Solo el 25% de los científicos mejor pagados en el CSIC son mujeres

La brecha en el mayor organismo de ciencia español es mayor que el año anterior.

Las mujeres siguen invisibilizadas en el mayor organismo de ciencia de España, el CSIC, según constata un informe oficial recién presentado por la institución. Como es habitual desde hace años, las mujeres son mayoría (57,5%) entre los jóvenes investigadores que se incorporan al CSIC para completar su doctorado, pero desaparecen a medida que se avanza en la carrera científica y se incrementan tanto la responsabilidad como los sueldos. Las mujeres son el 40,62% de los científicos titulares, el 35,07% de los investigadores científicos y tan solo el 24,88% de los profesores de investigación, máxima categoría en el escalafón del CSIC.

Pese a que la igualdad de género en la ciencia es una de las cinco prioridades clave de la Comisión Europea desde 2012, la brecha en el CSIC es incluso un par de décimas mayor que el año anterior, entre los científicos titulares y los profesores de investigación. Y no es por falta de mujeres preparadas. En el curso 1990-1991, el 51% de los alumnos de las universidades españolas eran mujeres: más de medio millón.

Hay un sesgo en la evaluación de los méritos, muchas veces involuntario, porque es un sesgo social, que está en el ambiente”, reflexiona la física Pilar López Sancho, presidenta de la Comisión de Mujeres y Ciencia del CSIC, autora del informe. “Podemos hablar de machismo. Las mujeres están infrarrepresentadas en la ciencia, y lo están más a medida que se avanza en la carrera científica”, subraya la investigadora. La situación, matiza, es similar en el resto de países de la Unión Europea.

López Sancho pide no fijarse únicamente en lo negativo y “luchar en positivo, demostrando lo que queda por hacer y explicando las ventajas que supondría conseguir la igualdad”. El CSIC, afirma, es pese a todo “un ejemplo” dentro de los organismos públicos de investigación españoles. Creó su Comisión de Mujeres y Ciencia en 2002 para asesorar a la presidencia con el objetivo de promover la igualdad. En la categoría más alta del CSIC, subraya López Sancho, el 25% son mujeres, frente al 20,7% de catedráticas en la universidad y el 21% de media en los 28 países de la UE.

Alicia Durán, profesora de investigación y consejera de Comisiones Obreras (CCOO) en el Consejo Rector del CSIC, es contundente sobre la desaparición de las mujeres en los puestos de responsabilidad. “Eso depende de la voluntad política en el caso de los puestos digitales [a dedo]. En las oposiciones, volvemos a la casilla de salida. Las mujeres ganan en épocas de bonanza. Cuando sobran plazas, por decirlo con dureza. Pero en épocas de crisis vuelven a imponerse los hombres”, analiza. Las mujeres recuperaron algo de terreno en los primeros años del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando el CSIC ofertó centenares de plazas. En 2004, año de la victoria socialista, el porcentaje de mujeres entre los profesores de investigación se reducía al 15%, frente al 25% actual.

Las mujeres sufren más la precariedad en el CSIC: son minoría en la plantilla fija y mayoría en la de personal laboral temporal. El último Plan de Igualdad entre Mujeres y Hombres del CSIC, fechado el 15 de diciembre de 2015, afirma que en los órganos directivos del CSIC se ha alcanzado la paridad, pero no ocurre así en las direcciones de sus 123 centros de investigación. “Se aprecia con carácter general un notable desequilibrio con un mayor número de hombres”, constata el documento.

“Se pone de manifiesto que existe una preeminencia de la población de hombres respecto a la de mujeres y una situación de mayor precariedad de las mujeres en el empleo en el CSIC. Mientras que en la plantilla fija (personal funcionario y personal laboral fijo) hay más hombres que mujeres, en la de personal laboral temporal ocurre lo contrario”, resume en un análisis del plan María Isabel Nieto, investigadora del CSIC y responsable de Igualdad en CCOO. A su juicio, los últimos datos demuestran que existe “un problema grave que debe resolverse”.

