Suecia y su convicción de igualdad entre hombres y mujeres

Con una de las tasas más altas de mujeres trabajadoras, Suecia se considera uno de los países más igualitarios del mundo. Como una nueva muestra de ello, en noviembre de 2015 el Gobierno aprobó una medida para aumentar hasta tres los meses asignados exclusivamente a los padres para que disfruten de su baja paternal. Medida que está en vigor desde el 1 de enero de este año.

El origen del sistema actual se remonta más cuarenta años atrás, cuando en 1974 Suecia fue el primer país del mundo en permitir a los hombres cogerse una baja por paternidad. No obstante, era muy habitual que éstos cedieran ese tiempo a las mujeres, de modo que los objetivos de igualdad que habían motivado el nacimiento de la iniciativa, se veían frustrados. Fue en 1995 con la aprobación de la daddy quota o “cuota de papás”, cuando se empezaron a ver los primeros síntomas de cambio.

Esta medida establecía un tiempo mínimo de permiso destinado exclusivamente a los hombres, todo ello con el propósito de equilibrar el reparto del tiempo empleado en el cuidado de los hijos. Algo que no conlleva únicamente un enriquecimiento de la relación paterno-filial, sino que también contribuye a mejorar el ambiente de pareja al fomentar un mayor reparto de las tareas del hogar.

Así, en la actualidad los padres disponen de 16 meses de permiso a repartir, es decir, un total de 480 días, cobrando durante los primeros 390 el 80% de su sueldo. Este periodo puede ser ampliable varios meses si así lo deciden, a cambio de una disminución en dicho porcentaje.

El objetivo actual es lograr un equilibrio total en el reparto de este permiso, de forma que cada miembro de la pareja destine siete meses al cuidado de sus hijos. Así, quienes deciden hacerlo de esta manera, reciben un bonus que puede llegar a los 1500€. Además, el sistema permite que los padres escojan qué días quieren disfrutar de este permiso hasta que el niño cumpla ocho años.

En definitiva, medidas como las que se han adoptado en Suecia no contribuyen únicamente a facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar, sino que promueven una unidad familiar más sólida y estable, con un enriquecimiento de las relaciones que se establecen entre sus miembros y un mayor equilibrio en el reparto de tareas entre hombres y mujeres.