Discurso de Enrique Martín en las jornadas «Economía, empresa y género»

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Señoras, Señores:

Agradezco mucho la oportunidad que se me brinda de participar en este acto.

Todos los hombres inteligentes que conozco son, en mayor o menor medida, en un grado u otro, conversos a la causa de la
igualdad entre hombres y mujeres.

Me gusta pensar que, al menos, yo no soy el converso más reciente. A lo largo de mi trayectoria como dirigente patronal he defendido siempre los objetivos de la igualdad en el seno de las organizaciones empresariales y me enorgullece especialmente haber redactado los Estatutos de la Asociación Terciario Avanzado de la Comunidad Valenciana, la única sectorial incorporada a COEPA que incluye entre sus objetivos la igualdad, la no discriminación y la conciliación.

1º.- EL PRINCIPIO DE PRESENCIA EQUILIBRADA

 Para desarrollar mi intervención, permítanme que aborde en primer término, el concepto de “presencia equilibrada”, que estimo menos doctrinario y más equitativo que el concepto de “cuotas”.

Como Uds. saben, la IV Conferencia Mundial sobre las Mujeres, celebrada en Pekín en 1995 bajo el impulso de la ONU, aprobó una Plataforma de la Acción sustentada en tres líneas básicas:

– La diferenciación del concepto de género del de sexo.
– Mainstreaming o la incorporación de las políticas de la mujer en todas los programas y acciones que lleven a cabo los distintos gobiernos.
– Empowerment o empoderamiento de las mujeres.

La Unión Europea, en su IV Programa de Acción Comunitaria para la Promoción de la Igualdad de Oportunidades, incorporó asimismo
entre sus objetivos fomentar la participación equilibrada de mujeres y hombres en la toma de decisiones de las organizaciones políticosociales
más relevantes.

De manera consecuente, en España la Ley orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, regula el principio de presencia equilibrada, A los efectos de esta Ley, se entenderá por composición equilibrada la presencia de mujeres y hombres de forma que, en el conjunto a que se refiera, las personas de cada sexo no superen el sesenta por ciento ni sean menos del cuarenta por ciento.

Enunciado – y cuantificado incluso- el principio, es necesario entender plenamente su fundamentación teórica.

La discriminación de las mujeres es un problema que afecta todavía hoy a las sociedades avanzadas y que no tiene ninguna justificación
moral, filosófica, política, económica o de otra índole.

Desde el punto de vista político, la participación equilibrada de mujeres y hombres en los órganos de decisión tiene su fundamento en una de las columnas fundamentales de la democracia, a saber, el principio de igualdad entre todos los ciudadanos.

Pero en el ámbito económico, la discriminación de las mujeres es – además de una injusticia- una decisión ineficiente que desaprovecha una ventaja competitiva crítica, a saber, el talento de las mujeres, que es decir el talento de más de media población mundial. La sociedad en su conjunto es la gran perdedora.

La defensa de los derechos de la mujer está intrínsecamente ligada a la lucha por una sociedad más justa y eficiente en la que se garantice la igualdad de oportunidades basada en los méritos del individuo, ya sea hombre o mujer Por desgracia, la verdadera libertad de mercado, la que se basa en el esfuerzo honrado, la igualdad de oportunidades entre todos los seres humanos bajo el imperio de la ley y la aristocracia del mérito sin distinción de género, es todavía hoy un mito político por el que debemos luchar.

Discurso completo en documento adjunto.