López Sancho recuerda que el CSIC tiene otra gran asignatura pendiente. La Comisión Mujeres y Ciencia alertó por escrito, a finales de 2015, de que “el CSIC carece de documentación específica sobre la inclusión de la dimensión de género en los contenidos de la investigación”. Otros países han tomado la delantera. EE UU anunció en 2014 que exigiría una representación adecuada de los dos sexos en los animales empleados en investigaciones biomédicas.

Históricamente, las hembras animales, también las mujeres, han estado ausentes de los laboratorios, con graves consecuencias para la salud. Las enfermedades cardiovasculares, por ejemplo, son culpables del 27% de las muertes, tanto en hombres como en mujeres. Pero los criterios para el diagnóstico del ataque al corazón se establecieron en función de los síntomas observados en los hombres, asumiendo que serían los mismos en las mujeres, según alerta la Guía práctica para la inclusión de la perspectiva de género en los contenidos de investigación, elaborada por la Fundación Cirem. En la actualidad, la evidencia científica apunta a que esta igualdad es falsa. “En consecuencia, esta dolencia está subestimada en el caso de las mujeres, su diagnóstico es más tardío y tiene un peor pronóstico”, advierte la guía, coordinada por la socióloga Maria Caprile.

“La ciencia se ha desarrollado históricamente como una actividad masculina y adoptando una perspectiva androcéntrica, que hace de lo masculino la norma: identifica lo masculino con lo humano en general y, a su vez, equipara todo lo humano con lo masculino”, continúa la guía. Los tradicionales ensayos clínicos realizados solo con hombres han provocado desconocimiento sobre los efectos de ciertos fármacos en las mujeres.

En su escrito de 2015, la Comisión Mujeres y Ciencia sostiene que “el CSIC debe asumir el desarrollo de la dimensión de género en la investigación para fomentar la inclusión de variables referidas al género y al sexo“, como ya se hace en otros países avanzados. La directora de la Unidad de Mujeres y Ciencia del Ministerio de Economía, Ana Puy, también destaca que “es necesario evitar sesgos de género en la forma de hacer ciencia”. Según sus datos, las entidades financiadoras de I+D con mejores iniciativas sobre el género en los contenidos son el Consejo de Investigación de Irlanda, los Institutos de Investigación Sanitaria de Canadá y los Institutos Nacionales de la Salud de EE UU.

Puy señala a un estudio de Gender-Net, una iniciativa de la Comisión Europea dedicada a la promoción de la igualdad a través de cambios estructurales en las instituciones. El documento analiza 40 organizaciones europeas que han participado voluntariamente en una encuesta. Solo nueve de ellas son proactivas en la inclusión de la perspectiva de género en la forma de hacer ciencia. Otras nueve, entre las que se incluye el CSIC, son “relativamente activas”.

El presidente del CSIC, Emilio Lora-Tamayo, admite “una realidad injusta” en la introducción al informe Mujeres Investigadoras 2016. Su padre, Manuel Lora-Tamayo, también fue presidente del CSIC durante el franquismo, entre 1967 y 1971, cuando las mujeres eran una excepción. Mucho se ha avanzado desde entonces, pero también queda mucho trabajo por hacer. El Plan de Igualdad del CSIC indica el camino, con medidas como aumentar la presencia femenina en los tribunales que juzgan a los científicos candidatos a un empleo, ofrecer cursos de formación en igualdad para cargos directivos e incentivar el equilibrio de las peticiones de licencias por conciliación entre mujeres y hombres.

La Visión Estratégica del Espacio Europeo de Investigación marca un objetivo para el año 2030: “La mitad de todos los científicos, la mitad de todos los responsables de la política científica, en todas las disciplinas, y en todos los niveles, serán mujeres”. El CSIC tendrá que acelerar para dejar de prescindir de la mitad de su talento.