Soledad Murillo. Secretaria General de Políticas de Igualdad

Autoría: Charo Nogueira, El País

Estrena un cargo nuevo. ¿Cuál es su misión?

El cargo representa una importante apuesta del Gobierno socialista para activar las políticas de igualdad. La secretaría impulsará la creación de unidades en los ministerios que presten atención permanente al impacto que cada medida tiene sobre hombres y mujeres, colabora con las comunidades en políticas de igualdad y aumenta la representación internacional española en distintos foros.

¿Vigila que todos los ministerios gobiernen en función de los hombres y las mujeres?

Promuevo que gobiernen para todos. Hasta ahora se pensaba que la política podía ser neutral, pero las mujeres tienen que conciliar dos espacios, el público y el familiar, y los hombres, no. Por eso, cada vez que se establece una medida ha de pensarse en lo que se llama el impacto de género, es decir, en cómo va a afectar a la vida de las mujeres y los hombres.

En su papel de pepito grillo de la igualdad, ¿ha dado ya algún tirón de orejas?

No he tenido que dar ninguno. Es mejor colaborar y sumar esfuerzos. La paridad en el Gobierno no es una política de gestos y me coloca en un escenario muy favorable.

No hay paridad en el segundo escalón de altos cargos.

Es cierto. He planteado esa demanda para las siguientes legislaturas. No se trata sólo de introducir mujeres en los ministerios, sino de introducir temas que suponen hacer efectiva la igualdad que establece el artículo 14 de la Constitución.

¿Qué le ha parecido que se escenificara la primera paridad en un Gobierno español con las ministras posando con trajes de marca en La Moncloa?

Creo que ese tema está zanjado y no merece ningún tipo de comentario.

¿No ha hecho de voz de la conciencia en este caso?

No, no ha sido necesario.

Usted es profesora, ¿le ha sorprendido cómo funciona la vida política?

Tiene una parte muy estimulante, la pertenencia a una red de decisiones que plantea medidas sociales avanzadas. El que la primera empresa del Gobierno haya sido la ley integral contra la violencia de género le otorga gran credibilidad.

Desde que asumió el cargo, en mayo, se ha dedicado casi en exclusiva a esa ley.

Sí. Se ha elaborado laboriosamente a partir de una idea: la mujer ciudadana no puede ser violentada por nadie. Se ha tenido muy en cuenta también a los menores, se revisan los temas de custodia… La ley plantea el problema donde puede surgir, en la educación. Desde infantil hasta la universidad se proponen asignaturas sobre la igualdad. Este enfoque preventivo es muy novedoso.

¿Saldrá sin cambios?

Tengo absoluta confianza en que la apruebe el Congreso este año, si acaso con alguna rectificación no sustantiva.

¿Modificarán los aspectos polémicos: el agravamiento penal para los hombres y el que la ley sólo ampare a las mujeres?

En principio, no, pero dependerá de los acuerdos en el debate parlamentario. El agravamiento de pena es fundamental, porque en una relación de maltrato una amenaza de un varón pone en situación de riesgo real a la mujer y cuando es al revés, no. Son las mujeres las que mueren. Y éste es un problema grave que requiere medidas excepcionales. Existen sentencias del Tribunal Constitucional que avalan la discriminación positiva. El debate se ha manipulado al decir que no se protege a los varones o los niños. Les ampara el Código Penal.

El PP ha anunciado que en ningún caso votará en contra de la ley. ¿Eso supone un balón de oxígeno?

Supone entender que estamos ante un problema que pone en duda la democracia dentro de la vida privada y que es donde se debe intervenir para garantizar que todos los sujetos vivan conforme a sus proyectos vitales. Rajoy ha mostrado una gran madurez política al entender la gravedad de la violencia que sufren las mujeres.

¿Harían alguna concesión para que la ley se aprobara por unanimidad?

Eso lo tendremos que debatir en el ámbito parlamentario. Lo deseable sería aprobarla por unanimidad. Con ello se daría el mensaje de que, por encima de cualquier diferencia política, está la atención a las necesidades de la sociedad civil. Soy optimista. He observado una excelente disposición de los grupos parlamentarios respecto a la ley.

¿Le desalienta que se mantenga el número de víctimas?

Me pregunto cuáles son los valores de una masculinidad que coloca a la mujer como una propiedad sobre la que se decide y a la que se disciplina.

¿Hay relación entre la violencia y la creciente autonomía femenina?

La autonomía es un factor de riesgo para las mujeres que no han mantenido una relación de igualdad en su hogar. La mayoría de los hombres tiene una relación de buen trato con su pareja y cada vez son más corresponsables.

Usted participará en el diálogo social. ¿Qué medidas propondrá?

Queremos favorecer la presencia de las mujeres en el mercado laboral y generar ventajas para a las empresas que las contraten.

Tras la ley de violencia impulsará la de garantía de igualdad.

Sí. Es una trasposición comunitaria. Combatirá la discriminación directa y la indirecta, como lo es la salarial. A igual trabajo debe haber igual sueldo. Los criterios de mérito estarán claros. Las empresas informarán sobre la composición de sus plantillas. No me planteo que haya sanciones, sino incentivos. La ley también recogerá el acoso sexual en el trabajo e incluirá normativa sobre ello. Se tramitará el año que viene.

¿Se tipificará como delito?

Aún está sin plantear.

¿Usted apoya las cuotas?

Es un sistema de efectividad democrática. Lo que me deja perpleja es que cuando se habla de cuotas todavía se hable de cualificación y competencia y que cuando un órgano sólo está compuesto por varones se dé por hecho la capacidad masculina. Se ha pasado de las cuotas en un partido a la paridad en el Gobierno. Ahora hay que extender la paridad a todos los ámbitos de la vida civil.

¿Respalda un cambio que obligue a la paridad en las listas electorales?

Totalmente. Se hará, porque la representación igualitaria no puede depender de la buena voluntad.

¿Abordará la prostitución?

Hay que abrir ese debate. La cuestión no está ni en una persecución absoluta ni en una legalización extrema. Hay que plantear medidas de protección y educación antes de debatir si se regulariza o se prohíbe. Quiero plantear en el ámbito europeo esa cuestión, sobre la que aún no me quiero decantar.