Angustias Bertomeu Martínez, feminista e investigadora y empresaria de software

La española Angustias Bertomeu Martínez es referente en el mundo de habla hispana en la producción de software con perspectiva de género. Aquí, explica por qué las mujeres tienen mayores dificultades para apropiarse de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Y para qué usan Internet las mujeres y los varones.

¿Cómo nació la idea de crear más de diez años atrás un portal con perspectiva feminista en la red?

En ese deseo de empezar a poner contenidos que yo no encontraba en la red. Estoy hablando de 1990/1991, cuando en España el uso de Internet era incipiente. Así surgió la idea del E-leusis, que se entronca con el saber histórico de las mujeres, de ahí su nombre. Eleusis era un templo dedicado a la sabiduría a 30 kilómetros al noroeste de Atenas, en la Grecia antigua. Era un lugar gestionado por sacerdotisas y dedicado a la diosa Deméter y su hija Perséfone, ellas eran las guardesas del conocimiento y el deseo. En aquella época había que peregrinar a Eleusis para adquirir el estatus de la sabiduría. Me pareció que era un modelo emblemático para las mujeres: sabiduría, conocimiento y deseo. Las tres cosas juntas. Ese lugar está en el Mediterráneo, yo vivo en el Mediterráneo y me pareció interesante tirar de genealogías femeninas para construir un espacio nuevo, que tuviera que ver con el deseo y las necesidades de las mujeres, un lugar donde una es sujeto de la actividad, porque las mujeres somos protagonistas, porque gestionamos la vida nuestra y de los que nos rodean.

¿A qué se refiere?

Somos el 51 por ciento de la población y gestionamos la vida para que el otro 49 por ciento pueda desarrollar sus tareas: así está establecido por injusto que sea. Pensé que debía generar un espacio en el que ese punto de vista se cambiara y que las mujeres pasaran a ser protagonistas. Ahí aparece e-leusis, ahora e-mujeres (www.e-mujeres.net) como un portal. Es el primer portal que se hace en España, y creo que en castellano, donde cinco mujeres feministas desarrollamos un software propio que se basa en el reparto de la palabra. Ahora le llamamos un gestor de contenidos, pero han pasado diez años: era un lugar donde cinco mujeres desde cualquier lugar, sitio u ordenador, podíamos implementar y modificar contenidos.

Mucho antes de la era del blog…

Claro, estoy hablando de 1999. En el 2000 lanzamos el portal, con asesoría jurídica, hincapié en la problemática de la violencia de género, en cuestiones de empleo, comunicación, sociedad. En aquel momento no existía todavía un software estándar que nos permitiera el reparto de la palabra. Y lo desarrollamos nosotras. Lo hicimos a mano, apelando a las tradiciones de la cocina. Y empezamos a publicar. Es un proyecto político, de ideología feminista. En ese momento ya existían algunas listas de distribución dedicadas a temas de mujeres, que luego se convirtieron en portales especializados en género. En e-leusis todo el mundo puede publicar, es un lugar abierto, respetando los derechos de no injuriar a las personas. Casi un 50 por ciento son contenidos de todo el mundo. Acumuladas tenemos 32 millones de entradas. Registramos 1200 sesiones diarias.

¿En qué consiste el proyecto de alfabetización digital que usted impulsa en España?

Está dirigido a hombres y mujeres, pero especialmente a mujeres. Esa línea de trabajo se inicia en mi propia resistencia a la tecnología. Cuando yo empiezo a enloquecerme con los equipos y veo que nada se llama como parece (los disquetes son cuadrados y se llaman disquitos, el disco duro, cuando lo vez es una pieza rectangular y le llaman disco, cuando voy a comprarme un ordenador me dicen que es importantísimo la memoria caché (RAM) y me vuelvo loca para que no se me olvide, hasta que alguien me dice “ése es como el almacén de tu despensa”…) Entonces me di cuenta de que hay un lenguaje tecnificado absurdamente y que responde a los nuevos gurúes informáticos. Las personas que no estamos en el grupo de tecnólogos estamos rendidas y ellos no están dispuestos a facilitarnos la comprensión. Una de nuestras propuestas es la de aproximarse a las TIC desde la experiencia personal y las historias de vida. Desarrollamos un software (La vida en un chip) que está diseñado para trabajar con grupos que están fuera de los circuitos laborales y les resulta difícil adentrarse en contenidos específicos. En general las mujeres valoran el aspecto práctico del aprendizaje y las que están fuera de los circuitos más o menos reglados del empleo, no encuentran motivación suficiente para sumir el esfuerzo de tiempo y dedicación necesario para aprender y disfrutar de las ventajas de la sociedad de la información. Este material propone partir desde las historias de vida personales, los recuerdos, la memoria personal o de grupo. Enseña a construir pequeños multimedias a partir de fotos familiares, hasta llegar a realizar videos.

