Nosotras desobedecemos

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Quisiera dedicar mis palabras a la memoria de un niño de cinco años, un sobrino de Wael Salama, uno de los fundadores del movimiento «Combatientes por la Paz»*, fallecido en un autocar que se ha incendiado en el cruce de carretera del asentamiento «Adam». Los colonos del lugar no mandaron un equipo de socorro y se negaron a enviar ambulancias; pero nadie les ha juzgado por ello, nadie les ha denunciado ni tampoco detenido. La noción de la indiferencia puesta de manifiesto por estos asaltadores-de-tierras-ajenas, al ver en las puertas de su casa el sufrimiento de niños de guardería quemándose vivos, no llegó a ser ningún titular en la prensa, en ninguna emisión de noticias, porque el comportamiento racista de los israelíes no es nada nuevo, al contrario, es lo normal desde hace ya más de sesenta años. Los alumnos israelíes reciben educación según esta normativa, todos hemos sido instruidos a comportarnos según estas normas. En el marco del colegio, en el hogar, en el «movimiento juvenil», en la literatura y en el teatro, en el arte o la música.

La veintena de leyes raciales decretadas el año pasado, sin objeción excepto la de sus víctimas, no nos ha caído del cielo como un relámpago en un día claro. Estas leyes son la expresión institucional más chocante de las normas sociales, corrientes en este lugar durante cuatro generaciones. Ya en 1948 Alterman avisó contra la insensibilidad del público hebreo ante «casos sensibles». Los que denominamos asesinatos.

El verdadero rostro del estado se desenmascaró en la última asamblea parlamentaria israelí cuando se repitió una y otra vez que ya no hacían falta más disimulos. Durante generaciones, el proyecto sionista de la colonización de la tierra y su «judaización» ha requerido desterrar a los habitantes de Palestina. De cualquier forma, pero expulsarlos, mediante la legislación o por la fuerza. Actualmente ya no es necesario para los diputados disimular, ocultar sus «motivos superiores», ni camuflarlos con palabras como «democracia», «seguridad» o «derechos históricos». Estamos todos movilizados, por voluntad propia o sin saberlo, al proyecto de la judaización del país; y todos estamos declamando desde cuando hemos empezado a declamar, estamos recitando de nuestra total necesidad de un estado «judío», con una mayoría judía en «la Tierra de Israel». Y como es sabido, ésta incluye al estado israelí, a los territorios palestinos ocupados y a mucho más. El estado hebreo no dispone de un mapa de sus fronteras, todos los planos se denominan «Eretz Israel»; ya transcurren tres o cuatro generaciones que sus alumnos aprenden los mapas en los libros de texto que enseñan toda Palestina como «Eretz Israel», una zona incolora, sin instituciones, ni personas, una región antigua que esta a la espera, deseosa, esperanzada a ser colonizada por judíos o, al no ser posible, por otros que no son árabes.

Durante generaciones, el alumnado del estado de Israel ha sido instruido acerca de sus vecinos – sean conciudadanos o sujetos sin-derechos-humanos – como si fueran nada más que un problema demográfico aterrador o una amenaza a su seguridad; Ellos mismos son hoy en día nuestros políticos y generales, que se hicieron adultos y se volvieron bastante torpes, son ellos mismos quienes declaran ostensiblemente, con arrogancia de gobernantes todopoderosos, lo que antaño ocultaron con su hipocresía: la otra cara del proyecto de la judaización es la aniquilación del pueblo palestino, perpetrada bien con balas «recubiertas» o descubiertas, con bombas o mediante leyes… cada quien, según sus capacidades o sus necesidades, contribuye lo suyo al proyecto sionista…. Últimamente este proyecto se está acelerando de un modo sin precedentes gracias al apoyo ilimitado, sin reserva ni disimulo, de los estados europeos ricos y de EEUU.

El Tribunal Russell por Palestina se fundó en el año 2009 para exigir a los estados europeos el fin de la colaboración criminal con el estado conquistador y así, quizás, evitar una tercera guerra mundial. En octubre de 2011, se reunió simbólicamente el Tribunal en Ciudad del Cabo, y estableció que Israel es un estado de apartheid, que comete crímenes  raciales, discrimina y elimina a un pueblo entero según criterios basados en la distinción racial, de manera sistemática e institucionalizada y, por tanto, es inaceptable continuar la colaboración con este estado.

La definición de la situación legal de ‘apartheid’ se identifica por tres causas:

1.-Se trata de dos razas (o etnias) distintas.

2.-El grupo dominante perpetra actos ‘inhumanos’ contra el grupo sometido.

3.-Estos abusos se cometen de manera sistemática en ese régimen institucionalizado de dominio de un grupo por otro.

En el tribunal se escucharon testimonios sobre actos que constituyen crímenes contra la humanidad perpetrados contra el pueblo palestino por parte de las autoridades de Israel:

1.-Control de sus vidas por medios militares

2.-Encarcelamientos arbitrarios y detenciones administrativas ilegales prolongadas.

