Violencia simbólica institucional en clave de género (II parte)

Autoría: Angustias Bertomeu. E-Mujeres

En la 1ª parte del artículo veíamos como los partidos políticos trasladan su cultura interna a las instituciones impregnándolas de sus estilos de ejercicio del poder y sus valores, siendo en este traslado de modelos y cultura organizacional, donde se reproduce lo que podemos llamar violencia simbólica sobre las mujeres en las instituciones, y como se manifiesta en los distintos aspectos de la cultura y la vida interna de las instituciones.

Simone de Beauvoir me ayuda a plantearla cuando dice que “ser mujer es estar sometida por mil lazos tenues”.

l. Cultura interna de las organizaciones, configurada en base a unos criterios que son imposibles de cumplir por las mujeres. Es la idea de cultura interpretada como el conjunto de experiencias, hábitos, costumbres, creencias y valores que caracteriza a una organización. Los valores de la organización desarrollan normas, guías y expectativas que determinan los comportamientos apropiados en situaciones particulares y el control del comportamiento de los miembros de la organización de unos con otros, así como los «supuestos implícitos y explícitos” que los miembros tienen respecto de cuál es el comportamiento legitimo dentro de la organización.
Es sobre todo en estos supuestos no explícitos dónde se produce la quiebra de las oportunidades para las mujeres dentro de las organizaciones.

2. Cultura interna del denominado mérito y capacidad. Depende de relaciones informales, en las cuales no estamos las mujeres porque estamos trabajando y donando tiempo, para que otros se relacionen informalmente. Los datos en este sentido son abrumadores como se refleja en multitud de estudios realizados sobre el tiempo de las mujeres, cabe destacar “La contabilidad del tiempo”  realizado por Mª Ángeles Durán y su libro “El valor del tiempo”, o el trabajo de Soledad Murillo  en “El mito de la vida privada” en los que se muestra claramente la aportación informal de las mujeres a la vida.

El resultado habitual es que las mujeres tienen mejores currículums de partida pero les resulta difícil mantener una carrera profesional ascendente, pues las oportunidades exigen presencia asidua en los espacios informales.

En este sentido es muy importante aludir a los espacios de ocio en los que se entablan redes de confianza y en los que las mujeres suelen estar excluidas por motivos de horarios y de complicidad, campeonatos de padel, de golf, gimnasios compartidos, copas al salir de los despachos…
En estos espacios informales, se consolidan los supuestos no explícitos de los que hablamos y se establecen las alianzas personales, que van siempre más allá de los procesos formales de reparto de poder o responsabilidades.

3. La violencia que se ejerce contra las mujeres, cuando se prescinde de ellas en las instituciones, y no se requiere contentarlas. Es habitual en las organizaciones políticas el cambio de responsabilidades en las mujeres, que actúan como moneda de cambio entre “los barones de los partidos” Cuando venden políticamente la necesidad de renovarse, siempre es un anuncio de que las mujeres van a sufrir en las listas, las renuevan para demostrar que se mejoran las listas, aunque permanecen los mismos de siempre, es decir, ellos.

Podemos distinguir casos de violencia simbólica directa que actúa sobre mujeres incluso muy relevantes dentro de la organización, como el caso de Carmen Olmedo, fundadora y directora del Instituto Andaluz de la Mujer, en las negociaciones de “interés general” del partido, pasa de la lista autonómica a la de Cortes Generales, perdiendo influencia y capacidad. Después de una legislatura en Madrid, se prescinde de ella, y ha de volver a Andalucía sin acta de diputada y sin responsabilidad política alguna, para terminar en un centro cultural local de supervisora, con un contrato de obra y servicio. Es un caso paradigmático de la fuerza y la influencia de una mujer que construye un proyecto político, lo consolida y cuando es un referente, la intercambian por otra, en aras de ese interés general hasta reducirla a espacios marginales.

Podríamos hablar de las «damnificadas» de la política, frente a los compensados de la política, siempre en cargos relevantes y después jubilados como consejeros de grandes empresas privadas con altos sueldos. Son mujeres que todas conocemos, y podemos sustituir su nombre por muchas otras, que sabemos que les ha pasado algo similar.

Los datos son reveladores, según el estudio  “Las mujeres y la participación política” realizado por Consuelo Catalá, diputada del PSPV en las Cortes Valencianas durante tres legislaturas, podemos observar el descenso paulatino de mujeres en las listas, que se produce paradójicamente desde la aprobación  de la Ley de Igualdad. Antes de la ley los partidos de izquierdas, PSOE y también Izquierda Unida, ya habían implantado un sistema de cremallera en la confección de las listas electorales lo que supuso el aumento de las mujeres en los parlamentos. A partir de aquí funcionó lo que llama el “efecto arrastre” sobre las candidaturas de la derecha, que empezaron a colocar primeras de lista a mujeres destacadas como candidatas a alcaldesas en Málaga, Zaragoza y Valencia, el éxito alcanzado les confirmó la necesidad de colocar mujeres en puestos de salida. La derecha siempre se aprovecha de las estrategias de la izquierda pero desvirtuando su valor, les sale bien el experimento de colocar mujeres en las cabezas de lista y mantiene esta línea, pero niega la posibilidad de las cuotas desempoderando con ello a sus mujeres, aunque nadie tiene problemas en aceptar las cuotas por territorio, por federación, por familia, …, a pesar de todo la posición de las mujeres progresistas ya ha creado un marco de igualdad y un estado de opinión positivo sobre la presencia paritaria de hombres y mujeres, que también beneficia a las mujeres conservadoras en sus estamentos políticos. Esta es una seña de identidad de los avances sociales y políticos de las izquierdas, las vanguardias consiguen unos beneficios de los que luego gozan todos los grupos incluso aquellos que los criticaban públicamente.

Al aprobarse la ley de igualdad, en el capítulo de representación en las listas, opta por la fórmula del 60/40, lo que permite que rápidamente los partidos releguen a las mujeres a la mitad inferior de las listas, lo que nos da el resultado en las últimas elecciones de un decrecimiento generalizado, excepto IU que mantiene el sistema de cremallera.

Ver segunda parte completa

Artículo completo (I y II parte en documento adjunto)

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