Brotes verdes

Con el calor estival me he puesto a mirar debajo de la cama para comprobar si sale un brote verde. Una burbuja de aire, un humidificador, una regadera portátil. Lo que sea, pero ya. Necesito un brote verde que me salve de este secarral. Encontrar brotes verdes se ha convertido en el último grito deportivo de quienes no supieron anticipar la depresión mundial que se nos venía encima. Con «la caló» pasa lo mismo. Sabes que llegará; sabes que tienes que prepararte con un montón de vitaminas y minerales para poder soportarla, pero no haces nada y cada año te parece más calurosa. Como con la economía.

Sabíamos que vendría el bochorno sin hacer nada y ahora se han inventado unos Brotes Verdes (Fritos) con el ánimo de convertirla en la peli que nos hará creer en el futuro. Tiene narices que se hayan apropiado de un término que denota pureza vegetal y ecologismo para superar la hediondez de lo que vemos a diario. El verde es el color de la vida y del buen rollo. Por mucho que miro alrededor no veo brotes verdes. Sólo anuncios y titulares de prensa que aseguran su existencia desde que en la prensa internacional empezaron a germinar como «green shoots». Será porque es «diminuto, frágil, precoz, quizá solitario, pero verde, oiga, verde» como rezaba el video propagandístico del psoe. Esas menudencias que quieren brotar (y no sabemos si darán sus frutos) son cosas tan poco verdes como la recuperación de la Bolsa o una menor subida del paro.

Lo de siempre. Creemos que las recetas antiguas arreglarán la situación. Cabe preguntarse si estos brotes a los que aluden quienes auguran sus frutos pueden crecer del árbol caído de un sistema. Sobre todo cuando los chupones (ramos que crecen vigorosamente de forma vertical y no dan fruto) que se cargaron la balanza a costa de sobredosis siguen por ahí, como si nada. Menos verde fosforito y más verde real. Puestos a hablar en verde, mejor que los gobiernos del mundo hagan algo ante la deforestación. Desde 1988 se han perdido 1.800.000 hectáreas de bosque amazónico al año. Evitar la tala de árboles si que supondría un verdadero brote verde. Y no sólo una ocurrencia semántica.