¿Cómo se enfrentó a ese mundo sin saber nada de informática?

Lo primero que hice fue un glosario desmitificador de la tecnología. Yo pertenezco al movimiento feminista en España y en la universidad me pidieron que ponga mi feminismo en la tecnología. Eso fue en el ‘95. Nunca se había hecho. Estaba dando clases en un master en Mediación en la Comunicación y mi tarea era investigar y dar formación en TIC a las alumnas. Si estaba hablando del poder de las TIC, no podía darles la información en papel. Entonces puse mis apuntes en un CD. Cuando se los entregué, la perplejidad fue absoluta. Ellas pedían papel. Saqué por impresora todos los contenidos que tenía en el CD y grabé en videos todos los multimedias que incluía y fui a clase con una caja de 5000 folios, y otra con 8 cintas de video. “Como son 120 alumnas tienen que reproducir esto por 120 o llevarse el CD”, les dije a la clase siguiente. Eso produjo un conflicto cognitivo, como llamamos los docentes, una sensación de incertidumbre y entonces convertí mi clase en el master en un taller para aprender a usar Internet y las nuevas tecnologías. Ahí apareció el concepto de cibergénero. Me di cuenta de que yo no era más tonta que cualquiera de mis compañeros de trabajo ni que cualquiera de los alumnos que deambulaban por la facultad, y sin embargo, cuando se hablaba de nuevas tecnologías yo me podía tensa e insegura y ellos no: aunque después confesaban que no las entendían, pero estaban habituados a familiarizarse con las máquinas. Luego pensé: “Algo pasa aquí, si yo soy por lo menos igual que ellos”, pero ellos dicen “ya lo miro” y yo digo “jamás”. Empecé a pensar por qué me pasaba eso, por qué mi tecnofobia. Entonces investigué a lo largo de la historia qué presencia había de mujeres en la ciencia y la tecnología y qué había pasado para que nos hubiéramos salido del camino de la tecnología y hubiéramos entrado en el camino del rechazo.

¿Y qué encontró?

Nosotras, las mujeres, tenemos rechazo a cuestiones de la tecnología que tienen que ver con el ocio o el trabajo pero no a aquellas que nos resuelven cuestiones de la vida cotidiana. Mi lavadora es más compleja que mi ultraportátil que me he comprado hace poco y, sin embargo, no conozco a ninguna mujer, a ninguna, que tenga rechazo a usar la lavadora o al microondas. Pero en cambio en los varones es común escuchar que no la saben usar pero sí saben bajarse películas de Internet. Eso no encaja. No es genético, como casi nada es genético. En mi búsqueda encontré 150 figuras de mujeres desde el Paleolítico hasta la actualidad, vinculadas con el desarrollo y a la innovación tecnológica.

Invisibilizadas por la historia de la ciencia…

Invisibilizadas. Con esa información hicimos un software que se llama cibergénero. Todo el mundo tecnológico está dominado por hombres y proyectan su pensamiento androcéntrico en los desarrollos. Ese software lo usamos para la alfabetización digital en distintas comunidades autónomas. Damos talleres a mujeres: primero les hablábamos de la presencia de las mujeres en la ciencia, desmontábamos el falso paradigma de las tecnofobia en las mujeres, y a partir de ahí les hablamos de aprender a comunicarse porque un grave error es enseñar informática. Cuando en casa nos pusieron el primer teléfono no recuerdo que nadie de mi familia se hiciera ingeniero en telecomunicaciones. Vino un señor de Telefónica de España, nos dijo cómo usarlo y se fue. Nadie entró en la complejidad de saber cómo funcionaban las líneas. Muchas veces, los que enseñan informática, pretenden que nos convirtamos en ingenieros en sistemas. El software feminista es un software de sentido común: les enseñamos desde las necesidades y deseos de las mujeres para comunicarse y no sobre lo que se supone que tienen que saber. Y enseñamos que los equipos que necesitamos se pueden castellanizar: podemos llamar torre o caja y no CPU; enlaces a los links. Las mujeres tenemos un pensamiento sistémico muy similar a como funciona la red: son enlaces de hipertexto, que son recorridos de ida y vuelta, y en cada uno de ellos se añade contenidos. ¿Qué hacemos las mujeres? Están aquí pero están pensando que tienen que ir a su oficina, pero deben apurarse para ir a su casa, y piensan al mismo tiempo que sería llegar y poner la lavadora y sacarla antes de que termine el programa así no se arruga tanto la ropa y no la tienen que planchar, y que tienen que llamar a su madre, y si tienen chicos, están pensando si llegarán a tiempo para buscarlos a la salida de la escuela. Las mujeres armamos conocimientos dispares que sabemos relacionar. Eso es muy de Internet, las mujeres armamos redes, de apoyo, de sustento, de solidaridad. Entonces, esa combinatorias de nuestras habilidades de trabajo en red y de conocimiento nos aproximan con mucha soltura a Internet. Las mujeres te dicen “yo de informática no sé nada”, pero si les hablas de comunicación inmediatamente aprenden. La hacen suya y se hacen protagonistas de la comunicación.

