Qué linces
Son unos linces. Unos linces de la comunicación. Hablo, claro está, de los jerarcas de la Iglesia. Lo suyo es la comunicación hiperbólica, las campañas exageradas que les mimetizan con los tiempos contemporáneos a través de los códigos sensacionalistas de lo peor de la comunicación basura. Parece mentira que la proverbial diplomacia, protocolo y puesta en escena eclesiásticas (al menos las vaticanas) no hayan encontrado un modo de difundir el mensaje más estiloso, comedido y cristiano.
Vaya. Que tenemos nueva campaña contra el aborto. Un cachorro humano que gatea al lado de un cachorro de lince se queja de que el Estado protege con más fervor al felino que a él. ¡Protege mi vida!, exclama el bebe. ¿Será que los humanos son unos infanticidas?, se podría preguntar un extraterrestre. Pero, claro está, ese niño de 9 meses habla en nombre de los embriones menores de 20 semanas.
La campaña coincide en el tiempo con las reacciones poco piadosas que han tenido los jerarcas con relación al mal llamado “niño medicamento”. Se han preocupado más por los embriones no seleccionados que contienen el gen defectuoso que por el bebé que ha salvado la vida de su hermano mayor. Por no hablar del niño enfermo que se convertirá en un niño sano después de que se le haya trasplantado con éxito las células del cordón umbilical de su hermano recién nacido. Al niño enfermo que le den, lo que importa es el embrión.
Coincide también la campaña del lince con la reciente excomunión de una madre y un médico brasileños que osaron hacer abortar a una niña de 9 años tras haber sido violada por su padrastro. A la niña, que le den. Lo que importa son los embriones. Y para que no quepan dudas sobre quiénes son las víctimas y quiénes los verdugos, el padrastro violador es poco menos que un santo porque quería que la niña tuviera los bebés (eran gemelos) y deciden no excomulgarlo.
La iglesia dice defender a quienes no pueden hacerlo, a los pobres embriones inocentes que no hablan. Pero si eres un niño o una niña con mala suerte, que las Diosas te cojan confesado porque lo que es el Dios de los jerarcas te abandonará a su suerte. Lo dicho. Qué linces.
