Sin vergüenza

Autoría:

Luis de Guindos es el ministro de Economía de un gobierno que ha promovido una amnistía fiscal después de subir los impuestos a los contribuyentes. Ni su ministerio, ni el de su colega Montoro, contemplan medidas como gravar las grandes fortunas y las operaciones financieras, elevar los impuestos sobre el patrimonio y las sucesiones, o acabar con el paraíso fiscal encubierto que representan las SICAV, que permiten evadir impuestos a los más ricos entre los ricos. Al contrario, sus reformas ahogan la economía productiva sin obligar a los bancos a devolver a la sociedad, en forma de créditos, el dinero que han recibido del Estado y del Banco Central Europeo. Sin embargo, hace poco, el señor de Guindos habló del banquero español por antonomasia.

¿Tiene sentido que en estas circunstancias todos los españoles le paguemos las medicinas a Botín?, dijo más o menos. Y yo me pregunto… ¿Cabe un gramo más de cinismo, de demagogia, de irresponsabilidad, entre dos signos de interrogación? No lo creo. Por eso, me gustaría aclarar lo que significan en realidad las palabras del ministro.

La admirable Sanidad pública española se sostiene con el dinero de los contribuyentes. Si se excluye del sistema a los que pagan más, sus impuestos dejarán de garantizar una asistencia universal de calidad para todos los que no puedan pagarse un seguro privado. Así, la Sanidad pública se convertirá en una institución de beneficencia, un especie de gueto para miserables como el que existe, por ejemplo, en EE UU. No se trata de que los españoles le paguemos las medicinas a Botín, sino de que Botín pague con sus impuestos sus medicinas y una parte proporcional de las que necesitan quienes no podrían pagarlas. Debería tratarse, también, de que un ministro no perdiera la vergüenza al dirigirse a los ciudadanos en una situación tan difícil como esta.