Carmen Sarmiento Honoris Causa UVa

Carmen Sarmiento, Doctora Honoris Causa por la UVa

Carmen Sarmiento ha recibido el Honoris Causa de la Universidad de Valladolid. Periodista, feminista y escritora, fue la primera mujer corresponsal de guerra de TVE. Este es su discurso de agradecimiento que puedes leer también en la transcripción.


Señor Rector Magnífico de la Universidad de Valladolid.

Excelentísimos e Ilustrísimos miembros del claustro universitario, Señoras y señores.

Muchas gracias a mi madrina la profesora Dunia Etura, impulsora de la idea de investirme como Doctora Honoris Causa. Gracias al Área de Periodismo y a la Facultad de Filosofía y Letras por apoyar e impulsar este reconocimiento. Es para mí una gran distinción y estoy muy agradecida. También a quienes me acompañáis hoy, familiares, amigas y amigos, aunque no pueda mencionar vuestros nombres por falta de tiempo.

Hoy nos encontramos en la Universidad cuna y cumbre del saber, el lugar donde se busca la verdad a través de la investigación, la tecnología, y la ciencia … el lugar donde se enseña a pensar, a elaborar el propio pensamiento, donde se facilitan las herramientas para vivir en libertadporque la ignorancia es el peor enemigo de la libertad.

Nunca pude imaginar, cuando realicé mis estudios, en 1964, en una sencilla Escuela de Periodismo, que un día sería reconocida con este doctorado honorifico que recibo sumamente agradecida. Lo acepto en nombre propio y en el de tantas mujeres que han sido ignoradas y olvidadas a lo largo de la historia.

Cuando comencé mi trayectoria profesional en 1968, TVE era un mundo dominado por los hombres. Fui la primera mujer en el equipo que formó Informe Semanal. Tuve claro que quería denunciar la injusticia y la opresión que se ejercía sobre las mujeres. Estábamos en plena época franquista y la censura limitaba la comunicación. Me valí del contexto internacional para introducir temas inéditos en España como el reportaje “El aborto en el mundo” de 1973 y “El divorcio en Italia, emitido en 1974. Intentaba poner un espejo en el que se mirase nuestra sociedad. El divorcio, por fin, se aprobó en España en 1981. 

En 1973, a los quince días de emitirse Informe Semanal conseguí programar una encuesta sobre el aborto, practica por la que te podían llevar a la cárcel en la España de entonces. Casi todas las mujeres entrevistadas se mostraron en contra de esta práctica, pero encontré una valiente que explicó en quince segundos que ella estaba a favor del aborto porque las mujeres, especialmente las más pobres, sólo debían tener los hijos que pudieran mantener. Fueron quince segundos inesperados que produjeron un gran impacto en la sociedad de entonces. Al celebrarse recientemente el 50 aniversario de Informe Semanal, siguen sacando esa encuesta como ejemplo de la resistencia a la censura franquista.

En 1976 hice un reportaje sobre el adulterio que fue censurado y no fue emitido hasta 1978, dos años después. Este reportaje evidenciaba como La violencia y el maltrato contra las mujeres se ejerce muchas veces a través de sus hijos. Este fue el caso de María Ángeles Muñoz cuyo marido quería arrebatarle la hija acusándola de adulterio. Actualmente, cada vez más, vemos como algunos hombres ejercen la violencia vicaria contra las mujeres asesinando a sus hijos para producirles el mayor dolor posible.

En 1984, hace ya cuarenta años, en mi serie Los Marginados trate numerosos temas sobre el continente africano, el más herido de los continentes. En muchos reportajes reflejé la fuerza de las mujeres africanas que constituyen el 80% del trabajo rural. Toque también el tema de la mutilación genital femenina, drama que afectaba y continúa dañando, a muchas mujeres de este continente. Con la globalización y el fenómeno masivo de la emigración, este drama también se ha extendido a los países del Norte.

En 1990 en TVE muchos propusieron documentales para la celebración en 1992 del V Centenario del descubrimiento de América. Eran temas vinculados a la llegada de Colón, o la conquista de Hernán Cortes… pero nuevamente a nadie le importo la problemática de las mujeres y lo que este hecho había supuesto en sus vidas.

