La desigualdad de género resta 138 billones de euros a la riqueza mundial

Un estudio del Banco Mundial estima que las diferencias de ingresos entre hombres y mujeres provoca una pérdida de recursos de 20.300 euros por persona en el mundo.

La diferencia en los ingresos que perciben hombres y mujeres a lo largo de toda su vida provocan una pérdida de riqueza a nivel mundial de 138 billones de euros (160,2 billones de dólares). Es el resultado del estudio Potencial desaprovechado: El alto costo de la desigualdad de género en los ingresos, del Banco Mundial, que calcula cuánta riqueza se deja de generar a consecuencia de las barreras y obstáculos que se encuentran las mujeres para el desarrollo de su capital humano (entendido, en términos de este estudio, como el valor de los ingresos que se generarán a lo largo de toda la vida).

Si se miden los efectos de la desigualdad en términos per capita, el coste es de 20.332 euros (23.620 dólares) por persona en todo el mundo. Por areas geográficas, el estudio estima que las brechas entre hombres y mujeres restan entre 40 y 50 billones de riqueza potencial en Asia Oriental y Pacífico, América del Norte, y Europa y Asia Central, que es donde se concentra la mayor riqueza del mundo en capital humano (por oposición a otras fuentes de riqueza, como las provenientes de los recursos naturales).

El documento apunta a dos factores clave que provocan que las mujeres tengan menos ingresos, y con ello generen menos riqueza en términos de capital humano, que los hombres: una menor participación en el mercado de trabajo, y sueldos más bajos, en buena medida por la existencia de normas sociales que relegan a las mujeres a las labores de cuidados no remuneradas y a empleos informales. El informe propone aumentar las inversiones a lo largo de todo el ciclo vital para el impulso de las oportunidades de las mujeres, en la infancia, la escuela, la formación orientada al empleo y la promoción de la innovación y el emprendimiento, y asegurar la igualdad de acceso y oportunidades entre hombres y mujeres en todos los ámbitos, además de redistribuir las responsabilidades de los cuidados, aumentar el acceso y el control sobre activos productivos (en especial tierras, crédito y competencias laborales esenciales) y hacer frente a los obstáculos de mercado e institucionales, como las normas sociales restrictivas.