Recordando a Pilar Soler

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Conocí a Pilar Soler hace más de 20 a años en Valencia, su tierra, a la que había vuelto hacía ya  tiempo. Y la conocí cuando se trataba de crear una plataforma por la Igualdad en la que cupiésemos todas, todas las feministas de todos los pelajes.

Una mujer con presencia, con autoridad, con energía para perseguir la igualdad pretendiendo, por encima de todo, la unión de las feministas.

Emilia Bolinches nos acerca a esta mujer, a la vida de esta heroína. Nos la muestra como una mujer de carne y hueso con sus luces y sombras, con las que también se reconocía ella misma y quienes la quisieron y la conocieron en sus diferentes etapas de la vida.

Pero además Emilia lo hace con la mayor naturalidad y sencillez a la vez que es capaz de sugerir y contener el sentido profundo de un sentimiento. De conducirnos a la percepción de una emoción y  dejarla colgada en el relato como se deja colgado en una pared cualquiera un cuadro que ilumina y llena de sensaciones el espacio entero.

Toda la historia está tocada por la gracia de lo verdadero. Genera confianza en una narradora generosa y receptiva que solo se interesa por contar como ha sido la vida de Pilar, cuales han sido los hechos que la marcaron, las consecuencias que aquello tuvo. Y todo con la más absoluta desnudez.

Nos cuenta de donde surgieron aquellas adolescentes, cómo fue aquella juventud, sus primeros pasos, la FUE, el PC y, sobre todo, la creación de aquella organización de mujeres contra el fascismo.

El interés de Pilar porque las feministas se unieran en una acción común, dejando a un lado la pertenencia a los partidos políticos fue de siempre su objetivo. Mujeres comunistas, socialistas, republicanas, coincidieron y trabajaron unidas en la retaguardia, defendiendo la República, ocupándose de la vida cotidiana, del avituallamiento de los combatientes y de la marcha de la industria y el comercio. Un trabajo que por cierto nunca fue reconocido.

Con Emilia Bolinches percibimos, sin nombrarlo, la repercusión que tuvo la tragedia de un país, el nuestro, que llegó a una guerra civil tan brutal con el apoyo de la intolerancia, la intransigencia, la avidez por la confrontación, y todos los términos que se quieran añadir, para  llegar a romper los puentes y a traspasar los límites de la convivencia hasta arrasarla.

Y todo ello, o mejor, todas las consecuencias de esa tragedia están reunidas en la vida de una mujer, Pilar Soler. Una vida real compartida con otras muchas mujeres que han sido silenciadas no sólo por “la historia oficial” sino  que continúa sin reparar, en lo más mínimo, tanto dolor, tanto sufrimiento tan continuado en el tiempo.

La lucha siempre, la tortura y la cárcel con el advenimiento de los vencedores. Y en esas condiciones, el parto sin asistencia médica y a los dos meses la entrega de esa niña, su única hija, a otros familiares por padecer desnutrición y haber contraído la sarna. Una niña que no volverá a ver hasta 25 años después. La traición de su compañero, la separación de toda su familia que no volverá a recuperar, etc.

Y al salir de la cárcel continuar luchando por la libertad, por la igualdad. Sufrir de nuevo la persecución en España, incluso en Francia, donde con nombre supuesto, vivió más de 30 años, para volver e intentar recuperar los restos del naufragio, una tarea nada fácil. El reencuentro con su hija no podía estar exento de dificultades. Romper con el PC, por el que había dado su vida tras 50 años de militancia, no fue el menor de sus sufrimientos. Y, todavía tiene un mérito mayor, siguió luchando por lo que creía justo

Aquellas mujeres lo arriesgaron todo, lo perdieron todo y no se dejaron vencer. Después. . . ¡ay después! Nadie les ha hecho un hueco. Todavía sus hazañas, su contribución a la causa de la República son una historia por conocer.

La dictadura, entre otras cosas execrables, nos hurtó la transmisión, de una generación a otra, del pensamiento democrático, de los valores cívicos, de los principios éticos. La democracia no ha sido capaz rellenar ese vacío. Aunque también hay que reconocer los obstáculos que le han puesto.

No le hace falta a Emilia Bolinches decir nada de esto; es suficiente con mostrar pausada y sencillamente lo que fue Pilar Soler y tantas otras mujeres. Mujeres que no desfallecieron nunca que nunca dijeron “es lo que hay”

Que lo perdieron todo menos la dignidad, que a pesar de tanto desgarro, de tantas pruebas, de tantos desengaños no les pudieron quebrar por entero sus vidas porque su espíritu de justicia, sus ansias de libertad, su anhelo de igualdad, hizo que y continuara luchando hasta el fin de sus días.

Gracias Emilia por tu contribución, porque en estos difíciles momentos nos proporciona renovada fuerza y energía contra la estrategia del descreimiento, que es colaborador necesario para otra vez más retrotraernos a las cavernas. Una estrategia que resulta verdaderamente eficaz aunque demasiado indecente.