La detención de Mladic: El Silencio de los Espíritus

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El autoproclamado «Dios del genocidio» de Srebrenica, el general de etnia serbia Ratko Mladic ha sido arrestado hoy en un pequeño pueblo a ochenta kilómetros de Belgrado.
Mladic se refugiaba allí con un pariente, y vivía bajo un nombre falso. Durante años se ocultó como un ratón y fue detenido con similar mansedumbre.

Viejo, dócil, con una mano paralizada, el antes feroz señor de la guerra vivía tranquilamente e invisible en una casa que había sido registrada repetidas veces por la policía serbia. Se ofrecía una recompensa de 10 millones de euros por este criminal de guerra buscado desde hace tiempo, fugitivo aventajado de la justicia.

Y, sin embargo, los últimos sondeos dicen que, a pesar de los sufrimientos y la ignominia que él provocó, el 51 por ciento de los ciudadanos de Serbia no le habrían entregado al tribunal internacional de La Haya. No, no por ningún dinero. La terquedad serbia ha ido más allá del período de culto al héroe manchado de sangre Mladic. Hoy en día los serbios se han vuelto indiferentes a Mladic mientras están que trinan contra la Unión Europea, cuyos problemas económicos han vuelto miserable la vida en Serbia.

No obstante, parece que alguien traicionó a Mladic por la recompensa: una persona de su círculo de amigos íntimos. Hace algunos años, todo un grupo de personas, que fueron acusadas de proteger a Mladic, fueron puestas en libertad por un tribunal serbio por falta de pruebas.

Tras su detención, sólo unos pocos borrachos se reunieron delante de su escondite, y también en el centro de Belgrado: las bandas habituales de hooligans nacionalistas. Mladic fue llevado al tribunal especial de crímenes de guerra en Belgrado para ser interrogado. Pero este esfuerzo se vio interrumpido a causa de las «difíciles condiciones psicológica y física» del ex-general.

Aunque Mladic hablaba de manera incoherente se las arregló para decir, según su abogado, que no reconoce el tribunal de guerra de La Haya, y no se declarará ni culpable ni inocente. Estaba armado con dos pistolas, cuando fue arrestado, pero se entregó pacíficamente.
¿Quién va a recoger la recompensa de 10 millones euros? ¿Cuánto costó Ratko Mladic a la prosperidad de Serbia a lo largo de estos 16 años? Estos problemas de dinero son las grandes preguntas de la prensa serbia. Aunque la policía dijo que no aceptará ni un centavo, hizo su trabajo reglamentario.

Como una vuelta de tuerca más, el Estado todavía adeuda al general su pensión periódica, que nunca recibió (era un fugitivo). Considerables cantidades fueron pagadas por y a otros ciudadanos del Estado – principalmente, indemnizaciones entregadas a las familias de sus víctimas.

Y ¿qué pasa con los muertos? ¿Tienen un precio? Se fueron sin nombre, muchos de ellos todavía sin tumbas, ya que sus cuerpos, desmembrados y esparcidos por todo el territorio se siguen buscando. El silencio de los espíritus es más fuerte que nunca en este momento de alegría y victoria.

Más recientemente, la presión de Europa se ha intensificado desde el tribunal de La Haya; el 6 de junio el Gobierno de Serbia se enfrenta a un duro informe de Serbia de Serge Brammertz, mencionando su falta de cooperación con las Naciones Unidas. Europa está experimentando muchas dificultades, pero Serbia, como una lata atada a la cola de un gato, padece aún más.

El principal obstáculo a la armonización europea para Serbia es y ha sido, por supuesto, el criminal de guerra genocida Ratko Mladic.

