Hace menos de un año tuve el honor de haber sido invitada por el Instituto Nacional de las Mujeres de la República de México, a participar como conferencista en el Primer Seminario Internacional de Cultura Institucional en el cual tuve el placer de participar. Con gran gusto y mayor compromiso acepté participar en este segundo Seminario, que refleja la voluntad del INMUJERES de convocar puntos de vista que permitan incrementar la eficiencia de sus acciones en este plano. Quiero expresarles públicamente mi gratitud por su distinción.

Como en el anterior, las y los amables organizadores me pidieron desarrollar una serie de temas que fijaron previamente como aspectos a desarrollar en la conferencia y me he ceñido a ellos, interpretando el interés institucional de mis anfitrionas. Los temas solicitados giraron en torno a ciertos asuntos sustantivos como la definición de lo que es una institución generificada, los modelos de gestión institucional, las estrategias para incorporar el enfoque de igualdad en las políticas institucionales y los cambios que supone en el orden organizacional. Una agenda temática amplia que trataré de articular en todos sus componentes en el breve tiempo del que dispongo.

I.- ¿Cómo es una institución pública generificada?

Esta es una pregunta que exige alguna aclaratoria previa sobre el término “generificada”. Lo primero que debemos anotar es que este calificativo es un neologismo originado en el interés de traducir al español el término ingles “gendered”. También en español, se habla de “generizado” para significar lo mismo.

En ingles se aplican los términos “gendered” y “engendering”, este último para aludir al proceso de poner en clave de género el discurso o la acción que se aplica. Por otra parte, si hablamos de “instituciones generificadas” o “instituciones generizadas” como prefieren otras y otros autores, podemos estarnos refiriendo a dos operaciones analíticas: a) Podemos hablar de Instituciones generificadas y el interés estará centrado en descubrir o conocer cuáles son las claves de género que dominan su estructura y funcionamiento; b) pero igualmente, a menudo, se emplea la misma expresión para referirnos a aquellos casos donde se pone en marcha o se aplica un proceso de cambio institucional inspirado en propósito de lograr la igualdad de género. Son dos diferencias sutiles que debemos tomar en cuenta para estar seguras y seguros de cuando nos estamos refiriendo a una u otra.

Por otra parte para responder la pregunta inicial: ¿Cómo es una institución pública generificada?, me siento obligada a retomar las ideas que expuse brevemente al final en mi conferencia del pasado año, es decir, me debo comenzar aclarando lo que podemos entender por instituciones y sus componentes para poder comprender su generificación. Por otra parte debo aclarara que las ideas que voy a exponer en esta intervención constituyen la parte central de un libro que estoy por terminar sobre la institucionalización del enfoque de género en políticas públicas.

Tal como señala Prats, “las instituciones no son cosas, su existencia es meramente abstracta, no tienen objetivos, aunque cumplen importantes funciones sociales”, y los patrones normativos, políticos y de interacción, así como los productos (servicios, bienes) que generan integran, reflejan y están marcados por:

a) Un propósito principal relacionado íntimamente con algún valor social que ha sido producto de acuerdos políticos o consensos culturales, que reflejan una manera o forma de interpretar las necesidades de las personas que son afectadas por sus acciones.

b) Un conjunto de reglas, normas, procedimientos y estructuras dirigidas a perpetuar los intereses, los paradigmas culturales identitarios y organizativos y las creencias y conocimientos que validan el valor sustantivo acordado o consensuado

c) Una concepción y contenido de los servicios y bienes que ofrecen para dar respuesta a las necesidades concebidas como propias de las personas involucradas.

Para ampliar la comprensión de estos supuestos conviene tomar algunas ideas de Douglas North, creador de la llamada Escuela del Neo-institucionalismo, quien hace una distinción entre instituciones y organizaciones. Para el autor, las instituciones representan el conjunto de pautas, reglas o normas, formales e informales, que marcan o definen las percepciones sociales que tiene la gente acerca de sus necesidades y sus roles y los de las otras personas; mientras que las organizaciones son las que administran esas pautas, reglas o normas y dan respuesta concreta a las necesidades.

Esta distinción es importante porque a menudo en el lenguaje común no hacemos esta distinción y creemos que las organizaciones son las instituciones. Por ejemplo el Poder Judicial es la institución, y la Corte Suprema de Justicia, los Tribunales, las Escuelas Judiciales, etc., son las organizaciones que dan vida procesal a la institución. Y así podemos hablar de instituciones como el matrimonio, la familia, la administración pública, la banca, la empresa privada, la universidad, etc. Todas ellas se expresan en organizaciones y esas organizaciones responden al conjunto de pautas anotado anteriormente.

Las instituciones como órdenes abstractos son independientes de las y los individuos que circulan en sus espacios y son restrictivas pues comprenden un marco de constricciones que proporciona el contexto de las reglas de juego de las relaciones sociales; de esta manera estructuran las posibilidades de selección que tienen las y los individuos respecto a las vías de las que disponen para satisfacer sus intereses y necesidades. Las organizaciones, también son ordenes normativos pero de diferente naturaleza a los de las instituciones y claramente son coherentes con las pautas institucionales.

Por otra parte conviene anotar que North distingue las instituciones formales e informales, cuya importancia es equivalente, ya que expresiones de la institucionalidad informal, pueden llegar a tener impactos en el contexto institucional formal, en determinadas circunstancias. Las pautas, reglas o normas, formales e informales, definen las percepciones que tiene la gente acerca de sus necesidades y sus roles y los de las otras personas.

La institucionalidad formal está representada por las pautas y normas formales, que son las reglas de juego y que están en el código o en la ley. Mientras que los aspectos informales del orden institucional, son los paradigmas del comportamiento y de la identidad de las y los individuos. Estas pautas informales constituyen las referencias reales a través de las cuales las personas interpretan la aplicación o posibilidades reales de las normas legales de las instituciones formales.

La generificación institucional deriva de estos postulados generales, ya que las instituciones desarrollan y están impregnadas de determinadas concepciones, sensibilidad y orientación respecto a lo que en ellas se considera son los intereses y necesidades de cada género y que, consecuentemente, actúan en función de tales concepciones institucionalizadas. Más sencillamente, esto quiere decir que las instituciones poseen una concepción sobre cada género, que es el producto sedimentado, a veces secularmente, de normas explícitas e inexplícitas, de mandatos culturales, de imaginarios, de conformaciones culturales amplias y/o especializadas.

Por otra parte la generificación institucional no es más que la consecuencia de la existencia de un macro orden social de género, el cual está constituido por los sistemas normativos, ideacionales, imaginarios y cosmovisiones que estructuran de forma articulada y coherente las concepciones sobre las mujeres y los hombres, sobre lo femenino y lo masculino y todo lo que les atañe para satisfacer las exigencias de identidad que la sociedad exige a los hombres y a las mujeres. El “orden social de género” opera como el macro paradigma estructurante de las identidades, las relaciones, las tareas, las posiciones de lo femenino y masculino, en las personas y los grupos, en las instituciones y organizaciones.

Robert W. Connel3 ha desarrollado diversas categorías conceptuales para comprender las estructuras que organizan los sentidos del género. Gracias a ellas, es posible entender el carácter cuasi determinante que posee la cultura excluyente y discriminatoria, que expresa el orden social de género de nuestra sociedad, donde el género es un principio articulador del sentido histórico de lo femenino y masculino.

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