El valor de la tecnología para saltar las barreras de la desigualdad

Autoría: Angustias Bertomeu
igualdad

El empleo por cuenta propia se ha convertido en una de las mejores opciones profesionales para las mujeres. Pero, pese a las ventajas, también es cierto que las empresarias han de afrontar determinados obstáculos vinculados a las desigualdades de género (actividad poco diversificada, reducido tamaño del negocio, inferiores niveles de facturación, bajos índices de internacionalización, menor identificación con el rol de empresarias, dificultades en la gestión del tiempo, escasa participación y reconocimiento en las organizaciones representativas del empresariado, etc).
Entre estos obstáculos, se encuentra precisamente el acceso a las TIC. De hecho, recientes estudios muestran cómo el grado de informatización en las empresas de mujeres es claramente insuficiente. Cuotas del 44.1% en el área de producción, del 51.5% en el área de administración, del 37.3% en el área de ventas y del 28.6% en el del marketing. Sin embargo, la mayoría de las empresarias se interesa en obtener información sobre las nuevas tecnologías, aunque sólo el 2,5% usan Internet como vía de información.
Desde esa perspectiva, el pleno acceso de las empresarias a las TIC puede ser una vía muy importante para lograr una presencia más activa y competitiva de las mujeres en la economía y el desarrollo, así como un factor para la creación de empleo femenino, dado que las empresarias no sólo crean empleo para sí mismas sino que también lo hacen para otras mujeres.
Las TIC permiten mejorar a bajo coste, ampliar el mercado, llegar a más gente, gestionar el tiempo eficazmente, reducen las barreras al crecimiento y fortalecimiento de los negocios femeninos.
Las TIC permiten intercambiar información y coordinar energías, crear espacios comunes y visibilizar ejemplos o logros de igualdad, nos ofrecen espacios en los que plantear pautas de relación de equidad ante la falta de modelos igualitarios o alternativos a los establecidos.
Las TIC permiten hacer más fácil el acceso de las mujeres a los espacios en los que se generan las decisiones y se fragua el cambio social. Ayudan a reconocer y amplificar nuestra voz: porque sin voz no hay inclusión. Potencian la participación de las mujeres en la agenda social.