias. Por otra, conocer y aprender de Iberoamérica. Los días resultan muy intensos porque las sesiones de trabajo y estudio se completan con la visita y conocimiento directo de las instituciones y de una serie de personalidades españolas especialmente relevantes: Vicepresidenta del Gobierno, Presidenta del Tribunal constitucional, Secretaria de Estado de Cooperación, Secretaria de Estado para Iberoamérica, Presidente de la Junta de Andalucía, Secretario de la SEGIB, Presidenta de la Comisión de Igualdad Congreso-Senado, Secretaria de Igualdad, Ex Presidente del Gobierno, Directoras de la Fundación Carolina y del Instituto de la Mujer, Directora del Instituto Andaluz de la Mujer, periodistas, asociaciones feministas, sindicatos, agrupaciones expertas en género, académicas, líderes sociales, en fin, una representación lo más nutrida posible de Gobierno, Parlamento y Juridicidad que de clara imagen de los cambios operados en España en cuanto a Igualdad, del camino recorrido, su metodología, sus desafíos, y de sus actores principales.

Vamos conociendo espacios, Madrid, el Parlamento, Moncloa, la Casa de América, Sevilla, su Parlamento, la calle.. A veces parece que la ciudadanía compartida se toca con los dedos. La gente se implica; las asociaciones se implican; las personas de la Fundación Carolina que ayudan en todas las intendencias también se implican. Y yo conozco que voy a pasar el resto del año acordándome de que este espíritu no se pierda; realizando pequeñas comunicaciones, haciendo que la red se sienta viva. Nosotras queremos a nuestra gente y, si bien la política necesita de plazos largos para dar frutos duraderos, como lo será una buena red de mujeres en los campos más distintos pero vinculadas entre sí y con nosotras por un suelo común de ideas, nosotras sabemos que tenemos que darnos prisa porque lo nuestro es urgente y más frágil. Pese a las resistencias que se le quieran oponer, el movimiento de las mujeres seguirá avanzando y lo hará preferentemente en esa parte tan complicada de Occidente que es Iberoamérica. Queremos hacer el camino juntas. Sabemos una cosa fea de decir, pero muy cierta: que el machismo mata, empobrece y atonta. Y no nos resignamos a verle conducir ni la política ni la vida cotidiana de nuestros países.

Hay cosas que nos levantan la moral. En el segundo encuentro vemos mucho más cerca los objetivos del primero. Ya tenemos red y vamos teniendo resultados. No es poca cosa que Enrique Iglesias se haya comprometido a elaborar una Agenda Iberoamericana para la Igualdad y que en los foros de la sociedad civil previos a las Cumbres nuestras voces y discurso vayan a estar presentes, como nos planteamos ya en el primer encuentro, sino que además hemos conseguido una declaración de Primer Nivel, de los Jefes de Estado, en la que afirman su compromiso con la promoción de políticas de igualdad, la erradicación de la violencia de género y la protección eficaz de los derechos de las mujeres. También nuestra cooperación ha trabajado bien: tendremos nuestra agenda en ella, con decisión y apoyo. Igualdad real, libertad y dignidad de las mujeres; democracia feminista: esa es la clave de muchas cosas en el mundo presente.

Oviedo, noviembre de 2006.

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