¿También tiene una veta artística?

Sí, hacemos arte electrónico feminista, otra línea de trabajo que une la tecnología con nuestra forma de ver el mundo. Buscamos en los orígenes, rescatando nuestra genealogía para tener dónde mirar. Pasamos del hilo que usamos para coser el territorio de la vida, al hilo telefónico para alumbrar la modernidad, hasta los hilos de luz de la fibra óptica para construir una ciudad. Tejer la piel, tejer la lana, tejer los cables, tejer la red. Hemos creado distintas instalaciones. Una de ellas, Mapa del Cuerpo, es una aplicación que construye un cuerpo de mujer a partir de las fotos de mujeres que pasan por el espacio. Se van instalando dentro de la silueta pixelada del grabado de la imagen de Eva, realizada por Durero en 1507. La suma de identidades diferentes genera el mapa del cuerpo simbólico compartido, añade el plus valor de las mujeres, elaborando la vida y los deseos. La génesis compartida del cuerpo de Eva. Una cámara digital en su mano, que sustituye a la manzana como símbolo del mal, devuelve al público esa otra mirada de las mujeres, y la vida en la mano… Tenemos otra instalación, E-Vírgenes, que se compone de dos proyecciones digitales complementarias, que trabajan sobre la reconstrucción del arquetipo de las Evas europeas y panamericanas: las mujeres sujetos de la tecnología asumida por transmisión social trabajan para la recuperación de los perdidos ámbitos femeninos. Las ancianas indias tejen en las mantas las enciclopedias de sus pueblos. Hilaturas y tintes, los códigos de su historia, son el software; telares y ruecas, los soportes de la tradición, el hardware; lazadas y puntos, el abecedario de su idioma, los píxeles; religiosidad, invocada en letanías, el wetware.

¿Para qué usan las mujeres Internet?

Para comunicarse, para buscar información de salud para nosotras y nuestros entornos familiares, y para gestionar el bienestar familiar: somos las encargadas de gestionar matrículas de todo tipo, recetas de todo tipo, informaciones de becas, accesos a, etc. Ahora hay que dar un paso más: ser protagonistas, subir contenidos a Internet, producirlos y subirlos. Cuando se habla de producir software la gente se asusta porque piensa que es hacer un programa como el Office: hacer una aplicación también es hacer un pequeño video o multimedia, subir fotos, eso también es hacer software. Porque la red todavía está ausente del patrimonio de las mujeres. Las mujeres están infrarrepresentadas en todos los ámbitos de la toma de decisiones concernientes a las TIC. Un acceso equitativo a las tecnologías y la posibilidad de producir y recibir información de manera autónoma, según sus necesidades y deseos, son condiciones indispensables para el acceso de las mujeres a la construcción de una sociedad de la información para la ciudadanía. No podemos confiar en que el acceso de las mujeres a las TIC se puede producir de manera natural, mientras permanezcan actitudes y desarrollos tecnológicos insensibles a las diferentes condiciones de acceso y conocimiento entre hombres y mujeres.

¿Y para que usan Internet los varones?

Para ocio, que es una forma elegante de decir pornografía, sexo, prostitución y casinos. Y hay otra variable que es más presentable que es el fútbol. O en entornos de trabajo. Y ahora se ha añadido, por la calidad de banda ancha, los juegos de rol, que aunque también las chicas los juegan, todavía los jugadores son mayoría varones.

A todas las mujeres no les interesa Internet. Algunas sólo usan el correo electrónico. ¿Por qué este imperativo de involucrarse con las TIC?

Internet es un espacio político donde cada vez suceden más cosas y que cada vez tiene más repercusión sobre la vida real. Para mí Internet tiene valor si sirve para que otras se empoderen, cuando eso tiene solidez en tierra, lo subo a la red y tiene vida. ¿Por qué participar? Porque las mujeres tenemos que participar como en cualquier espacio político. Pero así como todas las mujeres no tenemos que estar en todas las instituciones políticas, no todas tenemos que estar participando en esos niveles. Ahora: una cosa es que no sea personalmente tu espacio de desarrollo y otra que no reclamemos el espacio en Internet y nuestra forma de mirarla.