Carta abierta al Comandante Presidente

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Querido Jefe:

En los Circuitos de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, hay una nueva práctica que más que absurda e ilegal es ridícula: muchas madres estamos recibiendo prohibición, mediante «medidas innominadas» de hablar de nuestros propios hijos e hijas. Así es, por la supuesta protección de su intimidad y para evitar el escarnio, los niños y las niñas no pueden ser nombrados en público o en algún medio masivo de comunicación, por quienes los trajeron al mundo, es decir, por sus madres. Nos parece lógico (Hablo en plural porque muchas madres, padres y familiares de víctimas de secuestro parental y procesos judiciales nos hemos unido en una asociación que denominamos ASOMADRES LOPNA) que no se mencione el nombre de nuestros pequeños, para que su intimidad no se vea expuesta, pero es que nos exigen que nos mantengamos «a raya» de una manera casi dictatorial y muy poco revolucionaria. Los medios de comunicación social, sean cuales sean, no pueden mencionar los casos en los que las madres denunciamos que se ha violado el legítimo derecho a la defensa o la competencia territorial o se ha promovido el secuestro parental sin pensar en el daño psicológico y muchas veces físico, que se le hace a nuestros hijos. Las madres, según la medida que nos coloca un corcho en la boca, no podemos protestar si una sentencia a salido a nuestro favor y luego pasan semanas y meses sin que se ejecute esa sentencia, ya sea por vacaciones judiciales, o porque a la jueza se le dobló un tobillo o porque se van sucediendo hechos que para nosotras y para cualquier ser pensante no son sino prácticas dilatorias.

No estamos en contra de todo el Sistema de Protección, ni siquiera de todos los jueces de los circuitos, y mucho menos de todos los magistrados del TSJ, pero es bien sabido por el país entero, que manzanas podridas hay en todos lados y que, lamentablemente no se ha podido aún acabar con prácticas que, en una palabra, son inauditas.

Los actos que suceden en nuestros juicios quedan expresados en documentos públicos que el TSJ coloca en internet, por supuesto, sin mencionar el nombre de los hijos, pero si de los padres y madres, por lo que es fácil que cualquiera se entere de las múltiples y a veces muy groseras e injustas acusaciones que en ellos se ventilan. O sea, nuestro propio Estado Revolucionario manda a callar a madres desesperadas pero expone con lujo de detalles y en internet todo lo que ocurre en los casos de sus hijos, que quedan más que expuestos al escarnio público cuando las denuncias dicen que sus madres o sus padres son esto o son aquello.

¡Qué anti revolucionario resulta el hecho de que en plena «revolución bonita», «revolución del amor», «revolución de los excluidos», por mencionar algunos de los nombres que se le ha dado al proceso cuyo líder es Usted, nos vengan con que las madres tenemos que quedarnos calladitas y no contar ni media palabra de lo que le hacen a nuestros hijos e hijas, de los cuales tenemos la Patria Potestad, aunque algún funcionario de esos que ha habido siempre, corrupto o indigno de ser llamado juez, les pise sus derechos a los más inocentes e indefensos de la Patria!

¿No era que en revolución íbamos a luchar, hasta desfallecer si fuese necesario, con tal de que esas «injusticias cuartorepublicanas» no siguieran sucediendo?

Muchas de las madres que hoy por hoy hemos recibido la orden de callar ante el sufrimiento de nuestros hijos e hijas, hemos sido siempre proclives a los cambios revolucionarios, hemos trabajado o trabajamos aún dentro de la compleja estructura que conforma el Estado venezolano, presidido por Usted, Hugo Chávez Frías, a quien seguimos y defendimos siempre desde nuestras humildes trincheras.

Varias de nosotras además, somos hijas, sobrinas o nietas de gente que derramó su sangre y hasta dejó su vida en una calle para dar origen a un proceso de cambios y de revolución donde reinaría el amor. Somos sangre de quienes cayeron soñando con que sus hijas y nietas pisáramos las calles de lo que fue Caracas ensangrentada y en una hermosa plaza liberada, como dice aquella bonita canción cubana que habla de Chile, recordáramos a los ausentes …

Somos madres e hijas de esa Caracas de Pérez Jiménez, de Betancourt, de Leoni, de Caldera cerrando a la UCV… de esos tiempos difíciles donde se inició esta revolución que ahora preside Usted. En nuestras venas corre sangre de aquellos que apostaron a guerrillas urbanas, deseos de cambio, libros escondidos bajo la cama, prisión y torturas políticas. Somos descendientes de bravos desaparecidos de nuestro bravo pueblo… Si Señor Presidente, nosotras somos hijas y sobrinas de quienes soñando, por allá por los años sesenta y más atrás, sirvieron de impulso al pueblo que ahora lo apoya a Usted. Por eso será que nos resulta irónico que en plena «revolución socialista», nos manden a callar cuando hay que reclamar por los derechos humanos de nuestros pequeños hijos. ¿No era que debíamos seguir el hermoso ejemplo de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo? ¿No era pues, que estábamos en revolución y revolución significa avances, futuro y sobre todo, LIBERTAD?

Da como pena hablar de Plazas, porque ya ve, en plena revolución hay quienes aprovechan su poder para obligar a los novios a que no se besen en público, y si esos novios no son heterosexuales casi habría que apedrearlos, por indecentes… se les persigue y se les echa de la plaza, como en el gobierno de Caldera, que no la dejaban a una pasar por la Plaza Bolívar en minifalda, aunque una fuera adolescente. Pero esas pacaterías no son nada con respecto a lo que pasa en tribunales que criminalizan el hecho de que una mujer separada decida vivir con un nuevo compañero o mudarse a otra ciudad con sus «hijos no reconocidos» por un padre irresponsable que luego salta a demandar a «la loca de SU ex mujer». Señor Presidente, con mucho respeto le cuento que muchas madres revolucionarias estamos confundidas. En los tribunales que velan por nuestros hijos nos hacen esperar por justicia, nos cierran las puertas a veces durante meses, nos mandan a guardar silencio, como si estuviésemos en un convento de esos de monjas, donde si la niña no se calla, le ponen penitencia. Parece que lo han confundido a Ud. con un socialcristiano de esos bien exagerados… pero bueno, ¿Cómo va a marchar una revolución hacia la felicidad del pueblo si el pueblo para ser feliz lo primero que tiene que ser es libre, y la libertad de expresión, de protesta, de defensa del tesoro más adorado que tenemos, que son nuestros hijos e hijas, está siendo suspendida por personas que abusan de su poder para dictar «medidas innominadas» que nos mandan a callar.

Comandante Presidente, personas de mucho poder político y muchas influencias dentro de su gobierno, abusan de nosotras y nos pretenden robar a nuestros hijos y encima, unos pocos funcionarios DESALMADOS, nos roban el sagrado DERECHO y sagrado y ancestral DEBER que tenemos las madres, de defender a nuestra prole.

¿A quién callan en los tribunales que deberían proteger a nuestros hijos e hijas? ¿Será a las madres desesperadas porque nos han arrancado a un bebé del pecho o a una niña de su hogar o más bien callan a aquellos que defendemos y que, no me canso de decirlo, son el patrimonio más grande y sagrado de la humanidad porque representan la belleza, la ternura y el amor en el presente, y representan TODO, así con mayúsculas, TODO en el futuro?

Creo que es para pensárselo y tomar acciones inmediatas, porque esta gente que nos manda a callar no parece intentar dejar bien parada a la revolución bolivariana.