Con crisis y sin crisis, seguimos perdiendo

Autoría: Tere Sáez

Estamos en pleno debate de la reforma de las pensiones y una que en general no esta de acuerdo con las propuestas de alargar y alargar la vida laboral o los años de cotización y mucho menos con que tengamos que llegar al final de nuestra vida con una pensiones miserables, me rebelo y digo No estoy de acuerdo y mucho menos en que en estos ajustes (¿) salgan librad@s quienes se dedican a “la profesión” de la política ( Digo conscientemente profesión, ya que quedan muy poquic@s que estén por ideales o convencimiento).

Pero además, si analizo lo que se está proponiendo desde una mirada de género, todavía tengo muchas más razones para decir NO. Nos dicen “Aumento de la edad legal de jubilación de 65 a 67 años y aumento del número de años de cotización para tener derecho a una pensión contributiva”. En la práctica esto supone dejar a muchísimas mujeres sin derecho a pensión en la medida que se nos ha adjudicado el cuidado y la crianza por tanto vidas laborales discontinuas: contratos a tiempo parcial, períodos de excedencia para cuidados…¡ Como conseguir tantos años!

“Que van a reducir la cuantía de la pensión en función del número de años cotizados”. Se exigirán más de 35 años para percibir el 100%. Más de lo mismo, la discontinuidad en la trayectoria laboral, la jornada reducida y la presencia mayoritaria en el empleo sumergido significará que muchas mujeres se queden sin derecho a percibir una pensión o estas serán miserables.

Y para colmo se elimina la obligación de que las pensiones mantengan el poder adquisitivo. Si ya de por sí la gran parte de las mujeres pensionistas tienen mermada su capacidad adquisitiva, con este tipo de medidas se les condenará a unas condiciones de vida más precarias e indignas.

La desigualdad salarial entre mujeres y varones no es un hecho aislado, sino que forma parte de toda una estructura patriarcal que organiza no sólo los salarios sino también la orientación profesional, la categorización del empleo, la relevancia de unas ocupaciones sobre otras… además de los tiempos que se deben emplear al trabajo remunerado, el ocio, la familia, la amistad, el descanso y en definitiva TODO. El sistema patriarcal se ha sostenido y apoyado hasta la actualidad en la división sexual del trabajo.

La crisis implica un riesgo de intensificar la división sexual del trabajo y las desigualdades que genera. Pero también, representa una oportunidad y un desafío para establecer nuevas formas de producción y consumo, y de reorganizar las estructuras y relaciones del cuidado, estableciendo un reparto equitativo entre mujeres y hombres del trabajo remunerado y no remunerado. Pero para ello hay que querer hacerlo y no parece que sea la apuesta del Gobierno ni del pacto de Toledo.

Quiero recordar que las mujeres seguÍmos percibiendo en la Unión Europea un salario hasta un 25% menor que los varones en el sector privado, así, las mujeres tendríamos que trabajar 418 días para cobrar lo mismo que los varones en 365.

Asi qué me apunto a la Huelga del 27 y a todas las protestas, incluida la Jornada “22 F, Día por la Igualdad Salarial entre Mujeres y Hombres”.