Las mujeres no somos moneda de cambio para la crisis

Autoría: Ca la dona

Desde el espacio asociativo feminista Ca la Dona queremos expresar públicamente nuestro malestar por la reciente supresión del Ministerio de Igualdad por parte del Gobierno español y su integración en el Ministerio de Sanidad.

Consideramos que esta medida ilustra la deriva neoliberal que ha asumido el Gobierno para hacer frente a la crisis económica con políticas que atentan contra nuestros derechos. Si la reforma laboral ya es un insulto para las mujeres, porque estimula la contratación a tiempo parcial- que, desde su introducción en la anterior reforma de 1997, se nos aplica para favorecer supuestamente la «conciliación de la vida laboral y familiar», lo que en la práctica significa reforzar la división sexual del trabajo, la doble jornada y la invisibilidad del trabajo reproductivo y de cuidado que aún recae sobre nosotros-;si el paquete de recortes sociales añade aún más cargas a nuestras espaldas, ya que tendremos que suplir la falta de recursos y políticas sociales con nuestro trabajo impagado, invisibilizado y minusvalorado, ahora el Gobierno aprovecha la crisis para mostrar su cara real y nos demuestra que su compromiso con los derechos de las mujeres no ha sido sino una promesa para captar votos.

Resulta indignante que se haya integrado el Ministerio de Igualdad dentro del de Sanidad, con lo que se impide la transversalidad de las políticas de igualdad y su aplicación a todos los ministerios, un principio con que el Gobierno de Zapatero se comprometió desde su primera legislatura y que constituye un requisito indispensable para la lucha contra las desigualdades entre mujeres y hombres. En su día, ya nos hicimos eco del traslado del Institut Català de les Dones de la Vicepresidència de la Generalitat a Acció Social i Ciutadania porque suponía una pérdida de la transversalidad y de un espacio simbólico importante para los derechos de las mujeres en el Govern.

Ahora, esta decisión del Gobierno estatal bloquea la posibilidad de aplicar la Ley de Igualdad que aprobó en 2007 y con la que se presentó como paradigma de gobierno ‘feminista’ a escala internacional. Al margen de las críticas fundamentadas que el Movimiento Feminista hemos hecho de las diferentes leyes que ha impulsado este Ministerio (Ley de Violencia de Género, Ley de Dependencia, Ley de la Aborto), consideramos que hacerlo desaparecer evidencia un desprecio a la centralidad de las necesidades y derechos de las mujeres. En un contexto de crisis económica, de sostenibilidad del planeta y del trabajo de cuidado a escala transnacional, poner los derechos de las mujeres en la cola de las prioridades significa hacer tambalear los pilares del sistema, ya que somos nosotras quienes lo sostenemos.

Resulta indignante también que se elimine un Ministerio que sólo recibía un 0,03% de los presupuestos en nombre de la austeridad presupuestaria cuando se están destinando cifras millonarias a recibir el jefe de la Iglesia Católica, que como institución ha perseguido históricamente los derechos de las mujeres y que durante los últimos años ha orquestado una ofensiva contra el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo acosando a las clínicas de aborto y a sus usuarias.

No saldremos de la crisis inyectando dinero a los bancos que han especulado con los proyectos de vida de millones de personas y manteniendo un sistema económico desigual que atenta contra el planeta y nuestras vidas, sino cambiando la lógica de funcionamiento y poniendo la vida en el centro, con políticas que pongan el trabajo doméstico, reproductivo y de cuidado en primer lugar, ya que sostiene la economía de mercado; que fomenten la plena ocupación con jornadas de trabajo remunerado que permitan a las personas trabajar para vivir y no a la inversa; que prioricen los gastos sociales ante las militares y no conciban el planeta como una fuente ilimitada de recursos sino como un ecosistema que debemos cuidar por nuestra propia supervivencia.