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Tarde de domingo. Te encuentras en medio de lo que antes se llamaba exageradamente una crisis de personalidad, algo habitual en las tardes de domingo invernales, demasiado lluviosas para un paseo agradable, demasiado lánguidas para machacarte en la bici estática. Husmeas los periódicos para que te entonen y te proporcionen un titular en esta tarde sin titulares memorables. Mira por dónde. Dicen por aquí que Facebook contribuye al desarrollo de la personalidad de los jóvenes.

Será porque estadísticamente ya no eres joven, o porque sencillamente ya no lo eres de ninguna de las maneras, pero la red social se te antoja más una herramienta de pornografía social. De mostrar al mundo, o por lo menos a los cientos de amigos virtuales que te observan (¿conocerá la gente a todos esos y esas que dicen ser amigos?) la ingente cantidad de actividades y pensamientos que habitan tu vida. Incluso en los días con crisis de personalidad. ¿Hay alguna aventura diferente en esta red, más allá del exhibicionismo social? A lo mejor no tienes que tener tantos prejuicios y todo se reduce a que no eres estadísticamente joven, etcétera y, por tanto, no disfrutas de una vida social globalizada como las y los habitantes virtuales de la generación Erasmus. A lo mejor esta languidez dominical, que no tiene nada que ver con una crisis de personalidad (ahora lo ves claro) sino con esa lluvia incansable que aporrea la ventana, te impide observar las ventajas de la sociabilidad virtual.

Aunque también existen inconvenientes. Como circula mucha información personal, las redes sociales en Internet son el objetivo de muchas empresas comerciales, que pagan por conocer datos personales ya que la confidencialidad de los datos no está garantizada. Volvamos a lo tuyo, a la languidez dominical. Venga. Atrévete a festejarla y a compartirla en el Facebook. Te pregunta la herramienta: ¿qué haces ahora? Y contestas. «El chaparrón acecha. Languidez dominical dispuesta a compartir. ¿Alguna alma gemela por ahí?»