Tres años de la ley integral

Tres años de la Ley Integral contra la violencia de género. Y no digo, como algunos pesimistas, que estamos ante un fracaso; ni tampoco como los excesivamente optimistas “que esto marcha”. Es evidente “que esto marcha” –juzgados especializados, mas denuncias-, pero también es evidente que “esto debe marchar mucho, pero que mucho mejor”.

Y hay que dar un paso firme en dos apartados, al menos en mi opinión. La educación es  clave. Quizás las autoridades, al menos algunas, se “han cebado” en lo inmediato, en medidas para la galería, por decirlo de algún modo. Y han descuidado, grave descuido, la educación. Cierto que las medidas educativas para acabar con la discriminación, y, por consiguiente, con la violencia machista, no serán visibles en un plazo de tiempo corto. Pero la Ley Integral, como cualquier ley que se precie, no mira solamente un palmo por delante de las narices. Y la sociedad seguirá sufriendo el embate de la violencia de género, pero la educación en la igualdad y en la no discriminación permitirá un panorama mucho mas positivo y esperanzador para las nuevas generaciones. Y que nadie se lleve a engaño, esas medidas educativas exigen presupuestos económicos generosos.

Y el segundo apartado en que hay que dar mas pasos, algunos se ha dado, en  la formación especializada de todos los profesionales que tienen que ver en el tema de la violencia e genero –trabajadores sociales, policías, abogados, médicos, también jueces y funcionarios de Justicia-. Una formación adecuada para poder atender debidamente a las mujeres victimas de violencia de género, tanto en el momento de presentar la denuncia, como en la recuperación de esas mujeres. Hay que acabar con la victimización secundaria que muchas mujeres sufren tras iniciar “su retorno a la libertad”, y que temen otras muchas mujeres siendo causa de su retraimiento en pedir ayuda.

Capítulo aparte merece la sensibilización social. Confío, con un cierto optimismo, en que la nueva campaña conciencie a la sociedad de que la lucha contra la violencia de género es una lucha de todos y no solo de las normas jurídicas o del esfuerzo de unos cuantos. Las mujeres necesitan desde el rechazo total a los maltratadores, hasta el apoyo de todos para encontrar la libertad y la dignidad.
Como punto final, espero que las comunidades Autonomías se tomen en serio, en la próxima conferencia de presidentes del mes de septiembre, un posible, y deseable, Pacto de Estado en la lucha contra a violencia de genero. Es necesario, pues existen diferencias, a veces hasta notables, en los esfuerzos de unas autonomías y otras. Vale la pena recordar que la erradicación de la violencia machista es esencial para una democracia sólida y verdaderamente libre, y ello afecta a todas las autonomías por igual, sin distinción de colores políticos.