Nosotros, los ciudadanos y las ciudadanas de Serbia, sabíamos todos que Mladic se escondía entre nosotros en Serbia: no me pregunten por qué, pero nunca creímos los muchos cuentos propagados sobre su muerte o su exilio. Vistas sus modestas circunstancias rurales, se ocultó más discretamente que los paquistaníes escondieron a Osama Bin Laden, pero los paralelismos son evidentes. Mladic tenía a sus protectores en el ala secreta del gobierno y el Gobierno de Serbia es tradicionalmente una empresa en la que todo está encubierto y, sin embargo, todo el mundo lo sabe. No les pregunte por qué lo entregaron sino por qué se demoraron hasta hoy.

Hace un par de años, Radovan Karadzic, el autor intelectual de la limpieza étnica en Bosnia, fue arrestado en el centro de Belgrado. El dr. Karadzic se había ocultado bajo una larga barba como un gurú curandero del New Age. Testigo de esta parodia en la televisión, mi anciano padre, dijo: ¡Ratko Mkadic es un soldado! ¡Él nunca hará una cosa así! ¡Él se suicidará antes de humillarse de esa manera o de ser arrestado por la policía! ¡Mladic nunca irá a La Haya!

El mismo mito de valor sin miedo se extendió a propósito del último presidente de Serbia, Milosevic, que en realidad fue arrestado y murió en La Haya. Milosevic fue un estrecho colaborador de los señores de la guerra serbios de Bosnia, Karadzic y Mladic, para eliminar a la población musulmana de Bosnia.

Este dream team diabólico del genocidio de los Balcanes: Milosevic, Mladic y Karadzic, estaban todos destinados a La Haya. Estaban jugando al ajedrez con otros en la antesala de la justicia, a la espera de una sentencia más larga que sus vidas. Sólo la muerte podía traerles la paz y la liberación. Radovan Karadzic envío inmediatamente desde la Haya un mensaje al detenido Mladic: Siento lo ocurrido pero te ayudaré, vamos a trabajar juntos por la verdad.

Hace algunos años escribí un libro sobre el genocidio en Srebrenica, el mayor crimen de guerra en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Mi primera pregunta, después de analizar el diseño de la delincuencia era: ¿cómo se las arreglaron para exterminar a ocho mil personas en un par de días? ¿Cómo pudieron ocultar miles de cuerpos a la comunidad internacional, a las personas presentes allí, a las familias en duelo?

Después de la reciente captura de Osama Bin Laden, Ratko Mladic era el fugitivo número uno del mundo. El presidente de EE.UU. Obama expresó su satisfacción porque Serbia cumpliera con su deber. La prensa mundial está dando todos los créditos al gobierno pro-europeo del presidente Boris Tadic y a su política resuelta a alejar a Serbia de su pasado criminal.

Hoy en Serbia, incluso la oposición del ala derecha radical es oficialmente pro-europea. Nadie en el poder o en sus aledaños aspira a ensuciarse las manos con las guerras de los Balcanes, ello no trae ningún beneficio. La Serbia moderna venera a las estrellas del tenis en lugar de a los señores de la guerra. Estos adultos del Milenio han ganado algo de credibilidad, ya que impresionan al mundo exterior, sin ninguna mancha de la distante década de los 90.

Las madres de las víctimas de Srebrenica se declararon satisfechas con el giro de los acontecimientos. Lo esperaban desde hace muchos años, pero más vale tarde que nunca. Estas mujeres han aprendido a ser muy suspicaces con el tribunal de La Haya, los abogados internacionales consideraron que sus valiosos recuerdos y testimonios personales eran pesados e inútiles, no aptos para un procedimiento judicial moderno. Esto en cuanto a los recuerdos queridos de sus muertos, las pruebas acumuladas de que los muertos desaparecidos habían vivido realmente, que fueron asesinados.

El momento de la justicia es usualmente liberador tanto para las víctimas como para los criminales. Pero el momento de la verdad lo es aún más. No hay justicia sin verdad. La detención de Ratko Mladic y su traslado contundente al tribunal de La Haya será una prueba determinante para este precepto universal y antiguo. Y para nuestro mundo globalizado de crimen y castigo.