Un mes de agosto para olvidar

Anoche nos enterábamos por los medios de comunicación que se había encontrado el cuerpo sin vida de Laura Alonso, la joven desaparecida el pasado lunes en Toén, Ourense. Al parecer su asesino había ido dejando pistas falsas para dificultar el encuentro del cadáver. Laura tenía 19 años cuando su asesino le sesgó la vida, por causas que, de momento se desconocen, pero seguro que entre esas causas se encontraba el hecho de que Laura fuese mujer.

Esta semana también nos hemos enterado del terrorífico caso de Jaycee Dugard, de 29 años, secuestrada hace 18 por Phillip Garrido, el hombre que la encerró, la violó y la convirtió en madre de dos niñas de 11 y 15 años. Cuando fue secuestrada era una niña de 11 años, y de buen seguro que esta condición de niña también fue decisiva para que su secuestrador la raptase y la violara sistemáticamente a lo largo de estos años.

Volviendo al Estado Español, no podemos olvidar que han sido cuatro las mujeres asesinadas a lo largo del mes de agosto. La primera era Ana E. V. V., vecina de Tolox (Málaga) y que a sus 66 años fue hallada muerta en su domicilio el pasado día tres de agosto, presuntamente a manos de su marido, quien se quitó la vida ahorcándose después. ¿Por qué no se suicidaría antes de matarla a ella?

La segunda mujer asesinada  fue una mujer de 70 años falleció ayer en su domicilio de la localidad coruñesa de Coristanco después de que su marido, de 76, presuntamente le asestase un “fuerte golpe en el pecho” y posteriormente, se trasladó en taxi a A Coruña para entregarse a la policía. Hay que fastidiarse, en taxi para entregarse!!!

La tercera, Nadia, era una mujer de 22 años embarazada de nueve meses y murió en Barcelona de un disparo en la cabeza efectuado, presuntamente, por su pareja. La hija que esperaba, aunque pudo sobrevivir unas horas a su madre, también perdió la vida.

La cuarta mujer, de 36 años fue hallada muerta, con una bolsa de plástico en la cabeza y un corte “muy profundo” en el cuello, en una asesoría de Pinoso (Alicante), donde realizaba las labores de limpieza.

Y mientras escribo esto, leo que otra mujer (y ya van cinco) de 42 años ha fallecido esta madrugada en el barrio de Sant Joan de Llafià de Badalona (Barcelona) como consecuencia de las heridas provocadas por su pareja sentimental con un cuchillo. El asesino de esta mujer, también intentó suicidarse provocándose heridas que no revisten gravedad y de las que se recupera en un hospital, y vuelvo a preguntarme ¿por qué no lo intentó de verdad, pero antes de matar a su compañera y con heridas del mismo calibre que las que quitaron la vida a la mujer?.

Y eso sin entrar a pensar lo que pueden estar pasando las mujeres de Afganistán después de las elecciones del pasado día 20, o las de Sudán a las que castigan con latigazos por llevar pantalones en público, o las niñas del sureste asiático, o las palestinas, o las israelíes que últimamente son obligadas a sentarse en los asientos traseros de los autobuses, por el simple hecho de ser mujeres.

Y así una larga ristra de despropósitos que se siguen cometiendo en el mundo entero contra las mujeres, porque se sigue teniendo la idea en el imaginario de demasiados hombres que son asesinos, que las mujeres somos seres de castas inferiores y que por tanto podemos ser usadas, golpeadas, violadas y muertas por ellos que creen ser poseedores del poder de quitarnos la vida, la libertad, o de inflingirnos castigos por lo que ellos consideran que hemos de ser castigadas e incluso muertas.

Este mes de agosto me ha resultado particularmente duro en este tipo de noticias y creo que, aunque se está avanzando mucho en la lucha contra este tipo de situaciones, se debería hacer una reflexión importante sobre el porqué siguen ocurriendo estos hechos.

Asimismo creo que habría revisar (e incluso prohibir internacionalmente) algunos preceptos sociales, pero sobre todo religiosos, puesto que son estos, los de las grandes religiones sobre los que se construyen demasiadas leyes, normas y costumbres que permiten que el papel de las mujeres sea el de subordinación a los hombres en todos los aspectos de la vida y en casi todas las sociedades, incluso en las más avanzadas.