Cuotas y cotas

La paridad se presenta como una cuota porque la igualdad no es una cota del poder, así de sencillo, así de terrible.

Francois Hollande ha nombrado el primer Gobierno francés paritario de la historia. No deja de sorprender que nunca ningún Presidente en un país con más de 60 millones de habitantes, haya sido capaz de encontrar a siete u ocho mujeres para ponerlas junto a siete u ocho hombres en un Gobierno, con todo lo que ha representado Francia y sus revoluciones en el progreso de la sociedad moderna y en el asentamiento y promoción de los Derechos Humanos, desde la revolución de finales del siglo XVIII bajo el canto de “Libertad, igualdad y fraternidad”, hasta la de mayo del 68 con su “Prohibido prohibir”. Sin embargo, la igualdad nuca llegó a superar el enunciado, ni en Francia ni en ningún otro lugar del mundo, y se quedó en la lista de derechos y políticas pendientes, circunstancia que no debemos entender como un simple déficit, sino una enorme injusticia. Una sociedad democrática con limitación de los Derechos Humanos no es una sociedad deficitaria, sencillamente no es una democracia real.

El hecho de que el Presidente francés, Francois Hollande, haya constituido el primer Gobierno paritario debería hacernos reflexionar sobre el significado de la desigualdad. Hoy hay dos grandes posiciones, por un lado los que piensan que la igualdad ya está conseguida al aparecer en todas los enunciados y Constituciones democráticas, y por otro los que creen que la igualdad es todavía una deuda, algo que no se ha conseguido, pero que se alcanzará con el tiempo. Ni unos ni otros están en lo cierto.

La desigualdad ha sido un pilar básico para organizar la convivencia y las relaciones en la sociedad, y por lo tanto necesario y deseado, no un accidente. Acabar con la desigualdad significa tener que construir unas nuevas formas de relación sobre la referencia de la igualdad, algo que tendría como primera consecuencia la desaparición de los privilegios y ventajas conseguidos con la desigualdad. Por eso no se quiere ni se ha querido avanzar más allá de lo formal y de lo mínimo exigido en cada momento histórico, y es cierto que cuando miramos hacia atrás vemos cómo la suma de esas exigencias aisladas le han ido dando más espacio y presencia a la igualdad, pero del mismo modo que no ha habido voluntad en instaurarla, conforme se ha progresado todo lo que se ha logrado se percibe como una amenaza al orden establecido, situación que hace que se produzca un rechazo más intenso y directo contra  su avance.

En España ya no tenemos un Gobierno paritario, y cuando lo tuvimos fue sistemáticamente criticado por un sector político, periodístico y social conservador que relacionada la paridad con lo anecdótico y fútil. Y lo hacían en la parte cuantitativa, al cuestionar tener el mismo número de Ministros y de  Ministras, y en la parte personal, pasando a un ataque cruel y directo contra las Ministras para así tener mas razón en la crítica general a la igualdad, a la paridad consecuente, y  a la capacidad de las mujeres.

No debemos confundirnos, las cuotas siempre han sido parte de las cotas de poder, y cuando aparecen más hombres que mujeres en el Gobierno de un país en el que las mujeres representan el 50% de la población, y tienen mayor éxito académico y profesional en todos los ámbitos en los que compiten “en igualdad” con los hombres, los números son consecuencia de la cuota impuesta por la desigualdad. En cambio, cuando aparece el mismo número de mujeres que de hombres en un Gobierno la cuota que refleja es la de la Igualdad, porque es la igualdad la que tiene cota de poder en las ideas y valores defendidos por ese Gobierno.

El hecho  de que no se quieran ver los errores en el relato de una historia escrita con las faltas de la desigualdad no quiere decir que sea correcto ni que tenga sentido, por eso los números hablan por sí solos: cuando hay más hombres se ve como algo normal, pero cuando aparece el mismo número de mujeres se interpreta como un ataque o una simpleza. Claro que en esto de las interpretaciones muchos muestran sus verdaderas ideas. Todavía se oyen los ecos de las carcajadas y críticas por algunos pasillos y redacciones de cuando la Ministra Salgado dijo aquello de los “brotes verdes” (20-5-2009), con una prima de riesgo que por entonces tenía un valor de 67, sin embargo, nadie ha dicho nada de las declaraciones del Ministro De Guindos sobre “los rayos de esperanza” en las previsiones económicas (3-5-2012)… imagino que se refería a “rayos y truenos” porque desde que habló la prima de riesgo ha pasado de estar a 415 a superar los 500…

Esto es parte del significado que desde la desigualdad se le da a lo que dice un hombre y a lo que dice una mujer, y si la mujer forma parte de un Gobierno paritario, pues mucho peor, porque será la clara evidencia de que está ahí por cuota no por merecimiento, en cambio nadie duda de la capacidad ni se plantea si el Ministro hombre está por cota, es decir, como representante de quienes están en lo más alto de las posiciones de poder.