Wassyla Tamzali, “La sociedad rechaza a las personas prostituidas pero acepta la prostitución”

¿Qué piensa usted de los movimientos de prostitutas que reivindican ser reconocidos para obtener
derechos?

Las prostitutas no desean que sus hijos hagan lo mismo e incluso, en determinadas circunstancias, reclaman que se les reconozca su dignidad, y eso ocurre porque la sociedad rechaza a las prostitutas pero acepta la prostitución. Se trata entonces de poner a la sociedad frente a sus responsabilidades diciéndole que si acepta la prostitución, tendrá que reconocerles su dignidad. En realidad, hay que estar contra la prostitución y a favor de las prostitutas y defenderlas como personas. Lo demás es pura manipulación.

¿Cómo se explica que la prostitución siga existiendo a pesar de los avances en la cuestión de igualdad hombres-mujeres?
Nadie, sin excepción, desea la prostitución para sus hijos ni para sí­ mismo. Pero en cuanto vamos más allá de este interés desembocamos en un razonamiento frágil que llega a la conclusión de que “la prostitución siempre ha existido, etc.”. Si las feministas han conseguido que se reconozca la violación como un crimen después de siglos de existencia, podemos esperar que ocurra lo mismo con la prostitución.
Además de los intereses, principalmente económicos, que explican que la prostitución siga existiendo, el mayor obstáculo para su desaparición es seguramente la estructura patriarcal y machista en vigor en la mayoría de las sociedades. Ya sea una mujer o un hombre el que se prostituye, el cliente es siempre un hombre y es siempre la sexualidad masculina el objeto de la discusión.

¿Qué hacer para luchar contra ello?
A mi parecer, la mejor manera es seguir el ejemplo de los suecos que han adoptado una ley que penaliza al cliente. Por primera vez, una sociedad dice no a la prostitución, afirma concretamente que no es aceptable e indica que la responsabilidad fundamental la tienen los “clientes”, ya que sin ellos la prostitución no existiría. Creo que se puede responsabilizar a los clientes que son, en general, hombres como todos, integrados socialmente y con una vida familiar.

¿Qué es lo que entra en juego al comprar una relación sexual?
Una trasgresión terrible hacia el cuerpo humano que puede romper los límites del mundo por parte del que compra -el dinero es sólo un símbolo que enmienda este acto de violencia- y por parte del que vende, principalmente para los caracteres frágiles.
Mientras no se inscriba en las leyes y las mentalidades que el cuerpo humano y la sexualidad, de la que depende la integridad y la identidad de la persona, no pueden ser comercializados, no se avanzará en el tema de la prostitución.