Propuse contar los países de dicho continente a través exclusivamente de las mujeres. En mi serie Mujeres de América Latina, confluyeron mis tres grandes pasiones: la televisión, el feminismo y la reivindicación de las luchas de las mujeres.

De los treinta y cinco años que he estado en TVE, nueve de ellos he sido reportera de guerra. Estamos en una situación actual convulsa y violenta en muchas partes del planeta. Las imágenes en televisión de Gaza, de Ucrania, de la olvidada África… me evocan momentos vividos por mí en años anteriores, en lugares distintos, todos ellos con un denominador común: la guerra y como consecuencia de ella, la violencia, el dolor y la muerte. Una vez más en estas situaciones las mujeres son las grandes perdedoras y se convierten en el botín de guerra: violadas y en muchas ocasiones asesinadas.

He tenido siempre el deseo de trabajar y vivir en igualdad con los hombres, luché por ser corresponsal de guerra de TVE. Cuando le solicite al director de turno que me enviara a un conflicto, contestó en tono paternalista: ¡¿Pero..cómo vamos a mandar a una mujer a la guerra ¡” En su afán de protegerme me impedía progresar. Si hubiera prevalecido la mentalidad paternalista de aquel directivo no habría hecho la mitad de mi carrera.

Seguí insistiendo y cubrí golpes de Estado en Ghana, en la Isla de Granada, en Argentina. El golpe de Estado en Portugal y distintos contragolpes. La guerra de El Salvador, El Líbano, cuando la caída de Beyruth, que había francotiradores por todas partes, en Nicaragua donde sufrí una emboscada. En Colombia estuve secuestrada por el ejército cuando fui a entrevistar al guerrillero de las FARC Tiro Fijo. 

En Guatemala entreviste a mujeres que habían sido violadas por el ejército, embarazadas a las que les habían extraído los fetos del vientre; en Perú comprobé la violencia de Sendero Luminoso contra el pueblo y las campesinas. 

Y así rememoro tantos documentales en los que entrevisté a mujeres víctimas de la violencia en la guerra. Recuerdo especialmente la historia de Helena Jorge en Mozambique. Entre los años 1974 y 1975 Mozambique estuvo en guerra contra Portugal, la metrópoli colonial. En 1977 comenzó la guerra civil que duró dieciséis años entre la Frelimo, de inspiración marxista y la Renamo de orientación derechista. Hubo un millón de muertos. Dos tercios de los refugiados y desplazados fueron mujeres y niños a su cargo. El impacto de la guerra en la vida de las mujeres fue brutal.  Helena Jorge quedó discapacitada, con el cuello totalmente torcido, por el esfuerzo que le obligaron a hacer los militares, que previamente habían matado a su marido de un golpe en la cabeza. Helena me contó “Me pusieron un saco de cien kilos de azúcar sobre la cabeza, conseguí huir y fui arrastrándome. Me empezaron los dolores de parto y tuve dos gemelos en la selva. Estaba yo sola y los envolví en la tela de mi falda con la placenta y todo. Creo que escapé de una muerte segura, pero estuve aterrorizada durante mucho tiempo”. Cuando recuerdo este episodio cortándose ella misma el cordón umbilical, todavía me conmuevo profundamente.

Llegué a odiar las guerras y a quienes las hacían. Decidí dar un giro a mi vida y contar la vida de los más pobres y excluidos, víctimas de una violencia estructural que también mata.

A lo largo de toda mi trayectoria profesional he viajado por muchos países, cuando no era tan fácil acceder a los lugares recónditos de este planeta donde he tenido el privilegio de llegar. Mi trabajo en Televisión Española me ha hecho conocer y conmoverme ante el dolor de mujeres y hombres marginados de países olvidados.  He vivido guerras y tragedias. No soy una profesora ni una antropóloga en el sentido estricto de la palabra, soy una sencilla periodista que ha hecho siempre un trabajo de denuncia social, de lucha por los derechos humanos y eso me ha puesto en situaciones límite. Podía haber elegido filmar los paraísos y los rincones más hermosos del planeta, pero decidí desde el comienzo de mi trabajo visibilizar y dar voz a aquellas personas injustamente tratadas en sus sociedades, seres humanos silenciados en tantos lugares de la Tierra.

