La auténtica conquista de libertad para las mujeres

La doctrina de la Iglesia católica sobre el aborto no ha sido ni invariable ni infalible. Hasta la “Apostolica Sedis” de Pío IX, es decir, hasta 1869, se mantuvo que el feto se convertía en ser con alma, no desde el momento de la concepción, sino unos cuarenta días más tarde (Jane Hurst, La historia de las ideas sobre el aborto en la Iglesia católica: lo que no fue contado. Católicas por el Derecho a Decidir, Montevideo, 1992). Tampoco la prohibición del aborto por parte de la Iglesia, contra lo que se cree comúnmente, constituye materia infalible, porque entra dentro de las cuestiones que, a falta de una tradición continuada y clara de su tratamiento como homicidio y en razón de la disparidad de opiniones, componen una obligación moral que no puede ser impuesta más que como tal a la conciencia individual.

La campaña de la Iglesia contra la Ley del aborto se quiere presentar como una defensa de la vida humana y, dándole la vuelta a la realidad, como si fuera ésta la que está en peligro de extinción. Tenemos que practicar la sospecha para preguntar “¿qué se está reclamando realmente con esta campaña?” Como ya se han expresado muchas opiniones, no hace falta volver sobre la falta de preocupación que la Iglesia ha demostrado tener y sigue demostrando tener por la muerte de millones de niños y niñas (y de seres humanos en general) en regiones enteras de nuestro mundo actual. Como ya está claro, no es precisamente la Iglesia actual un ejemplo de denuncia permanente y de lucha contra las situaciones infrahumanas de vida en nuestro planeta. Como hemos sabido recientemente, tampoco la transmisión de enfermedades como el SIDA apea al Papa de seguir condenando el uso de preservativos en África, extendiendo su doctrina de castidad y muerte por todo el continente.

Esta campaña vocea un miedo ancestral, que no es otro que el miedo a perder poder. Como muy bien lo expresa Victoria Sendón, la maternidad libre es una auténtica conquista de libertad para las mujeres, una conquista que arrebata a la Iglesia el poder de seguir dictando las decisiones que sólo a ellas les conciernen. No estamos ante una campaña contra el aborto: estamos ante una campaña contra la ley que viene a legitimar y a instituir ese derecho de las mujeres a su libertad.

Quizá la Iglesia se identifica con el lince de la campaña y lo que está reclamando es que se la proteja de ser, poco a poco, una especie en vías de extinción.