3.-Violación de los derechos humanos por negarles a las personas la participación en la vida política, económica, cultural y social del Estado.

4.-La legislación de Israel impide a los refugiados palestinos volver a sus casas, facilita la confiscación de sus propiedades y les niega sus derechos humanos.

5.-Los derechos civiles y políticos de los palestinos se ven negados y arbitrariamente restringidos.

6.-Después de 1948 Israel ha mantenido una política de ocupación y colonización que ha tenido como consecuencia la expropiación de tierras palestinas.

7.-El asedio y el boicot impuesto en la Franja de Gaza son considerados un castigo colectivo para la población de la región.

8.-El ataque a civiles por medios militares a gran escala.

9.-La destrucción de casas de civiles sin necesidad de esgrimir razones de seguridad.

10.-El grave daño causado a la población civil árabe por el muro de separación dentro de Cisjordania y Jerusalén-Oriental

11.-La evacuación forzosa de hogares y la destrucción de casas en las aldeas beduinas «no-reconocidas» en el Néguev.

12.-Vigencia de las prácticas de tortura, vejaciones y malos tratos contra prisioneros encarcelados en Israel.

13.-Varias formas de tratamientos crueles, inhumanos y degradantes mediante las restricciones al desplazamiento, que hacen de palestinos un objeto de humillación por parte de los soldados hebreos, así como a las mujeres palestinas que se ven obligadas a dar a luz en los «Check-Points»

14.-Las demoliciones de casas como una forma de tratamiento ‘inhumano’ y degradante, con consecuencias psicológicas graves para los hombres, mujeres y niños.

15.-El sistema legal israelí en su conjunto establece una gran distinción racial entre hebreos y árabes, favorece claramente a unos y segrega a otros causando a los palestinos una situación de inferioridad.

Todos estos factores descritos fueron definidos por el tribunal como crímenes contra la humanidad; Además, al Tribunal le consta que, a diferencia de la legislación clara y explícita que hubo en África del Sur, la israelí se caracteriza por su opacidad y la inaccesibilidad a muchas de sus leyes, de sus órdenes militares y de sus regulaciones.

Pero nosotras sabemos que todas las leyes y regulaciones del estado, sean ambiguas o explícitas, están decretadas con el fin de transformar la faz de esta tierra: convertir un territorio mediterráneo del levante, bello y florido, un país de colinas verdes, granados y olivos, en un conglomerado monstruoso de urbanizaciones seudo-occidentales, edificadas a imagen y semejanza de sus inquilinos, feas y ostentosas , diseñadas únicamente para cubrir con asfalto, hierro y hormigón todas las colinas, éstas ya no tan sosegadas.

El único camino para luchar contra esta tendencia es la desobediencia generalizada a estas leyes racistas del estado judío y dictatorial. Hemos de enseñar a nuestros hijos e hijas su derecho democrático a decir ¡no! a la maldad, a la ignorancia, al apartheid, ¡no! al servicio en el ejército de la conquista y ¡no! a la complicidad en el genocidio. Debemos refutar a la misma denominación «Estado Judío Y Democrático», sobre todo tenemos que repudiar a esa «Y» que indica un antes y un después, una secuencia con consecuencia; primero será “judío» y entonces democrático, que condiciona y motiva: sólo cuando acaben de «judaizar» la tierra habrá democracia. Mientras tanto, vivimos en un estado muy poco democrático. Nosotros no hemos sido criados en una democracia y nadie nos ha enseñado los valores de ésta… Nos han educado a pensar que la expoliación, las mentiras, la discriminación y las masacres son la misma esencia del sistema democrático. Hemos de admitir, en voz alta y clara, que vivimos y siempre vivíamos en un estado de segregación racial que nos peligra a todos. Un estado que educa a sus hijos e hijas en la violencia sin límites, en la indiferencia a la hora de ver el sufrimiento de escolares en un bus en llamas. Al no decirlo, nos asemejaremos a los colonos de «Adam», seremos iguales a quienes echaron a la cuneta a Omar Abu Gariban que estaba herido, para que se muriera de sed. Deberíamos ir abriéndonos paso entre la multitud aglomerada en el sector de los criminales de guerra.

Si hoy no levantamos la bandera de la rebelión, en pocos años nosotros y nuestros afines (si quedamos algunos) nos encontraremos en campos de concentración o cárceles La libertad de expresión, que ahora está tan restringida que da miedo, quedará eliminada del todo; y entonces, como escribe Sami Shitrit: «El poeta no pronunciará poesía, no dirá ni pío».

Una anécdota para acabar: al levantarse el arzobispo Desmond Tútu para saludar a los asistentes al Tribunal Russel en Ciudad del Cabo, anunció el presidente que según las reglas del tribunal no se permitía aplaudir. Tútu, con amplia sonrisa se dirigió al público y dijo:-sólo por habernos decidido a desobedecer las leyes arbitrarias y crueles hemos logrado llegar tan lejos. Ojalá nosotros también lleguemos.

Traducido del hebreo por Yigal y la peña madrileña