Las mujeres han ocupado siempre un lugar especial en mi trabajo, porque detrás de un campesino hay una campesina doblemente explotada y detrás de un negro hay una negra marginada por su condición de mujer y de negra.

En todos estos lugares he constatado la importancia de la educación y la cultura si se quiere ser un pueblo o una persona libre y no doblegada También en la educación la mujer está marginada. En todo el mundo Las mujeres representan casi dos tercios de los adultos que no saben leer. La educación es el único camino para escapar de la esclavitud. Esto lo saben bien quienes quieren mantener a la mujer en estado de sometimiento. Lo primero que hicieron los talibanes en agosto del 2021 al llegar al poder fue prohibir la educación secundaria para las mujeres. En diciembre de 2022 prohibieron la educación universitaria. Los talibanes saben bien que La educación es una medida efectiva para fomentar la igualdad social, así como para disminuir la pobreza y la miseria.  Los talibanes, como muchos otros que gobiernan en distintas partes del mundo, quieren un pueblo sometido y una población femenina ignorante.

Recuerdo el documental realizado en República Dominicana, adonde fui en dos ocasiones. Entre un viaje y otro habían sufrido el Huracán George en 1998 y nos encontramos con mujeres que de la nada, habían pasado a la organización. Habían descubierto la importancia de estar unidas, organizadas, ayudándose unas a otras en el acceso a la educación, en el apoyo económico a través de los microcréditos, esas pequeñas ayudas que favorecen la independencia.  Uno de los principales trabajos con las mujeres era el de la educación y fue muy bonito y sorprendente ver como cuando iban aprendiendo, unas se convertían en profesoras de otras. Ellas eran conscientes de que iban avanzando y que el mayor grado de instrucción suponía mayor capacidad de análisis y participación política.

Viajar es una manera de adquirir conocimiento. Yo así lo he experimentado y gran parte de mi formación se lo debo a mis viajes y a la vida compartida.

He vivido el dramático destino de filmar la muerte en directo de los campesinos etíopes que en el momento álgido de las hambrunas   de 1982 llegaban descalzos con los pies ensangrentados, un harapo sobre el cuerpo, y caían exhaustos ante las tiendas de la Cruz Roja

Recibo este doctorado agradecida como reconocimiento a toda una vida recorriendo el mundo denunciando que en nuestro planeta hay cuatrocientos ochenta millones de mujeres analfabetas a las que se les ha negado la posibilidad de acceso a la cultura 

Afortunadamente cada vez en más rincones del mundo las mujeres hacemos saber que, sin la participación de las mujeres, no puede haber derechos humanos, y estos derechos humanos no están siendo respetados en tanto en cuanto hay ciento veinte millones de mujeres que han sufrido mutilaciones sexuales, es decir la destrucción de una parte de su cuerpo. También sabemos que en la India   hay 60 millones menos de mujeres de las que debería   haber si no hubieran sido eliminadas por el simple hecho de ser mujeres.

Qué duda cabe, cuando las mujeres tengan en todo el mundo acceso real a la educación, la cultura y la información, se darán cuenta de que el patriarcado nos ha engañado durante siglos. Muchas veces nos han sometido mediante la violencia y otras mediante las frases bellas y los eufemismos.

A veces se ha ensalzado la maternidad cuando lo que se deseaba era la disponibilidad de nuestros cuerpos. Un pensador como Mao The Tung dijo algo tan poético como que “Las mujeres sostenemos la mitad del cielo” Pues bien en este Tercer Milenio las mujeres queremos no sólo algo tan etéreo como la mitad del cielo, sino que queremos lo que nos pertenece por derecho la mitad de la tierra y la mitad del poder económico y político para que el patriarcado deje de explotarnos. Queremos tener acceso a la educación, a la cultura, a los órganos de poder y de decisión para que así las mujeres dejemos de ser el sur de los hombres, el sur del mundo, el sur de todos los nortes posibles

Carmen Sarmiento