Luto en la sociedad

Autoría:

Tres mujeres asesinadas en 24 horas el lunes. Y los titulares de los medios de comunicación hablan de “jornada negra”, “día negro”. Prefiero otro titular: luto en la sociedad. Porque esas muertes –que se añaden a setenta mas a la largo de 2008- suponen “luto en la sociedad”. Porque esas muertes     –mejor, asesinatos- suponen un fracaso para una sociedad que se dice libre y democrática, y no lo será mientras la igualdad y la dignidad no se instale en todos los recovecos de la estructura social. ¡La sociedad esta de luto!

Y no vale poner el acento en la necesidad de mas medidas para la lucha contra la violencia machista, que también. El acento hay que ponerlo en la educación de los jóvenes, de las generaciones que vienen. El acento hay que ponerlo en el rechazo del machista en cualquier manifestación, por pequeña que sea, en los actos pequeños pero que son expresión de un machismo que puede acabar un día en el asesinato. Y en esa educación, además de las acciones de las autoridades –el impulso para esa educación en la igualdad es todavía mínimo para lo que la Ley exige-, estriba la erradicación futura de la lacra social que es la violencia machista. Y porque el fracaso en esa educación nos atañe a todos, todos estamos de luto. ¡Luto en la sociedad!

Y no vale el poner en el acento en que las tres últimas muertes fueron de extranjeros. Estamos ante el machismo, causa última y esencial de esa violencia asesina, de esa violencia contra las mujeres. Y ese machismo no entiende de razas ni de nacionalidades, ese machismo es “ideología basura” que pervive entre nosotros ensuciando la salud de toda la sociedad.

Se guardaran minutos de silencio. Pediría el clamor de las voces contra quienes no respetan la dignidad de las mujeres; pediría el clamor de las voces que despierten una mayor y total sensibilización social. Se hablara de jornada negra. Pediría que el afán por acabar con el machismo convierta ese luto –esa negrura en la sociedad- en un horizonte de esperanza.

Reconozco que ante las muertes –mejor, los asesinatos- siento un profundo dolor. En esos momentos –también en todos aquellos otros momentos de desaliento- escucho (tengo las notas musicales como llamad de mi móvil) el aria que inmortalizo Pavarrotti: al alba, al alba venceré. Si apretamos los puños, si elevamos nuestro clamor, ¡al alba, al alba venceremos!